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Memoria de la melancolía – María Teresa León

Publicado el 11 de enero de 2021


Reseña realizada por Begoña Curiel.

Este libro duele más de lo que anticipa su título. La melancolía ha derivado en angustia por cómo transmite la pena por el exilio. Más duro que el paso por la trinchera. También he sentido rabia porque –aunque ella no lo confiese abiertamente– revela la sombra en la que vivió como escritora. Ella misma se denomina la “cola del cometa” de luz de su marido, el poeta Rafael Alberti.

  Memoria de la melancolía es muchas cosas: crónica, recuerdos y alegato de una mujer que escribió novelas, artículos, guiones, trabajó en teatro en plena guerra civil española, fundó revistas, se encargó de la evacuación de obras del patrimonio artístico nacional durante los bombardeos nacionales.

  Pese al destierro y las penurias durante el enfrentamiento bélico no hay duda de lo intensa e interesante que fue su vida.

FRASES QUE SON JOYAS

  Cautiva su poesía en la prosa a lo largo de infinitas frases y expresiones que enamoran pese a la honda tristeza que traslucen, sentimiento que me ha acompañado durante toda la lectura. Pero no todo camina por esta línea ya que María Teresa León es puro fuego, absoluta determinación en la crítica y filosofía.

–«...chiquillos de alpargata a los que se les quiere tanto que se reparte con ellos la merienda».

–«...tan apretaditos de vejez».

–Son muchas las alusiones a casas donde vivió con su marido tras el exilio, como si tratara de encontrar dentro el hogar perdido: «sin querer nos traemos dentro todas las casas donde vivimos», «Tal vez esa casa fue la nuestra como ninguna otra..., sin ninguna costura que nos hiciera daño», «el caserón requisado era feo. Lo hemos oído quejarse, crujir, llorar, estremecerse, pero poco a poco lo fuimos queriendo.»

–«El mar repetía suavemente sus compromisos con la tierra. Se retiraba y volvía sonriente, discreto».

–«...me hace gracia pensar que entró en mí por tradición oral, en forma de estribillo...». En alusión a Rafael Alberti.

–«...los libros pueden tapizar de sabiduría las paredes...».

–«...con su sonrisa criticona errándole por las mejillas».

–«Estoy cansada de no saber dónde morirme». Me parece brutal...

–«Nuestra literatura de combate expiraba. Federico, muerto al comenzar la agonía; Antonio Machado, al terminarla. Dos poetas. Ninguna guerra había conocido jamás esa gloria».

–En la página 155 recuerda a su madre tras encontrar un retrato suyo: «Hasta hoy no he sabido mirarlo... Hay un leve polvo sobre tu cara, el que levanta la existencia al vivirla, suavemente gris. ¡Cuánto te quise de pronto!... Y sentí como si me llamases para transmitirme tus poderes. Besé tu imagen y me senté a quererte».

–En Nueva York ella y su marido visitan a amigos a los que explican la situación en España. Se extrañan algunas mujeres de que María Teresa León hable tanto y esta contesta: «Despertamos, señora. Es un despertar doloroso. A veces siento que me duelen los labios. Las palabras arden. Es triste tener que usar la libertad para denunciar la no libertad».

–De la Pasionaria dice que es «mujer de viril inteligente». Sobre Hitler, habla de «sus sueños de devorador de pueblos».

–También tiene sus toques de humor, no crean. Sobre un indio (creo que en Panamá) fuertemente custodiado, ella pregunta por los motivos a la multitud que se congrega alrededor. Le informan de que «se ha comido a un ingeniero norteamericano». León contesta: «¡Qué maravilla! Es una forma nueva de hacer antiimperialismo, pero creo que no nos entendieron».

  Otra anécdota. En el extranjero, la gente suele mencionar ese «sol» por el que es conocido España pero señala María Teresa: «Tuve que aclararles que en Burgos no hay más que dos estaciones, la del invierno y la del ferrocarril».

  Y así mil frases que son un recital de belleza y necesitan de una lectura tranquila para saborear. Pero requiere atención también por otros motivos como por el hecho de que la escritora se refiera a sí misma en tercera persona en algunos tramos en los que se puede perder el hilo.

  No hay linealidad cronológica, como si León escribiera a golpe de impulsos, al latido de sentimientos y le asustara olvidar. De hecho alude a su temor a no recordar tantos pasos dados. Necesita dejarlos por escrito, que no se pierda lo que cree que merece ser contado. Cuando regresó a España, el alzheimer ya hacía mella en María Teresa León.

HISTORIA E INTRAHISTORIA

  Asombra la escritora pero más la mujer. Qué pena y sin embargo qué maravilla este testimonio de un corazón roto. Aunque sea uno más de los muchos recogidos en literatura sobre el abandono obligado de tu país, cada persona es única experimentando la herida del destierro.

  No es plato de gusto sumergirse en tanto pesar si el ánimo no está para celebraciones pero la lectura tiene muchos alicientes con la intrahistoria dentro de la Historia.

  Memoria de la melancolía recopila episodios interesantísimos como es el caso de su peregrinación con Alberti por América sin poder pisar la mayoría de los destinos en los que pretendían difundir lo que estaba ocurriendo en España; quisieron ser sus portavoces al grito de “no nos olvidéis”.

  Como fueron tantas sus casas y largas algunas de sus estancias (en Argentina más de veinte años), el libro es una oportunidad de oro para recorrer países en la misma época; también durante la República cuando participó en varios encuentros de intelectuales y políticos a nivel internacional.

  Y si viajamos a sitios, qué decir del desfile de personajes ilustres y relevantes por este libro: políticos y escritores, pero también amigos a los que quiso y a los que perdió. De hecho, habla del dolor por muchas muertes. La suya es una melancolía sin contención alguna. Llamémosle melancolía porque suena más sutil y literario pero la depresión se intuye en sus palabras.

  De las anécdotas y pasajes durante la guerra civil, para qué empezar... Son interminables aunque destaco la experiencia que vivieron en Ibiza. Allí se encontraban durante la sublevación de Julio y cuando fueron a buscarles pasaron días escondidos en el monte.

  María Teresa León era de buena cuna; pudo refugiarse en la comodidad pero el compromiso político como militante comunista marcó su rumbo hasta que el extranjero fue su casa. Me ha gustado su obra, sí, pero me he quedado muda con la incesante actividad y lucha de una mujer que en su época estaba abocada al segundo puesto tras el marido. Cuántas mujeres hay que recuperar del olvido...

  Gracias al escritor Benjamín Prado, artífice del resurgimiento de Memoria de la melancolía porque María Teresa León no tiene publicada la mayoría de su obra en el que fue su país. Gracias a Pepa Pacheco, amiga y gran lectora, por esta recomendación.

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