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Svetlana Alexiévich

Publicado el 30 de junio de 2021


No sé de qué hablar... ¿De la muerte o del amor? ¿O es lo

mismo? ¿De qué? Nos habíamos casado no hacía mucho. Aún íbamos por

la calle agarrados de la mano, hasta cuando íbamos de compras.

Siempre juntos. Yo le decía: «Te quiero». Pero aún no

sabía cuánto le quería. Ni me lo imaginaba... Vivíamos en

la residencia de la unidad de bomberos, donde él trabajaba.

En el piso de arriba. Junto a otras tres familias jóvenes, con

una sola cocina para todos. Y en el bajo estaban los coches.

Unos camiones de bomberos rojos. Este era su trabajo. Yo

siempre estaba al corriente: dónde se encontraba, qué le

pasaba...

En mitad de la noche oí un ruido. Gritos. Miré por la ventana.

Él me vio:

—Cierra las ventanillas y acuéstate. Hay un incendio en

la central. Volveré pronto.

No vi la explosión. Solo las llamas. Todo parecía iluminado.

El cielo entero... Unas llamas altas. Y hollín. Un calor

horroroso. Y él seguía sin regresar.

(Voces de Chernóbil)

“Literatura escrita por mujeres” por Mariángeles Salas.

Svetlana Alexiévich nació en Ivano-Frankivsk, Bielorrusia, el 31 de mayo de 1948. Su padre era un militar soviético, de origen bielorruso, y cuando se retiró del Ejército, la familia se estableció en Bielorrusia donde estudió periodismo en la Universidad de Minsk y trabajó en distintos medios de comunicación.

Fue reportera en la prensa de Narowla, en el óblast o provincia de Gómel. Desde sus días de escuela había escrito poesía y artículos para la prensa escolar y también en la revista literaria Neman de Minsk, donde publicó sus primeros ensayos, cuentos y reportajes.

Se dio a conocer con La guerra no tiene rostro de mujer, una obra que finalizó en 1983 pero que, por cuestionar clichés sobre el heroísmo soviético y por su crudeza, solo llegó a ser publicada dos años más tarde gracias al proceso de reformas conocido por la perestroika. El estreno de la versión teatral de aquella crónica descarnada en el teatro de la Taganka de Moscú, en 1985, marcó un hito en la apertura iniciada por el dirigente soviético Mijaíl Gorbachov.

Muy influenciada por el escritor Alés Adamóvich, al que considera su maestro, Alexiévich aborda sus temas con técnica de montaje documental. Su especialidad es dejar fluir las voces -monólogos y corales- en torno a las experiencias del "hombre rojo" o el "homo sovieticus" y también postsoviético.

La obra de Alexiévich gira en torno a la Unión Soviética para descomponer este concepto en destinos individuales y compartidos y, sobre todo, en tragedias concretas. Alexiévich  se mueve en el terreno del drama, explora las más terribles y desoladas vivencias y se asoma una y otra vez a la muerte.

En 1989 publicó Tsinkovye Málchiki (Los chicos de cinc) sobre la experiencia de la guerra en Afganistán. Para escribirlo se recorrió el país entrevistando a madres de soldados que perecieron en la contienda. En 1993, publicó Zacharovannye Smertiu (Cautivados por la muerte) sobre los suicidios de quienes no habían podido sobrevivir al fin de la idea socialista. En 1997, le tocó el turno a la catástrofe de la central nuclear de Chernóbil en Voces de Chernóbil, publicado en castellano en 2006 por Editorial Siglo XXI, que reeditó Penguin Random House. Libro traducido a veinte idiomas, y que todavía sigue prohibido en Bielorrusia.

El final del homo sovieticus, publicado a la vez en alemán y en ruso en 2013, procura hacer un retrato generacional de todos los que vivieron la dramática caída del estado comunista soviético. También ha compuesto numerosos guiones para documentales y varias obras de teatro.

Su obra es una crónica personal de la historia de los hombres y mujeres soviéticos y post soviéticos, a los que entrevistó para sus narraciones durante los momentos más dramáticos de la historia de su país, como por ejemplo la II Guerra Mundial, la Guerra de Afganistán, la caída de la Unión Soviética y el accidente de Chernóbil.

Enfrentada al gobierno y a la censura del presidente de Bielorrusia, Aleksandr Lukashenko, abandonó Bielorrusia en el año 2000 y estuvo viviendo en París, Gotenburgo y Berlín. En 2011, Aleksiévich volvió a Minsk. Varios libros suyos fueron publicados en Europa, Estados Unidos, China, Vietnam e India. Recibió el Premio Nobel de Literatura en 2015. Es la primera escritora de no ficción con este premio en un siglo.

Su espíritu crítico, su profundo compromiso con los que sufren y su fructífera carrera literaria han sido reconocidos con innumerables galardones, entre los que cabe destacar el premio Nobel de Literatura (2015), el Premio Ryszard-Kapuscinski de Polonia (1996), el Premio Herder de Austria (1999), el Premio Nacional del Círculo de Críticos de Estados Unidos (2006), el Premio Médicis de Ensayo en Francia (2013) y el Premio de la Paz de los libreros alemanes (2013). Es oficial de la orden de las Artes y las Letras de la República Francesa.

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