Shikibu, Murasaki

En cierto reinado, alguien de rango no muy elevado gozaba de un favor excepcional entre todas las consortes e íntimas de Su Majestad. Las demás, que siempre se habían considerado con derecho exclusivo al alto lugar que ocupaban, sentían un profundo desprecio por aquella mujer que les parecía espantosa, mientras que las íntimas de condición inferior eran incluso más desdichadas. La manera en que atendía un día tras otro al emperador no hacía más que provocar inquina contra ella, y tal vez fuese esta creciente carga de rencor lo que afectaba a su salud y con frecuencia le obligaba a recluirse, llena de pena, en sus aposentos. Pero Su Majestad, cuya dependencia de ella iba en aumento, hacía caso omiso de quienes la criticaban, hasta que su conducta pareció destinada a ser la comidilla de todos.

Los nobles de alto rango y los caballeros del círculo privado sólo podían apartar los ojos de tan triste espectáculo. Decían que tales cosas habían conducido al desorden y la ruina incluso en China, y, a medida que el descontento se extendía por el reino, el ejemplo de Yôkihi acudía cada vez más a las mentes de todos, con muchas consecuencias dolorosas para la dama. Sin embargo, ella confiaba en el afecto clemente y sin igual del emperador y permanecía en la corte.

(Genji Monogatari)

 

“Literatura escrita por mujeres” por Mariángeles Salas.

Murasaki Shikibu fue una escritora japonesa autora en el siglo XI de la primera novela japonesa: Genji Monogatari, obra que también se ha considerado la primera novela moderna del mundo.

Nació en el año 978, durante el reinado de la dinastía Heinan de Japón. Su padre fue Fujiwara no Tametoki, un funcionario que pertenecía a la nobleza y formó parte de la corte de la emperatriz Akiko hasta 1013. También era un buen literato. Estaba emparentado de forma lejana con la familia Fujiwara, que era la familia más poderosa de Japón.

Su madre murió al poco de nacer ella, así como su hermana mayor que era la encargada de cuidarla.

Murasaki tuvo una excelente educación, mostraba una gran inteligencia y una memoria prodigiosa. Tenía una vasta cultura, que abarcaba desde la literatura china y japonesa hasta la búdica.

En 998, cuando tenía veinte años, conoció a quien iba a ser su esposo, Fujiwara no Nobutakia con el cual se casó en el año 999. Fue un matrimonio deseado por ambos. En el año 1001, cuando apenas llevaban casados tres años, su marido muere como consecuencia de una epidemia de peste.

Parece ser que Murasaki Shikibu entró primero al servicio del omnipotente ministro Michinaga (966-1027) y después, a partir de 1008, fue dama de compañía de Fujiwara Akiko (988-1011), hija de Michinaga y esposa del emperador Ichijo (986-1011). Bajo el reinado de este soberano, la corte fue un verdadero centro de ingenios femeninos.

En aquella época en que toda la producción literaria tenía carácter aristocrático y surgía de la corte, el único gran hogar cultural del Japón, la mujer ocupaba en la sociedad un lugar diametralmente opuesto al que tendría en el futuro. Recibía la misma educación e instrucción que los hombres, los cuales, lejos de considerarla inferior, la respetaban y competían con ella en las actividades espirituales. Alrededor del año 1000, las mujeres tuvieron entre sus manos la suerte de la literatura japonesa.

Durante este período nació su inmortal obra maestra: Genji monogatari. La tradición dice que la escribió en el templo de Ishiyama, junto al lago Biwa y bajo la luz de la luna que se reflejaba en las aguas, escena que ha inspirado infinitas veces a los pintores; a los peregrinos que visitan hoy el templo se les muestra el tintero del que se habría servido la escritora.

Murasaki Shikibu escribió Genji monogatari entre los años 1005 y 1013 y cuenta la vida y aventuras amorosas del ficticio príncipe Hikaru Genji “Príncipe Brillante” y las de sus descendientes a lo largo de 54 capítulos que ocupan un total de 4200 páginas. Jorge Luis Borges, gran admirador de la obra de Murasaki, pensaba que era ésta una auténtica novela psicológica, algo verdaderamente inconcebible en Europa antes del siglo XIX.

Tras la muerte del emperador Ichijo en 1011, Murasaki Shikibu continuó durante algún tiempo sirviendo a la viuda. En 1014, sin embargo, habiendo muerto su hermano en la provincia de Eehizen, de la que su padre era gobernador, marchó a ocupar su puesto y volvió a Kyoto con su padre, que había presentado la dimisión de su cargo. Pero un nuevo golpe del destino la abrumó. Su dolor fue tan vivo que su salud quedó gravemente afectada, y murió al poco tiempo cuando había cumplido cuarenta años. Sus restos se encuentran enterrados en un templo budista de Kyoto.

La importancia del Genji monogatari consiste en haber dado nueva dirección y nuevo contenido al género narrativo “monogatari”. Hasta aquella época, los escritores se habían limitado a producir cuentos, por lo regular muy breves, que se inspiraban en su mayor parte, y tal vez exclusivamente, en lo maravilloso y lo fantástico. El Genji monogatari es la primera novela realista: una innovación atrevida para aquellos tiempos, que el genio de la autora probó con pleno éxito.

Su lenguaje es el que se hablaba entonces, y en manos de Murasaki se torna perfecto instrumento, apto para la expresión de los más delicados matices del pensamiento. Habiéndose vuelto con el tiempo ininteligible por causa de la diferencia, cada vez más profunda, entre la lengua hablada y la escrita, su texto fue objeto de cuidadosos y laboriosos comentarios hasta la época de Kamakura (1186-1333), pero, sobre todo, durante la época de los Tokugawa (1603-1868): magníficos filólogos como Keichu (1640-1701), Kitamura Kigin (1618-1705), Kamo Mabuchi (1697-1751), Motoori Norinaga (1730-1801) y otros publicaron estudios y comentarios preciosos de la novela.

En Europa, cuando todavía no había sido traducida totalmente, la novela fue mal juzgada por algunos críticos, entre ellos Bousquet, mientras que otros exageraron en sentido opuesto. W. G. Aston, el más equilibrado y competente de todos los estudiosos, resume de este modo las dotes esenciales de la obra y de su autora: Hay en el Genji pasión, brío, una abundante vena de placenteras emociones, y aguda observación de hombres y costumbres; una apreciación del hechizo de la naturaleza y un dominio de los recursos de la lengua. Aunque nunca melodramática, Murasaki nos ofrece muchas situaciones y raramente es pesada. Mujer verdaderamente culta, aborrece toda pedantería y lujo estilístico, venenos de muchas novelas del Japón moderno.

La excelente traducción integra de su obra al inglés (primera en una lengua europea) hecha por el yamatólogo A. Waley en seis volúmenes The Tale of Genji, The Sacred Tree, A Wreath of Cloud, Blue Trousers, The Lady of the Boat, The Bridge of dreams, (Londres, 1925-1933) suscitó gran número de comentarios favorables e hizo justicia a las dotes de la autora y al fruto de su ingenio.

Escribió también una colección de poemas que la clasificó entre los llamados “Treinta y seis inmortales de la poesía” de la época.

Con toda probabilidad, Genji monogatari (La historia de Genji) debe de ser la novela más antigua que todavía hoy se reconoce, en general, como una obra maestra. Su autora, Murasaki Shikibu, fue una mujer cuya obra figura en la literatura y la cultura japonesas a la altura de los poemas homéricos, las obras de Shakespeare y En busca del tiempo perdido de Marcel Proust en Occidente.

El Genji no es sólo un libro, sino también un fenómeno cultural: ha inspirado versiones cinematográficas, teatrales, de danza, ha servido de base a novelas modernas, se ha adaptado al teatro tradicional Kabuki y el teatro musical, ha sido tema de tebeos (manga) y de óperas… Un billete de banco de curso legal reproduce una de sus escenas. La traducción pionera de Arthur Waley (1933), seguida por la de Edward Seidenstick (1976), han dado fama a la obra en el mundo de habla inglesa, y también existen traducciones completas y directas del original a muchos idiomas.

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