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Odioso Iriberri

Publicado el 13 de julio de 2021


“Alicante es un libro” por Miguel Ángel Pérez Oca.

             El brigadier don Pedro Fermín de Iriberri ha sido, sin duda, el gobernante más odioso que ha tenido la desgracia de sufrir Alacant. Era, según el retrato de él que figura en la Crónica de Viravens, un hombre alto y delgado, con un rostro que invita a la desconfianza: ojos hundidos y penetrantes, pómulos muy marcados en un rostro enjuto y un pobladísimo mostacho negro bajo una nariz prominente. Tomó posesión de su cargo de  Gobernador Civil y Militar en cuanto llegaron los Cien Mil Hijos de San Luis, y en cuanto éstos se fueron y él se vio solo, sin nadie que pudiera moderarlo, se rodeó de una pandilla de confidentes y chivatos absolutistas, que se dedicaron a delatar a todos los liberales que vivían en esta ciudad.

            Aprovechó una disputa de juego entre civiles y militares en la Plaza Nueva para ordenar tocar Generala y apalear y detener a todo el que pilló por la calle. Cerró las puertas de la ciudad, excepto la de San Francisco, y se colocó en ella rodeado de sus delatores para ir arrestando a todos los sospechosos de liberalismo que entraban por ella, procedentes del campo, donde habían celebrado la tradicional Pascua. Las cárceles, los castillos y los palacios de la Puerta Ferrisa y la Asegurada se llenaron de presos, algunos de los cuales se fugaron, temiendo ser fusilados, y marcharon al exilio en un barco holandés fondeado en el Baver.

            Vigilaba la conducta moral y religiosa de los alicantinos, y en cuanto uno de sus “satélites” delataba a alguien que había hablado mal de la Iglesia o, simplemente, no se había descubierto al pasar por delante de un templo, lo ingresaba en un convento, para que fuera reeducado por su prior.

            En febrero de 1828 una partida de liberales, comandado por los hermanos Bazán y Bartolomé Arques, desembarcó en Guardamar del Segura, con la intención de marchar a Alicante y proclamar la Constitución. Fueron delatados y las fuerzas mandadas por Iriberri les tendieron una emboscada y mataron a muchos de ellos, llevando detenidos a los restantes. Bartolomé Arques murió acribillado a balazos cuando intentaba huir a caballo de una casa de campo donde se había escondido.  El hermano del coronel Bazán fue gravemente herido, y el gobernador Iriberri ordenó fusilar a todos junto a la Puerta de San Francisco, después de torturarlos y propinarles crueles palizas. Les negó el auxilio de un sacerdote “para que fueran al infierno inconfesos”. Fueron fusilados los 29 supervivientes de la partida de 80 liberales que habían desembarcado, incluso los heridos en sus camillas, y el gobernador los fue tentando luego con su bastón para comprobar si estaban muertos o darles personalmente el tiro de gracia.

            Mientras, los campos estaban infestados de bandoleros, pero como no eran liberales, no preocupaban a Iriberri.

            El 21 de marzo de 1829 se hicieron sentir en Alacant unos violentos terremotos que castigaron  duramente a Torrevieja y toda la Vega Baja. Pero eso tampoco preocupaba demasiado a Iriberri.

            En 1830 nació Isabel, la  hija del Rey, que en adelante y bajo la influencia de su esposa María Cristina de Borbón-Dos Sicilias, se dedicó a asegurar su sucesión en el trono; lo que le haría dar algún tímido cambio a su política intransigente. Los absolutistas eran partidarios de que, a la muerte el Rey, le sucediera su hermano don Carlos María Isidro; pero Fernando VII derogó la Ley Sálica que prohibía reinar a las mujeres, y propició cierto apaciguamiento con los liberales.

            Sin embargo, todavía en 1831 sería fusilado el general Torrijos en Málaga y en Granada sería ajusticiada a garrote vil Mariana Pineda, por bordar una bandera constitucionalista. Una sobrina mía posee su abanico, dado que mi familia tuvo cierta relación con esa heroína liberal.

            El 30 de noviembre de 1832 Iriberri fue destituido y se marchó de Alicante, con gran alegría de los alicantinos. Alguien tan fanático como él empezaba a ser molesto, y de hecho, muy pronto pasaría a formar parte del bando partidario de don Carlos.

            El 29 de septiembre de 1833 murió el Rey Felón. Había traicionado al pueblo español y a los liberales constitucionalistas, por su culpa se perdió el imperio americano, y al final traicionó también a sus partidarios absolutistas, con tal de facilitar a su hija Isabel II su acceso al trono, con el apoyo de los liberales, a los que tanto daño había hecho. Su esposa María Cristina ejercería la regencia, e inmediatamente estalló la Guerra Carlista. Iriberri acabó siendo jefe de las fuerzas carlistas de Granada.

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