Martínez, Domingo Alberto – “A la atención de Acrisio, rey de Argos”

Lunes, 3 de abril.

Tiempos heroicos.

Muy señor mío.

Por la presente, me es muy grato comunicarle que su hija, la princesa Dánae, espléndida como una perla, se encuentra en estado de buena esperanza. Cómo ha ocurrido, estando ella encerrada en una torre de bronce al cuidado de una anciana virtuosa –y por más señas, sorda como una tapia– es algo que aedos y escultores de los siglos venideros se encargarán de resolver al calor de sus fantasías. Hasta entonces, y dada la delicada naturaleza del asunto, le ruego encarecidamente la mayor discreción, que no hable usted con nadie y, sobre todo, que no se entere Hera, mi mujer, la Comedora de Cabras, o lo que ocurrió en Troya será un mal chiste de pastores comparado con su furia.

Agradeciendo de antemano su discreción, queda de usted, señor, su seguro servidor y futuro yerno,

Zeus Olímpico,

Padre de los Dioses, de los Hombres,

Recolector de las Nubes, etc., etc.

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