El Astur – Vera Murillo, Manuel

Cuando os vi por primera vez, don Víctor, alto, rubio, con vuestro jubón de brocado, resiguiendo el mandoble con la piedra de amolar, pensé que erais la reencarnación del Cid. Fue hace más de dos años, durante el torneo que se celebró en aquella remota dehesa castellana. Vos ibais a participar y yo, que por entonces era solo un infante, fui llevado a vuestra tienda para serviros como escudero.

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