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Las reflexiones

Publicado el 3 de marzo de 2020


Las reflexiones.

Todo autor, en mayor o menor grado, siente la necesidad de expresar sus propios pensamientos o de transmitir ideas en sus obras. Por ello, las reflexiones aparecerán en cualquier escrito, ya se trate de una carta personal, un artículo periodístico, una obra dramática, un poema o una narración. Tal vez no sean elementos indispensables que habrán de aparecer en cualquier texto, pero son piezas fundamentales en el desarrollo de cualquier obra literaria: su manejo adecuado confiere un arma poderosa al autor.

Algunos textos tienen como única finalidad la de hacer reflexionar al lector sobre una cuestión determinada, tal como ocurre en un tratado filosófico o metafísico que trate sobre la felicidad, la muerte, el ser, Dios, etcétera, o incluso en un ensayo, que pudiera versar sobre temas tan dispares como la educación, la situación social, la violencia de género… Veamos al respecto una reflexión de Goethe:

“He llegado a la aterradora conclusión de que yo soy el elemento decisivo. Es mi enfoque personal el que crea el clima.  Es mi humor diario el que determina el estado del tiempo. Tengo un gran poder para hacer que mi vida sea triste o alegre. Yo puedo ser una herramienta de tortura o un instrumento de inspiración, yo puedo humillar o inspirar, puedo herir o curar. En todas las situaciones, es mi respuesta frente a lo que ocurre la que decide si una crisis va a exacerbarse o mitigarse, si una persona va a ser deshumanizada  o humanizada.

Si tratamos a la gente como lo que debieran ser, vamos a ayudarles a ser capaces de convertirse en lo que pueden ser”.  (Goethe.1749-1832)

Otros textos, en cambio, no tienen como finalidad plantear sabias cuestiones, tal como ocurre en una novela, si bien en cualquier momento pueden aportar reflexiones profundas.

“...Si se alteran las substancias de la materia se pueden conseguir unos compuestos a partir de otros. El universo está formado de una materia única, por eso todas las cosas del mundo están trabadas entre sí —las personas, los acontecimientos, los años—, y reciben virtud unas de otras, las más viles de las más nobles. Así podemos transformar el plomo en una piedra preciosa, y transformar una vida destruida en una existencia feliz”. (El ingrediente secreto. Vanessa Montfort).

A menudo, el introducir reflexiones en un texto depende de la naturaleza del autor. Un poeta tan profundo como Rabindranath Tagore, no puede eludir que sus textos giren en torno a pensamientos íntimos y a reflexiones sobre la condición humana. En su obra La Casa y el mundo, Nikhil, el protagonista reflexiona sobre su propia entereza cuando la vida le pone a prueba en algo muy profundo: el alejamiento de su esposa Bimala, al sentirse atraída por su amigo Sandhip.

“...Yo solía poner a prueba mi fortaleza mental imaginando toda suerte de males que podían acaecerme: la pobreza, la prisión, el deshonor, la muerte y hasta la muerte de Bimala. Y cuando me decía que podría soportar con entereza cualquiera de esos males, creo que no me equivocaba. Pero había una cosa que no habría podido imaginarme nunca; y en ella pienso hoy, y me pregunto si podré sobrellevarla. La espina se me ha hundido en mi corazón, que me duele continuamente durante mi trabajo cotidiano. Y por la noche la siento hasta en el sueño. Hay momentos en que me despierto y me parece que toda la serenidad ha desaparecido de la faz del cielo. ¿Qué es? ¿Qué ha sucedido?”.  (La casa y el mundo. Rabindranath Tagore).

 “...el verdadero valor del amor consiste en que enriquece los corazones más pobres. Para los corazones grandes hay en este mundo toda clase de recompensas divinas. Pero para las almas de poco precio Dios no ha reservado sino el amor”. (La casa y el mundo. Rabindranath Tagore).

No obstante, plantear ciertas cuestiones o interrogantes en un texto es una habilidad que debe manejar un buen escritor, ya sea en los diálogos —utilizando la propia voz de los personajes—, o en la narración. De este modo, al introducir dichas preguntas se logra que el lector haga suyas las cuestiones que se plantean, que indague en sí mismo y examine sus pensamientos al respecto, aportándole riqueza a su mundo interior. Veamos un ejemplo:

“...Yo le observé desde muy lejos. Por qué si siempre me había sentido tan terriblemente cerca de él, por qué si también yo necesitaba transmitirle lo que guardaba en mi cabeza, por qué habíamos acabado eligiendo el dialecto del reproche en lugar del lenguaje del cariño”. (El ingrediente secreto. Vanessa Montfort).

Además, con dichos interrogantes se muestra la interdependencia que existe entre las acciones físicas que ejecutan los personajes (lo externo) y su mundo psicológico (lo interno). Cuando un autor maneja con habilidad ésta relación mutua entre las acciones y reflexiones de los personajes nos indica claramente cómo son, cómo sienten o piensan y cómo actúan. Si a ello se le añade un buen tratamiento de los diálogos, se logrará una perfecta caracterización de los personajes.

No obstante, hay autores que a veces nos presentan sus conclusiones sobre aquello que viven los personajes, mediante sentencias inapelables que aparecen en el texto como una voz en off, grave y lapidaria. Son reflexiones expresadas con la fuerza de una máxima y la autoridad moral del escritor, pero más próximas a la técnica de “informar o decir” que a la de “mostrar”, porque lejos de ir conduciendo al lector a que descubra por sí mismo cómo son los personajes, les entrega su veredicto final…

Ciego a las culpas, el destino puede ser despiadado con las mínimas distracciones”. (Del libro “Ficciones” de Jorge L. Borges). 

“—Murió sin miedo; en los más viles hay alguna virtud”. (Del cuento El hombre en el umbral. Incluido en el libro El Aleph. Jorge L. Borges).

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