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Segunda entrega Teatro de Guardia



“Teatro de Guardia” por Carmen De Arriba Muñoz.

Del Rito al Mito y del Brujo al Actor

¡Me alegra verles de vuelta y dispuestos a emprender este atípico viaje! Un camino que por la complejidad de sus sentidos, incertidumbres y certezas… dividiremos en diferentes momentos y destinos. Les adelanto que el de hoy será además del primero, el más lejano en tiempo y espacio; el más remoto y ancestral, el que conecte nuestro yo más pretérito con un vientre colectivo, llamado HUMANIDAD.

¿Estamos todos? ¡Bien! Pues cierren las puertas de este gran vagón y vayan ocupando con deseo sus asientos. No olviden tirar de la clavija de su realidad antes de acomodar plenamente su espalda. Unos la encontrarán arriba, otras abajo, a izquierda o derecha, en medio o debajo de aquella leja, donde guardan las facturas y un día que olvidar; sea cual fuere su punto de corriente, no olviden silenciarlo si dispuestos están a alzar este vuelo de titánico aleteo, completamente libres y dueños de un instante sólo nuestro.

Una vez desconectados, liberen a su infancia y con ella, su mente más crédula y teatrera; la necesitarán para disfrutar del paisaje y de esta experiencia que a la vuelta, vivirá dormida en su equipaje o en la voz más niña de su alma.

Por último y en pro de su mirada que es imán para mis letras, permitan que les pida un amable favor; dejen que su mano resbale hacia el costado de esa cómoda butaca, donde aguarda dormido el ovillo de un viejo pergamino. Si por caso no lo hallan, adulen ese lado con la yema de sus dedos, hasta dar con la ranura que a través del terciopelo abrí con picardía. ¿La notan? Si es así, tiren de su huésped y desplieguen sus contornos hasta ver esbozada su silueta. Verán que al hacerlo, les muestra al inquilino que abriga en su interior…

 

Como ven, este magro y silencioso ocupante no es ni por asomo una antigua reliquia, ni tampoco un documento o sello presa de coleccionistas. No, en realidad no es uno sino dos; y aunque parezcan del todo innecesarios, estos pequeños y rectangulares papeles, son más valiosos si cabe, que cualquier otro tesoro anidado entre el arroz. Unos billetes de ida –y no se inquieten– también de vuelta, que harán de nuestro andén un punto cada vez más lejano respecto de ese horizonte… que intenta colarse por sus ventanillas. Del contenido no se alarmen y consientan que acote temporalidad y terreno a unos pocos instantes de nuestro paso por el mundo…

Destinos: Desde la gruta de Le Gabillou o la gruta de Trois-Frères a la cueva de El Cogul; desde África a las aguas que saciaron al Antiguo Egipto y por qué no, desde tierras prehispánicas hasta la madre de occidente que engendró todas las escenas… Grecia. A Roma, que bebió de sus pechos y aprendió de sus hijos, la veremos sin disculpa al regreso; no sea que a la postre, ofendamos a aquella que ofreció a sus escenarios… gloriosos templos de piedra.

Tiempos: Desde un iconográfico Paleolítico a ritmo de danza y fuego, a los albores de una Edad…que además de Antigua, fue clásico espejo y escuela de culturas venideras.

Quizá se pregunten: ¿Por qué migrar tan lejos si podemos continuar en la Historia? ¿Por qué pasado y no presente? ¿Acaso los actores precedieron al verbo? ¿De qué mano y de qué mente surge entonces este arte?

Permitan que responda, mientras abrimos paso a través de una tierra que hoy se abre a nuestros pies…

¡Túnel del Tiempo!

Salto cronológico:

Del Paleolítico Superior (Período Magdaliense) al 550 a.C

¡Mantengan bien sujeto su calzado y su cámara!

Para adentrarnos de lleno en el virtuoso universo del Teatro y de consecuencia, en éste… nuestro periplo, debemos conocer su procedencia, desarrollo y transformación; pues este orden, no siempre fue tal y como lo concebimos en la actualidad: elegante y fastuoso, retribuido y organizado, convertido en gran empresa bajo un foco universal.

Lo cierto es, que lejos de esta creencia, su presente es sólo el fruto de una constante evolución a través del tiempo y de la condición humana, a la que siempre acompañó desde sus más remotos inicios. Unos orígenes ligados a la muerte, a la fertilidad y a la caza. Ellos y no otros, fueron el motor de nuestras primeras manifestaciones artísticas y de nuestro movimiento y ritmo corporal, bajo un pensamiento mágico-religioso, basado en el más puro deseo de supervivencia.

Si bien es cierto, que los orígenes más ancestrales del teatro occidental son aún desconocidos –o cuanto menos inexistentes en documentación escrita- la mayor parte de los estudios realizados sobre yacimientos escultóricos, pictóricos y arquitectónicos, coinciden en una misma teoría al afirmar que, las primeras manifestaciones artístico-teatrales, podrían haberse gestado durante la etapa del Paleolítico Superior; a través de múltiples y primitivas prácticas ceremoniales: actos rituales mágico-religiosos, cultos o consagraciones, danzas de caza y fecundidad, chamanismo, pruebas iniciáticas para jóvenes en edad adulta…

Este período de nuestra existencia, marcó claramente un avance respecto de sus anteriores etapas, motivado por el llamativo cambio en nuestra organización y de consecuencia, en su inevitable evolución. Los rituales se recubrieron de esculturas y grabados que al abrigo de cuevas o al exterior de sus bocas, nacían como culto e invocación de aquellos animales que preservaban la vida de cada uno de los miembros.

Sin embargo, más allá de los pigmentos, de rudimentarias armas y de las propias manos responsables de aquellos trazos en las paredes más profundas… la aparición de la danza como elemento simbólico y de significación, fue sin duda una pieza clave en este arcaico puzle. Un rompecabezas necesario en el desarrollo de rituales y creencias religiosas, que permitió a nuestros antecesores relacionarse con las divinidades y su espacio sobrenatural. Danzas primigenias que bien por imitación, bien abstractas; posibilitaban al danzante o chamán, la invocación de espíritus o agentes superiores como únicos generadores de las fuerzas de la naturaleza, ajenas al control de trémulos mortales. De este modo, el brujo alcanzaba un estado de trance hasta abrir la puerta de esos mundos en apariencia invisibles, pero muy presentes en la conciencia y en sus vidas: nacimiento y muerte, viento y lluvia, luna y sol, noche y día, mareas y estaciones, ciclos vitales…

Atendiendo a lo anterior, podríamos decir que esa incontenible necesidad de comunicar con semejantes y entorno, agudizó nuestro ingenio hasta el punto de convertir –ante la ausencia de un dominio en el lenguaje y posterior oralidad- nuestros cuerpos en vehículo de expresión y en herramienta perfecta, para rendir culto a la naturaleza y mostrar instintivamente los sentimientos, los temores o las necesidades. Más tarde, con la sedentarización del ser humano y su jerarquización social, el chamán o brujo de la tribu, habría de adquirir mayor relevancia y protagonismo dentro de un marco coreográfico y cultural.

En conclusión, la danza ha sido considerada como una de las primeras artes en la historia de la humanidad, quedando su desarrollo y evolución estrechamente ligados al surgimiento de las primeras civilizaciones. Cada movimiento corporal, ha tenido un significado y finalidad según su etapa cronológica. Del mismo modo, sus lugares de representación -en interior de cuevas o grutas, junto a ríos, montañas, aldeas- han ido variando en función del momento histórico y de los condicionantes socioculturales y religiosos. Una transformación que abarca desde su origen en las danzas tribales, hasta las vanguardias más complejas de la modernidad; donde se rompe con los límites de la escena y con todo lo anterior.

Como dato relevante y según las propias fuentes, existen numerosos registros de su historia desde hace más de 10.000 años: pinturas, esculturas y tallados en piedra que demuestran su ejecución y existencia. Las pruebas artísticas más antiguas que podemos encontrar datan del Paleolítico Superior, como la Gruta de Le Gabillou o la gruta de Trois-Frères. En el Mesolítico, son ejemplo de ello, las pinturas rupestres donde se interpreta como danza algunas de sus escenas en la cueva de El Cogul (Las Garrigas), en Cataluña, España.

Este proceso de representación artística, lejos de esfumarse con el polvo milenario, se ha transmitido entre las generaciones y culturas hasta llegar a nuestra era. Desde los egipcios –con la exaltación al culto funerario, danzas acrobáticas y cánticos– a los griegos y de éstos a los romanos; rebasando sus fronteras hasta alcanzar tierras africanas y territorios prehispánicos, donde mayas, aztecas e incas, hicieron del ritual y la danza… su mito y religión.

Cada pueblo reprodujo el testigo con igual finalidad; la de alcanzar valores tangibles y aproximarse a lo etéreo a través del culto y la plegaria. Danzas de fertilidad, danzas guerreras, danzas sacras… formaban parte de la memoria de estos remotos pueblos, que con el devenir de los tiempos, transformaron su estructura y planteamiento en celebraciones de representación más lúdicas y estéticas, destinadas al ojo de un público espectador. Esta evolución en contexto y forma; daría lugar al teatro, aunque por el momento, sin un espacio edificado a tal fin. Para ello, habría que aguardar a la Edad Antigua, en la que surgiría por vez primera y bajo el amparo de Grecia, los primeros textos dramatúrgicos y el lugar para su representación. Pasos sobre los que andaría el Imperio Romano, aportando la construcción de circos, anfiteatros o estadios; para deleite de un turismo que embriagado por los siglos… hoy contempla sus cimientos bajo una atenta mirada.

El sonido de la campana anuncia el fin de trayecto. No descuiden su equipaje ni el cuaderno de notas que ahora alberga un bonito souvenir; las instantáneas que en cada visita y sobre imponentes miradores, tomaron con su cámara. Cada imagen encierra un trocito de tiempo y con él… la hospitalidad de sus gentes. Recuerden conectar la clavija de su realidad, no sea que por caso, se haya desconfigurado y deban resetear. Sería una lástima perder lo ya vivido en este tren.

Nota: Sobre el álbum aquí adjunto, Grecia y Roma confieren a sus hojas un cierre incompleto; más no crean que es azar ni tampoco por pereza, pues ganas no me faltan de llevarles hasta ambas, que aquí lo que escasea es tiempo y horas de tintero para una sola cruzada. Por ello, y a fin de enaltecer tan cruciales destinos, dejemos al futuro cumplir su cometido, haciendo de una y otra, nuestra próxima parada…

Mientras tanto…

sean felices y dancen sin recato,

hasta hacer de su baile, una fórmula inmortal.

 

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