Méndez, Concha

“Poetas y poesías” por Mª Ángeles Álvarez.

Concha Méndez (Madrid 1898-México DF 1986)

No vengas

No vengas, Muerte, todavía,

que aún tengo que tejer la larga escala

que ha de subirme allá donde deseo;

debo cumplir mi dharma,

hacer, hacer, hacer las cosas que aquí debo.

Porque tengo una deuda

para conmigo misma.

Vine para algo más que para pasar como sombra.

Dentro de mí una luz quiere salir afuera.

No vengas todavía, dale tiempo a mi tiempo.

(Entre el soñar y el vivir, Concha Méndez, 1985)

Concha Méndez Cuesta nació en Madrid en 1898, aunque existen dudas sobre la fecha exacta de su nacimiento que ella misma se encargó de sembrar al reflejar varias diferentes en algunos documentos firmados a lo largo de su vida.

Hablar de Concha Méndez es hablar de una mujer moderna, librepensadora, rebelde, con las ideas muy claras y una gran pasión por la vida. Qué mejor ejemplo que el poema que encabeza este post, perteneciente a su último poemario Entre el soñar y el vivir, en el que, al final de su vida, la autora se resiste a abandonar este mundo oponiendo que aún tiene mucho que hacer y que decir, que no quiere ser solo “una sombra”, sino que ha venido a este mundo para hacer más, mucho más. Y lo hizo, consiguió su propósito, en realidad ya lo había logrado cuando escribió este poema.

Sin embargo, nada de eso evitó que durante mucho tiempo fuera una más de esas “olvidadas”, de esas mujeres como ella, poetas, escritoras, pintoras, artistas en general, a las que la época en la que les tocó vivir y los acontecimientos político-sociales que determinaron el destino de nuestro país, mantuvo arrinconadas, impidiendo que el mundo conociera su gran valía y la audacia con la que, a pesar de todo, vivieron sus vidas.

Concha Méndez es una de ellas, por derecho propio perteneciente a la denominada “Generación del 27”, pero excluida de las antologías que recopilaron las obras delos miembros masculinos de aquella.

Afortunadamente, hoy sabemos mucho de Concha Méndez y tenemos el privilegio de conocer su obra, que no se limita a la poesía, aunque éste es el género que más cultivó.

Podemos distinguir tres épocas en la poesía de Concha Méndez: la primera, una etapa de juventud, influenciada por su noviazgo con Luís Buñuel y su relación de amistad con poetas como Rafael Alberti y Federico García Lorca. Fue esta también una época de viajes en los que la poeta recorrió el mundo en busca de aventuras, pasando por Inglaterra, Uruguay y Argentina, y dedicándose de lleno a la poesía. De esta época son las obras Inquietudes (1926), Surtidor (1928) y Canciones de mar y tierra (1930) y, ya de vuelta en España, Vida a Vida (1933) con prólogo de Juan Ramón Jiménez. Son obrasen las que, como sus contemporáneos, la poeta traslada al verso todo aquello que en los años veinte representaba la modernidad, como el deporte, los automóviles o el cine.

Es también es en este periodo cuando conoce al poeta Manuel Altolaguirre con quien contrajo matrimonio en 1.932 y junto al que completaría una gran labor de difusión de la poesía a través de la editorial “La Verónica” que ambos fundaron como sucediera con la revista “Héroe”, en la que colaboraron importantes intelectuales de la época. Concha entraría a formar parte también del “Lyceum Club Femenino” (1932-1939) de María de Maeztu, asociación integrada por mujeres de la élite sociocultural, como Victoria Kent, Ernestina de Champourcín o Clara Campoamor entre otras.

La segunda etapa vino marcada por su maternidad, la pérdida de su primer hijo, el estallido de la Guerra Civil Española, su consiguiente partida a Inglaterra, Bélgica y Francia y su exilio tras la guerra en La Habana y Ciudad de México. De todo ello surgió Vida a Vida (1939), Niños y Sombras(1936) o Lluvias enlazadas (1939).

En Lluvias enlazadas la voz de Concha es la voz del exilio, la nostalgia del pasado y la desesperación del presente, ambas unidas inevitablemente. La autora emplea símbolos como el mar, que la une y a la vez la separa de su tierra, convirtiéndose en un elemento ambivalente de su dolor, de su anhelo por la patria, por lo que ha dejado atrás:

Ancho es el mar; él ha de separamos;

quedarán nuestras almas enlazadas.

La tristeza y la soledad campan en los versos de esta obra, como elemento esencial, siendo la tristeza para la poeta el único vínculo real con la vida, lo único auténtico, y la soledad la consecuencia de su lucha como mujer por lograr que su voz no solo se oiga, sino que también se escuche.

La última etapa se inicia tras su ruptura con Manuel Altolaguirre. En 1944 se instala definitivamente en México hasta su muerte en 1986.

De este periodo son Sombras y Sueños (1944), Vida o río (1979) y Entre el soñar y el vivir (1985). En ellos, la contraposición entre el bien y el mal, la vida y la muerte, llena sus versos.

En su último poemario, Entre el soñar y el vivir, acertamos a ver tintes que recuerdan a Antonio Machado y a Gustavo Adolfo Bécquer. Concha refina su poesía hasta volverla mucho más intimista. Dialoga con la Muerte, a la que llama “hermana”, pero lo hace sin temor hacia ella, sin inquietud por el momento en el que aparezca y se la lleve consigo, a diferencia de etapas anteriores en las que la muerte era sinónimo de angustia. Y es que Concha nunca se dejó vencer, jamás perdió la rebeldía y continuó escribiendo para contar todo lo que llevaba dentro, hasta el final de sus días.

Hoy dejamos como testimonio de esta poeta casi olvidada el poema titulado Quisiera tener de su libro Lluvias enlazadas, un poema que bien podría haberse escrito hoy o tal vez mañana, porque lo que sus versos cuentan, desafortunadamente, siempre tiene vigencia.

Quisiera tener varias sonrisas…

Quisiera tener varias sonrisas de recambio

y un vasto repertorio de modos de expresarme.

O bien con la palabra, o bien con la manera,

buscar el hábil gesto que pudiera escudarme…

Y al igual que en el gesto buscar en la mentira

diferentes disfraces, bien vestir el engaño;

y poder, sin conciencia, ir haciendo a las gentes,

con sutil maniobra, la caricia del daño.

Yo quisiera ¡y no puedo! ser como son los otros,

los que pueblan el mundo y se llaman humanos:

siempre el beso en el labio, ocultando los hechos

y al final… el lavarse tan tranquilos las manos.

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