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Lorenzo, Santiago – Entrevista



Santiago Lorenzo (1964) es natural de Portugalete, Vizcaya.

Estudió imagen y guion en la Universidad Complutense y dirección escénica en la RESAD de Madrid. Tras una larga etapa como guionista y director de cine, de la que huyó hastiado, surgió la literatura. En 2010 publicó su primera novela, “Los millones” a la que siguieron otras hasta la actual “Los asquerosos”.

Junto a otras pasiones como las maquetas, la escritura ocupa su tiempo en medio de una aldea perdida de Segovia.

Entrevista realizada por Begoña Curiel para ELD.

–De no haber sido por su marcha del mundo del cine, ¿piensa que habría llegado y alcanzado este momento que está viviendo ahora con la literatura?

No puedo imaginarme no haberlo dejado, y mira que llevo un rato intentándolo.

–¿Pensaba en escribir novela cuando trabajaba en el cine o eso ha venido después?

Vino después. Tenía unos cuentos escritos, pero nada más. Y dos o tres guiones cinematográficos. Que “dirigí” convirtiéndolos en novela, sin limitaciones presupuestarias ni pelanas dándome indicaciones sobre cómo tenía que “dirigirlos”.

–Salió de una profesión que ya le estaba dando más disgustos que satisfacciones. Y con su editorial Blackie Books parece que solo tiene de lo segundo. ¿Considera que ha tenido suerte teniendo en cuenta que el mundo editorial no es precisamente idílico?

Yo creo que años de cine me habían hecho desarrollar un cierto sentido subconsciente para saber con quién tenía que ir y con quién no. Y ahí aparece Blackie Books, bendita la hora.

–Si no pudiera publicar lo que quiere escribir y como lo quiere escribir, ¿renunciaría a seguir intentándolo? Lo digo por los autores que se amoldan a los gustos del mercado.

Desde luego que me iría. Ya lo hice con el cine. Sí tajante. Yo me largo.

–Supongo que estará cansado de que le pregunten por su retirada de la locura de Madrid al ritmo de una aldea perdida de Segovia. Pero... es un poco inevitable. ¿Qué diferencia hay entre escribir entre el ruido y el silencio? ¿Cómo ha modificado el cambio, si es que lo ha hecho, a la escritura? He leído en una de sus entrevistas que en Madrid tenía material de sobra para sacar historias con tanta gente y que en el retiro se escribe peor.

Se escribe peor. Pero ahora toca estar aquí. Donde se está de gloria, por cierto. Se escribe peor. Pero se le dedica más tiempo a escribir, se nivela la cosa y ya está. Ese de más que hay que dedicar es también un tiempo muy divertido.

–“Los asquerosos” es lo primero que leo de Santiago Lorenzo y está triunfando. ¿Cree que es su mejor novela? ¿Con la que más ha disfrutado? ¿Con la que menos o más se lo ha pasado bien escribiéndola? Dicen que las comparaciones son odiosas, pero con respecto a las anteriores, ¿nos contaría alguna?

A mí la que me parece la mejor es “Las ganas”, sin que eso signifique que sea buena ni mala. Esa me parece superior a las otras tres. Por supuesto, es la que menos ventas hizo.

–Con esta novela se ha despachado a gusto con la “mochufa” –esos desnormales que truncan la nueva vida de Manuel, su protagonista–, ¿o no? Seguro que le queda material para contarnos más sobre esta especie humana tan extendida. Personalmente creo que tiene para tomos...

Sería repetirse. Sí es verdad que hubo mucha hoja hablando de la mochufa que ardió en la chimenea: mucha descripción que no me quedaba clara, o que era producto de un enfado pasajero, o que estaba cogida con alfileres. En “Los asquerosos” entró una destilación determinada y luego cerré la bodega.

–¿Ha sido liberador soltar tanto asco? Me ha transmitido esa liberación que como lectora he hecho un poco mía. Sobre todo por lo que me he reído aunque todos tengamos algo de esa cutrez del mundo “mochufa”.

¡Claro que todos tenemos algo de eso! Lo importante es vigilar los niveles de mochufismo propio, mucho más que los niveles de colesterol. Vigilarlo y mirar a ver de reducirlo, que el mochufismo en sangre sólo lleva a una muerte segura, anticipada y dolorosa.

–¿Qué le diría al lector que percibe «amargura» en las páginas de “Los asquerosos”?

Que gracias. A ese y al que haya percibido cualquier cosa.

–Me han encantado sus símiles, expresiones infinitas, palabras inventadas. Le salen así, tan normal o le han costado trabajito. ¿Se lo ha pasado igual de bien que nosotros los lectores?

Muchas gracias. No puedo entender escribir como un trabajo. No puedo entenderlo así ni esforzándome en entenderlo así. Estas paridicas salen ellas solas a lo largo del tiempo. Hay quien no las soporta.

–¿Qué opina de los autores que dicen que sufren escribiendo?

Mala opción como novios/as.

–¿Se preocupa por las críticas literarias?

Me preocupo muchísimo por la constante crítica literaria que me estoy haciendo a mí mismo cada vez que escribo una cosa.

–Cada vez es más habitual que algunos escritores hablen con sus lectores en redes sociales. Usted no es usuario de estos espacios virtuales. Supongo que no siente que se pierde algo. ¿O sí?

Lo más importante que debo decir es que, como no uso redes sociales, no puedo responder a las cosas tan bonitas que se están escribiendo sobre Los asquerosos. Que se sepa que no es por descortesía o cretinismo, sino por imposibilidad para hacerlo. Déjeme aprovechar su blog para agradecer de golpe tanta deferencia y tanta amabilidad, por este canal. Millones de gracias, de verdad.

–De las críticas y comentarios que ha recibido –buenas y malas–, cuáles le han gustado, irritado, le han venido bien, le han impresionado.

Me gustan las que explican racionalmente los párrafos que escribiste de corrido, como por intuición.

 -¿Quien no se transforma en el Manuel de su novela, es porque no quiere o porque no puede?

Por un cúmulo inmenso de razones, como con todo en la vida.

–Manuel se convierte en maestro para quien quiera descubrir que hay otras maneras de vivir. ¿Se siente un poco Manuel?

Un poco sí. Pero él es un radicalón de una radicalidad a la que yo no llego. Y menos mal…

–Sus historias nos hablan de personajes en conflicto o a los que se les presenta un conflicto. ¿Sin problemas son más difíciles las historias o directamente no las hay?

A mí me gustan esas en las que sí los hay, y cuanto más gordos mejor.

–¿Qué novelas lee Santiago Lorenzo? ¿O no es su género preferido?

Leo mucho ensayo, mucha prensa y mucha novela también.

–No sé qué lee de autores españoles y cuáles son si es que tiene favoritos. Y de los extranjeros.

Tremendos, los españoles actuales. No puedo dar nombres porque se me van a olvidar muchos y les va a sentar mal. Pero entre los compatriotas hay una mara de bestias que están escribiendo maravillosos libros pasmantes, de mucha compañía y mucho interés, muy divertidos y muy educativos.

–En muchas entrevistas se habla no solo de sus novelas sino del “universo Santiago Lorenzo” como una forma particular de hacer las cosas y desterrar las que le espantan. ¿Cómo se queda usted con esta idea de un universo propio?

A mí universo me suena a ciencia-ficción y a historias de marcianos.

–Las estadísticas confirman las penosas cifras de lectura en este país. ¿Alguna opinión, análisis, recomendación ante este panorama?

Ellos se lo pierden.

–¿Planifica su tiempo de escritura o se deja llevar?

Lo segundo. Lo que pasa es que me dejo llevar durante lo que vienen siendo las veinticuatro horas del día. No puedo dejar de pensar en mis paridas. Por eso es bastante repugnante vivir conmigo (nadie vive conmigo).

–Qué nos prepara después de “Los asquerosos”.

Ni idea. Tardará unos años, eso sí. Para 2022 0 2023. Para “los felices años veinte”.

–Una curiosidad. Dice su editorial que uno de sus mayores temores es caerse a la ría desde el puente de Portugalete. ¿Nos lo podría explicar?

El Puente Colgante de Portugalete es una maravilla de la ingeniería decimonónica que yo cruzaba todos los días cuando era chavalín. Su tablero eleva cuarenta y cinco metros (aproximadamente, según mareas) sobre la ría del Nervión. Caer a la ría es palmarla, porque de ahí no se sale. Primero la caída, luego la inmersión, después el cieno insondable del lecho… Y todo el mundo mirando. Es para temerlo.

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