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Montero, Iván – Entrevista



Iván Montero, Diplomado en estadística y dedicado al análisis informático, se adentra con solvencia en el mundo de fantasía. No hay nada asombroso en ello (el mundo editorial está plagado de ingenieros, físicos, astrónomos, profesionales de la salud…), aunque es una peculiaridad del autor que merece ser destacada. Sus andanzas, guitarra en ristre, así como sus poéticos orígenes literarios, ayudan a perfilar una biografía que se nos antoja polifacética e interesante.

Entrevista realizada por Marcos Rodes para ELD.

­-Su primera obra “El Lamento de Aasm I - El Triángulo de Gnurk” tiene una extensión considerable, algo que no es habitual en los autores noveles. ¿Lo tenía previsto al iniciar su escritura o fue creciendo la historia “por sí misma”?

Cualquiera que haya leído mi libro no habrá podido pasar por alto la enorme influencia que la obra de Tolkien, especialmente El Señor de los Anillos, ha ejercido sobre ella. Así, dado que el enorme autor llegó a reconocer que esta tenía un defecto que habría querido subsanar, y es que, para él, resultaba extremadamente corta —algo con lo que estoy totalmente de acuerdo—, yo quise partir evitando este error.

Así, dicho esto, puedo asegurar que mi propósito fue —y es— crear una narración que reclame más y más páginas, pero alimentando y enriqueciendo una historia atrayente, y no llenándolas para alcanzar un volumen generoso de hojas huecas. Y ese es mi gran reto, aparte de ser capaz de hilvanar correctamente todas las ideas que sobrevuelan en mi cabeza con respecto a Aasm. Con mucha modestia, espero poder conseguirlo.

En realidad, aun sin saber qué iba a suceder a lo largo de la obra y cómo iba a relatarla —de hecho, todavía existen infinidad de detalles que desconozco acerca de la trama, haciendo que esta esté más viva que nunca—, siempre he tenido muy claro que narrar sus acontecimientos iba a requerir de una enorme dedicación, la cual, traducida en horas, se me antoja colosal, pero estoy dispuesto a llevarla a cabo.

Resulta curioso que, aunque en sus inicios pensé que se compondría de tres tomos, conformados cada uno de ellos por dos libros, rápidamente, la historia exigió un cuarto.

De lo que yo no tenía idea era que esto podría jugar en mi contra a la hora de buscar editores o agentes que quisieran apostar por ella. Y aunque no es difícil relacionar mayor volumen de hojas con mayor coste (tanto de edición como de lecturas de evaluación), mi moral, tras haber finalizado el libro del que hoy estamos hablando, me hizo presentarme con un tomo de más de mil páginas ante diferentes puertas, con el propósito de que alguien le diera una oportunidad.

Por desgracia, esta oportunidad llegó desde una editorial que carecía por completo de la profesionalidad que cualquier escritor espera encontrar. Esto dio al traste el futuro de la obra para con otras editoriales o agencias, pues rechazan de hito en hito hacerse cargo de una obra que ya ha sido publicada, a no ser que su autor posea ya cierto renombre.

Es por eso que me decanté por la auto edición en Amazon. En parte, gracias a las valoraciones de los lectores, y a mi convencimiento de que esto que tengo entre las manos es algo grande.

-En una de sus entrevistas dice que la primera hoja de esta historia la escribió durante su etapa universitaria. ¿Qué ha representado para usted este largo período creativo?

En efecto, la escritura de la primera página de la novela surgió aún no sé muy bien cómo. El hecho es que yo estaba realizando un trabajo de una asignatura llamada ‘Métodos Numéricos’, cuando abrí Word y comencé a escribir…

Sin embargo, lo cierto es que esta historia ha ido fraguándose desde mucho antes en el tiempo; casi me atrevería a decir que nació cuando yo iba aún al instituto.

Pensar que en aquel instante empecé una obra —la cual, a día de hoy, puedo decir que me ha colmado de auténtica pasión y que me ha hecho vivir grandes momentos delante del teclado— para dejarla parada durante más de tres años antes de retomarla es un alivio, pues las vivencias laborales, personales y cotidianas que han ido marcando y forjando mi carácter han contribuido a que la obra se haya nutrido de todo esto, contribuyendo a que adquiera la fuerza y el dinamismo —bajo el punto de vista del autor, ¡claro está!— del que quizás, y solo quizá, carezca el Preludio, terminando por grabar parte de mi ser en todo su entramado.

–¿Cómo fueron sus inicios en el mundo de las letras? ¿Cuándo descubrió que quería dedicarse a escribir?

Lo cierto es que cuando empecé a escribir lo hice a través de sonetos y de letras para canciones. ¡Así es! Yo quería componer canciones y ser un cantautor. Sin embargo, si mi prosa es densa, ¡ya no digamos mi poesía! Demasiado compleja para ser cantada, llegando a no gustarme nada, y haciéndome olvidar por completo esa aspiración… Tampoco creo que hubiera sido demasiado bueno, ¡la verdad!

El hecho es que, cuando yo estudiaba todavía BUP, pretendía realizar alguna carrera relacionada con las letras (filología castellana o algo similar), pues me encantaba la literatura. Sin embargo, di con una profesora que me hizo cambiar de parecer, también en parte porque topé con un gran maestro de matemáticas, Domingo González del Caño, del cual aprendí a amar esa otra arte (más gélida e inflexible que la primera, pero arte, al fin y al cabo).

Sin embargo, esa parte que durante tanto tiempo quedó aplacada en mi interior —como si de la vena Tuk del señor Bolsón se tratara— despertó cierto día para hacerme escribir en una hoja en blanco: “La oscuridad de la noche se vio quebrantada por un rayo…”.

–Esto podría explicar por qué en ocasiones se le ha visto con una guitarra en las manos. Háblenos de esas otras expresiones artísticas que cultiva.

La verdad es que son escasas las ocasiones en las que me pongo delante del público a cantar; en realidad, una o dos veces al año, y siempre en el mismo sitio, pues no tengo demasiado interés en explotar esta faceta.

Fundamentalmente, lo que hago es relatar algunos poemas míos, e interpretar canciones de Serrat y Sabina, y tratar de hacer pasar una buena velada a los espectadores. Es posible que el hecho de tocar solo me haga planteármelo de este modo; ¡no es tan sencillo ponerte delante de un montón de personas de las que no sabes nada, para comenzar a cantar sin saber muy bien si lo que haces les va a gustar! (risas)

En cuanto a la poesía, hace mucho que no compongo versos… Pero esto va como va. Quizá, tal como dice la canción de Sabina, mis musas se han ido de vacaciones… (risas otra vez)

–¿Cómo organiza su tiempo para escribir? Son pocos los autores que pueden vivir de este maravilloso oficio.

Lo cierto es que el primer libro lo escribí sacrificando horas de sueño, ¡como no podía ser de otro modo! Yo entraba a trabajar a las 8:30h, y me levantaba a las 5:30h para llegar al bar que se encontraba cerca de mi trabajo; y, allí, tomándome el primer café, solo con la compañía del camarero, el cual iba preparando los bocadillos, cruasanes, y atendiendo a los clientes que iban llegando, aprovechaba hasta el último minuto para ir desarrollando el libro.

Dado que aquel portátil no tenía conexión a internet, recuerdo que consultaba muy a menudo la enciclopedia Encarta para investigar acerca de temas de medicina, de arquitectura, botánica, navegación... todos ellos necesarios para no pasar ningún detalle por alto en la obra.

Posteriormente, modifiqué el horario para dedicar no pocas tardes a esta colosal empresa.

-La saga (permítame que la califique así) está prevista como una tetralogía (cuatro tomos) que se compone de ocho libros. ¿En qué situación se encuentra su escritura y desarrollo?

Actualmente tengo los libros 3 y 4 —los que compondrán El Lamento de Aasm II – La evocación del Olvido— en versión beta. Sin embargo, deseo que este primer libro se haga un hueco en el mercado antes de lanzar el segundo, pues no deseo que sufra los daños que el primero ha tenido que vivir, en parte por mi falta de experiencia, en parte por mi precipitación.

Así, mientras trato de promocionar El Lamento de Aasm I, estoy escribiendo un libro que también me ilusiona bastante y que, por supuesto, no debería ser ni mucho menos tan extenso como el que centra nuestra conversación ahora mismo.

Seguramente, hago esto para que la solución de ideas vaya aposentándose con rigor en un poso que me permita escribir El Lamento de Aasm III con tanta dedicación y cariño como he escrito sus predecesoras.

En resumidas cuentas, mi plan es, acabado este nuevo libro —del que nada quiero decir aún, pero que tiene grandes influencias de Momo y Coraline—, revisar la continuación de El Lamento de Aasm II.

Espero que, para entonces, El Lamento de Aasm I ya haya sido disfrutado por un gran número de lectores.

-“Juego de Tronos” está suponiendo un hito. ¿Podemos pensar que la literatura fantástica está en un momento dulce? ¿Precisa del sustento audiovisual (formato serie) o puede subsistir por sí misma?

Desgraciadamente, aunque el número de lectores parece haber crecido durante los dos últimos años, cada vez es mayor el número de personas que reconocen no haber leído un libro en su vida. Y aquí debo rememorar una diatriba que el enorme Jesús Quintero hizo contra la sociedad actual, pues parece que los analfabetos de hoy (aun cuando todos son capaces de leer y escribir con mayor o menor acierto) se jactan de su falta de cultura… Este mal arrasa de tal modo que lo vemos reflejado en todos los ámbitos de nuestra sociedad: políticas antisociales aclamadas por los más perjudicados, manadas que se comportan como trasgos sedientos de sangre (en este caso, de sexo), brutalidad y menosprecio hacia la vida ajena… Quizá los haya que no deseen ver esta relación o que, directamente, la nieguen, pero para mí es muy clara: todo esto lo crea el empoderamiento en muchos medios de comunicación de los que contribuyen a la desaparición del hábito de lectura o de la cultura en general.

Al margen de esto, aunque la literatura fantástica siempre ha gozado de un mercado que, aun siendo quizá reducido en comparación con otros, es fiel y generoso, cuesta mucho que las editoriales apuesten por obras nuevas, especialmente de escritores noveles.

El temor a la escasez de ventas y el no querer innovar arriesgando por otros géneros o autores desconocidos genera un círculo que se retroalimenta peligrosamente, mientras alrededor van cayendo las enormes torres de marfil de la imaginación, del respeto y de la cultura.

No poseo los datos, pero habiendo hablado con varias personas que han seguido la serie que mencionas (Juego de Tronos, basada en la obra Canción de Hielo y Fuego de Martin), más de la mitad de ellos, auténticos seguidores de esta, ni se han acercado a los libros. Por el contrario, el resto la ha visto con cierta condescendencia; pues el valor que los libros les ha proporcionado ha sido —como no podía ser de otro modo— infinitamente mayor.

Pese a esto, estoy convencido de que, si yo hiciera un book trailer de mi libro con los efectos atrayentes del cine épico, sé que mi obra se daría a conocer de un modo impensable, llegando entonces a un mayor público; pero esto tiene su coste, y económicamente no es modesto…

Así, en resumidas cuentas, el problema radica en que una obra es desconocida para el gran público hasta que es convertida en serie o película, pero esta no lo será hasta que no alcance un enorme número de lectores. Ese es el problema al que nos enfrentamos los autores noveles y del que solo la fortuna puede ayudarnos a quebrar la rueda.

¡Deberé tener paciencia y fe! (risas)

-¿La literatura fantástica es un refugio donde evadirse de la realidad o puede aportar elementos útiles a la sociedad?

La literatura fantástica es realmente el feudo que debería regir, en no pocas ocasiones, las normas de nuestra sociedad. Y es que, ahora mismo, me vienen a la cabeza multitud de ejemplos: Momo, con sus hombres grises —los cuales roban el tiempo de las personas; sin lugar a dudas, una cruda y acertada metáfora de nuestro actual sistema de vida—, La Historia Interminable, con Gmork en el capítulo 9 (la ciudad de los espectros) y su ácido alegato contra aquellos que conforman nuestra sociedad y niegan o desean destruir el Reino de la Fantasía, ambas de Michael Ende, Coraline, de Gaiman Neil

Así, de hecho, es Ende, en La Historia Interminable, quien es capaz de canalizar de manera satisfactoria la relación existente entre estos dos mundos bajo mi punto de vista. Uno huye a Fantasía para evadirse de una gris realidad que, en verdad, se tiñe de colores cuando volvemos de ella. ¡Ojalá más personas leyeran obras de fantasía! Pues es ahí donde se maximizan los atributos humanos, y donde obtenemos cierta esperanza, si no para contribuir a mejorar nuestra sociedad, al menos para comprender a los que emponzoñan esta.

-¿Cómo ha resultado el proceso de publicación del primer tomo? Primero en formato digital y, ahora, impreso en papel.

Como ya he mencionado, el libro fue publicado a finales de 2013 por una editorial —por llamarla así— de Salamanca. Al principio, ellos se encargaron del formato en papel y en digital, pero los resultados no pudieron ser más alejados de mi agrado. Un ejemplo es que dividieron el primer volumen digital en dos, cuando esto quiebra por completo la naturaleza de la obra. Lo peor, es que en papel los volvieron a unir con un tamaño de letra 8 (casi ilegible) y con muy baja calidad.

Pasados los años (una vez no renovado el contrato con ellos), me propuse auto editarme.

No fue fácil realizar la edición en ebook, pues la obra es tan extensa que tuve que vigilar bastante cómo quedaba, especialmente con la separación de sílabas automática. Sin embargo, creo que logré obtener un satisfactorio producto.

En cuanto a la edición en papel, dado que Amazon sólo admite 826 páginas (si mal no recuerdo), tuve que jugar con los márgenes superiores y laterales para encajarla a la perfección.

La portada la contraté a una diseñadora, a la cual le hice llegar un boceto de lo que quería, y considero que el resultado fue más que satisfactorio para mí.

-En base a su experiencia, ¿se ve con ánimo de dar algún consejo a escritores noveles que estén pensando en publicar?

Yo mismo sigo siendo un escritor novel —y desconocido, por agregado—, y tengo aún mucho que aprender de este complejo mundo.

Sin embargo, sí tengo un consejo: si tu obra es un tesoro que te ha costado muchas horas, no lo cedas a la ligera; evita tratar con editoriales de manera directa (más aún con las que te pidan acarrear con parte del coste —para eso tienes Amazon y otras plataformas de auto edición—). Busca un agente literario que desee apostar por ti; no será seguro tu éxito, pero tendrás el respaldo de un profesional que, al menos, te garantizará que tu obra vale la pena y que acabará en el lugar que le corresponde, lejos de piratas y buhoneros.

¡Eso sí! Vigila, porque entre los agentes, también hay muchos chufleteros. Un buen agente no te pedirá un euro por representarte. Cuando la obra comience a generar valor, él percibirá su parte de beneficio.

Si por el contrario deseas publicar tu obra y hacerte cargo tú mismo del marketing, una plataforma como Amazon es buena opción.

-Una pregunta obligada… y que siempre despierta el interés de los lectores. ¿Cuáles son sus referentes literarios? ¿Ha sentido el deseo de rendirles tributo en sus historias?

Salta a la vista que Tolkien es, sin lugar a dudas, el que me ha hecho escribir tal y como lo he hecho. Sin embargo, no ha sido el único. La Ilíada, El Cantar de Mio Cid, las obras de Dumas, y también Canción de Hielo y Fuego, de Martin, han sido, entre muchos otros, libros que han definido mi modo de enfrentarme a las hojas en blanco.

También debo admitir que Dickens —un autor al que le tengo especial cariño (no solo por su obra, sino también por su manera de afrontar la vida)— me ha mostrado en muchas ocasiones cómo tratar de acariciar el corazón del lector; aunque no sé si lo he logrado con la maestría que él lo hacía.

–¿Qué comentarios le han hecho los lectores que más le hayan impactado?

Me ha sorprendido enormemente el modo en el que muchos lectores me han hablado de algunos personajes, especialmente de Iolidash y Alheix, pues me han demostrado que he logrado transmitir fielmente lo que yo pretendía. Hablaban de ellos como si lo estuviera haciendo yo mismo, con pasión y con cierta familiaridad; como si los hubieran conocido del mismo modo en el que yo lo hago. ¡Eso ha sido lo más grato!

Otros han hablado de mi forma de escribir, de mis múltiples adjetivos y descripciones, del cambiante ritmo de la obra, de la necesidad de conocer más al final de cada capítulo…

Lo cierto es que casi todos los comentarios han sido positivos; y los negativos se oponían directamente a aquellos otros (supongo que hay lectores a los que no les gustan nada las descripciones minuciosas).

Pese a todo, recuerdo que uno de ellos criticó el exceso de la presencia de tabaco en la obra… Pero ¡qué es un mago que no fuma!

En general, mis lectores han sido muy bondadosos conmigo. (risas)

-¿Qué piensa de los índices de lectura de nuestro país? ¿Se le ocurre alguna propuesta que ayuden a revertir estos datos?

Según la FGEE (Federación de Gremios de Editores de España), en nuestro país podemos estar satisfechos, dado que el número de personas que leen creció en los años 2017 y 2018 hasta poco más del 60% de la población, mientras que el número de lectores frecuentes lo hacía hasta rozar casi el 50%.

Es un hecho destacable que en todos los hábitos el número de lectoras supera al de los hombres. Además, esta tendencia de lectura de novela es proporcional al nivel de estudios finalizados. Destacando, al fin, la tendencia alcista del número de lectores mayores de 45 años. [Aquí puedes consultar las fuentes].

Dicho esto, sin embargo, me preocupa que los más jóvenes —no queriendo obviar el hecho de que muchos adolescentes sí lo hacen, y bastante más que personas de mayor edad— renuncien a adentrarse en el mundo de la lectura. Ese es un grave problema que nuestros gobiernos —si realmente desean una sociedad sana y responsable— deberían atajar de inmediato.

No soy experto en el tema, ni mucho menos, pero tal vez deberían fortalecerse estos hábitos de lectura desde la más temprana educación primaria, sin imponer lecturas que generen un rechazo natural en los niños, y dejándoles escoger los libros que más se ajusten a sus gustos y apetencias.

Otra buena forma de lograrlo, pienso, sería creando una asignatura dedicada fundamentalmente a la lectura, ajena a la enseñanza de cualquier lengua (solo faltaría que restáramos más horas lectivas al estudio de las lenguas), haciendo que los compañeros leyeran en voz alta, por turnos y en pequeños grupos una misma obra o libros diferentes.

¡No lo sé! Supongo que estamos en manos más hábiles y preparadas que nos brindarán mejores soluciones. (carraspeo)

-¿Qué piensa de los blogs literarios? ¿Y del uso de las redes sociales por parte de los y las escritor@s?

Sin lugar a dudas son una auténtica salvación para muchos de nosotros. Bien utilizadas, pueden servir para que un autor dé a conocer su obra en todo el globo casi al instante, cuando unos años atrás esto solo podía lograrse mediante los engranajes que posee una editorial (y con su consecuente coste económico) y tras un importante paso del tiempo. Sin embargo, nadie debería creer que, gracias a ellos, libro y autor van a alcanzar el éxito instantáneo.

Fundamentalmente, lo que se precisa es una buena obra. Tras esto, solo el boca a boca —incluyendo aquí el boca a boca digital— logrará, si realmente la novela tiene algo en lo que fundamentarse, alcanzar algo parecido a esto. Y aquí también la suerte tiene mucho que decir…

-Por último, recomiende “El Lamento de Aasm I - El Triángulo de Gnurk” a los lectores de este post.

La obra de la que hablamos, El Lamento de Aasm I – El Triángulo de Gnurk, pretende, con total humildad, llenar ese vacío que muchos de los amantes del género sufrimos cuando una obra que vivimos con intensidad finaliza; y hablo de obras como Canción de Hielo y Fuego o El Señor de los Anillos, guardando siempre las distancias, ¡por supuesto!

He pretendido colmarla de emociones, de personajes a los que amar u odiar encarecidamente, de momentos para emocionarse y también para sufrir o temer… Además, la fantasía y la magia que envuelven Aasm la convierten en un libro con una trama difícil de encontrar, y más próxima a la obra de Tolkien que de otras.

No puedo dejar pasar la oportunidad de mencionar el peso que poseen las mujeres a lo largo de la saga; y es que siempre he pensado que estas no podían quedar relegadas a un segundo plano, o como simples damas, pues la fuerza que a lo largo de nuestra Historia han demostrado las hacen merecedoras de ocupar un lugar, si no más relevante, al menos igual de importante que el protagonizado por los hombres.

Así, para terminar, solo deseo hacer saber a los futuros lectores que mi libro les dejará grandes momentos épicos grabados en sus recuerdos literarios.

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