La sociedad literaria del pastel de piel de patata de Guernsey – Mary Ann Shaffer

Reseña realizada por Begoña Curiel.

Con once palabras por título y una campaña impresionante de promoción esta novela no era candidata a mis lecturas. Pero la curiosidad, los libros como protagonistas y el sello editorial “Salamandra” detrás de este trabajo, han podido más. ¿El resultado? Una lectura agradable, más prometedora que otra cosa.

  Lo que más me ha gustado es la excusa para el nacimiento de susodicha sociedad literaria: el encuentro de vecinos alrededor de los libros en medio del cataclismo postbélico de la Segunda Guerra Mundial, entre Londres y la isla de Guernesy, en el canal de la Mancha.

  La conexión entre ambos puntos genera esta historia. De la mano de la escritora Juliet Ashton y los habitantes de la mencionada isla. Las cartas acabarán uniendo físicamente estos dos ejes como ya se intuye desde el principio. Juliet acabará por rendirse ante esta peculiar sociedad literaria para hacerla protagonista de la nueva historia que desea escribir y que las musas parecen no traerle.

  La comunicación epistolar como base de una novela suele cansarme y también lo ha hecho en esta ocasión (por cierto, impresionante la velocidad de las misivas teniendo en cuenta la época…). Pero más que ese recurso, la perspectiva del emisario. No es lo mismo Juliet que la mayoría de los habitantes de Guernsey y sin embargo, todos parecen expresarse en los mismos términos y nivel cultural, lo que denota un trabajo nada concienzudo en este sentido.

  No por todo esto la novela deja de tener encanto. La intrépida Juliet tiene personalidad y un arranque admirables. Su cabezonería es perfecta para llegar a donde llega, para conocer de primera mano a quienes serán sus futuros protagonistas. Primero por carta, después en persona.

  No todas, pero muchas de las pequeñas historias relatadas por estos últimos –algunas directamente conectadas con el reciente pasado bélico– son interesantes. De hecho, algunas tan solo se esbozan y quedan desgraciadamente desaprovechadas porque Juliet parece que debe ser el centro de atención de esta novela.

  La escritora se presenta como la directora de esta orquesta de pequeños personajes que merecerían mucho más. Es una pena, dejarlos solo como expresión y relato de los buenos o malos sentimientos que existen en una sociedad sea pequeña o grande e independientemente de los contextos. Por ser Juliet la superstar del libro creo que se han perdido muchas y buenas posibilidades narrativas.

  No obstante, como decía antes, hay algunas subtramas atractivas. Como la que une a Juliet con la protagonista más joven de la isla y su madre que –tendrán que leerlo– esté o no, tiene un peso importante. Casi como si fuera un paralelismo de personalidades entre las dos adultas.

  El final de la obra, resulta tan previsible como otras muchas cosas de estas páginas, con demasiado toque dulzón, que parece intentar disimularse sobre todo con el arrojo de la gran protagonista.

 

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