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La Transición

Publicado el 9 de noviembre de 2021


“Alicante es un libro” por Miguel Ángel Pérez Oca.

            ¿Hubiera sido preferible una verdadera revolución como la de los Claveles en Portugal al ejercicio de prestidigitación que supuso la Transición llevada a cabo por Suárez? Nos hubiéramos ahorrado la molesta continuación de ciertos estamentos, y sus secuelas, que hoy se nos manifiestan todavía. ¿Pero, hubiera sido posible? Esa es la cuestión. La Guerra Civil aún atemorizaba a los españoles, que preferían acceder a la Democracia de una forma pacífica, alejada de toda violencia.

            Cuando el 20-12-1973 ETA acabó con el almirante Carrero Blanco, Franco dijo aquello de “No hay mal que por bien no venga” y nombró Jefe de Gobierno al recomendado por doña Carmen Polo, el ex fiscal sanguinario de Málaga, Arias Navarro, quien propuso un plan de relativa y dudosa democratización que denominó “Espíritu del 12 de febrero”. Con ello levantó grandes esperanzas. Pero la ejecución del anarquista Puig Antich y los encontronazos con el “Bunker” de Girón y sus inmovilistas recalcitrantes, a los que Franco consentía, desbarataban cualquier asomo de progreso. Para postre, en abril del 74, justo ahí al lado, en Portugal, estalló la pacífica Revolución de los Claveles; y ETA ponía una bomba en el Café Rolando, cerca del Edificio de la Central de Seguridad, en Madrid, en plena Puerta del Sol, causando 12 muertos civiles. El “Bunker” aprovechaba para alarmar a Franco, cuya senectud próxima al fin de su vida no impidió que firmara sus últimas condenas a muerte, que se llevaron a cabo el 27-9-1975. Fueron sus últimos 5 muertos. En Europa hubo grandes manifestaciones de repulsa y una enérgica condena por parte del Papa Pablo VI; mientras en Alicante se hacía una gran manifestación de apoyo al dictador, con la asistencia de “pied-noires” de extrema derecha, refugiados en España tras la independencia de Argelia; y en el resto de España, lo mismo.

            Dos meses más tarde, Arias Navarro salía por televisión, gimoteando, para decirnos: “Franco ha muerto”. Su agonía había sido larga y penosa y en muchos rincones ocultos se celebró su fallecimiento con champán. Porque todos entendían que con Franco se iba su dictadura. Fue el 20 de noviembre de 1975. Arias Navarro siguió de Jefe del Gobierno y Hassan II de Marruecos aprovecho el vacío de poder para hacerse con el Sahara con la famosa Marcha Verde.

            Arias formó nuevo gobierno con los reformistas del régimen: Fraga, Osorio, Areilza y Pío Cabanillas. En la clandestinidad, el P.C formaba con sus aliados la Junta Democrática, mientras el PSOE, al margen de éstos, organizaba la Plataforma de Convergencia por su cuenta. En Alicante, los jóvenes del PSOE de entonces conspirábamos en un piso de la Calle Espronceda y un día toda la oposición celebró la unión definitiva de ambos movimientos, que alguien bautizó como la “Platajunta”.

            Los muertos de Montejurra y Vitoria y la fuerza de la oposición organizada hicieron que, perdido su gobierno todo prestigio, Arias dimitiese. Entonces la decisión del Rey pareció, en principio, incomprensible. Nombró Jefe de Gobierno a un hombre de la Dictadura, Secretario General del Movimiento y ex Director del Televisión Española, Adolfo Suárez. Sin embargo, el designado demostró con creces su arrojo y sus dotes de seductor, convenciendo a los procuradores (diputados) franquistas para que se hicieran el hara-kiri mediante una Ley para la Reforma Política que aprobarían los españoles en referéndum y que le permitió legalizar a los partidos y los sindicatos. En Alicante, un día de mayo de 1976, en el patio del Club de Amigos de la Unesco en obras, celebramos con  toda naturalidad la primera reunión de UGT.

Aunque la transición no iba ser todo lo pacífica que deseaban los españoles: la muerte por la policía de Teófilo del Valle, un manifestante de Elda, y de Miguel Grau, por un fanático de extrema derecha que le lanzó un ladrillo desde un piso alto, mientras pegaba carteles en la Plaza de los Luceros; los porrazos de los “grises” en la Explanada durante la manifestación autorizada del 1 de mayo; y en Madrid, el asesinato de cinco abogados laboralistas por pistoleros fascistas el 24-1-1977, hicieron de ésta una transición sangrienta, como nos cuenta Mariano Sánchez Soler en su libro.

            Suárez no se arredraba y legalizó al Partido Comunista de Carrillo y La Pasionaria, pese al berrinche de algunos generales. En Alicante empezaron a celebrarse mítines y conferencias de Pepín Vidal Beneyto, Fraga, Tierno Galván, La Pasionaria, Ruiz Jimenez, y conciertos de cantautores de izquierdas, como el alicantino Adolfo Celdrán. Los presos políticos salían de las cárceles. Y el día 15 de junio de 1977 tuvieron lugar las primeras votaciones democráticas, después de 40 años de tiranía.

            Cuando metí la papeleta en la urna no pude evitar que los ojos se me humedecieran y que esta me pareciese la ocasión más dichosa de mi vida.

 

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