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La edad de la ira – Nando López



Reseña realizada por Begoña Curiel.

Nadie entiende cómo ha podido ocurrir. Marcos, un adolescente de dieciséis años ha matado a su padre a golpes con una máquina de escribir y ha dejado herido grave a uno de sus hermanos. Es alumno del antiguo instituto de Santiago, periodista que quiere entender, dar respuesta a los «por qués» que nadie –familia, amigos, compañeros de clase y profesores– parece saber responder.

  Ha sido un grato descubrimiento esta novela que con ocho años sigue siendo perfectamente válida para adentrarse en pasillos, aulas y despachos de instituto. Todas las pistas apuntan su dedo acusatorio a Marcos. El hecho de que él no sea el narrador facilita el compendio de testimonios y versiones recabadas por Santiago con las que el lector deberá ir sacando sus propias conclusiones.

  Me gusta este esquema, así como la variedad de fórmulas utilizadas por Nando López para que Santiago recabe datos. Consigue que el lector  esté “dentro” de la investigación, aunque dudo que exista la posibilidad real de que un periodista cuente con la autorización de adentrarse en un instituto en semejantes circunstancias: entre menores y con uno de sus alumnos, acusado de asesinato.

  Pero es un detalle menor puesto que Nando López insiste donde debe hacerlo: buscando las claves que siempre –salvo excepciones– rodean a un suceso. Con este paseo por las aulas, “La edad de la ira” se adentra en los pilares, con errores pero también con sus virtudes, del sistema de enseñanza.

  Sus profesores están sobrecargados de trabajo, los grados de implicación son distintos, la sociedad se olvida con demasiada frecuencia que tienen vida propia y que, por tanto, la vocación que se les exige puede tener “días malos” como cualquier ocurre con otros trabajadores.

  Nando López no moraliza en los mensajes –aunque sean claros– que cuentan sus páginas, pero muestra realidades incómodas que no permite ver la prisa enfermiza, amante de etiquetas de usar y tirar de nuestros días. La prisa y/o la falta de empatía, claro.

 El autor describe situaciones muy complejas. No solo para profesores, sino para los alumnos y su entorno familiar, donde las conexiones o precisamente la ausencia de la misma –entre estos apartados–, es parte del problema.

  Un instituto puede ser un buen termómetro de lo que necesitan, gritan –no siempre en alto– y exigen nuestros adolescentes. Llenos de ira, sí, y sin embargo no siempre culpables al cien por cien de ella. Nando López toca conciencias, recordando lo que es obvio, aunque esta sociedad mire a otro lado. En un centro escolar hay conflictos, agresividad, racismo, impotencia ante los recortes que la enseñanza no puede permitirse, diversidad sexual e intolerancia. Como en botica.

  Sin duda es un mundo en pequeño lo que proporciona esta interesante novela. Abre puertas para quien no sepa o no quiera mirar de frente y con justicia los motivos de la ira del joven que trata de ocultar en ocasiones vergüenza, sentimientos de impotencia y miedo. Su cuerpo engaña y dentro de muchos de ellos viven niños grandes, necesitados de más atención de la que se le presta. Contradicciones y frustraciones forman parte de ellos lo mismo que piel y huesos.

  Su ira con más o menos razones de peso nunca justificará desde luego la violencia explícita o soterrada que vive entre las aulas. Y sin embargo, Marcos como cualquier otro adolescente tiene un pasado –aunque no sea largo en el tiempo–, un contexto, unas circunstancias familiares dentro de la mochila de clase, como el resto.

  El amplio abanico de personajes ofrecido por el autor permite que el lector disponga de más ojos y por tanto, se convierta en aprendiz de investigador como lo es Santiago. Aunque el comienzo de la novela supone cierto esfuerzo para situarnos, pronto el ritmo ágil y su narrativa sencilla permiten que la lectura fluya sin problemas. Sin embargo, esa sencillez no resta valor a la buena escritura de “La edad de la ira”.

  Se trata de una novela para todos los públicos. Todos debemos aprender mucho más como padres, ofrecer una mirada comprensiva al profesor que se enfrenta en clase –en demasiadas ocasiones– a las secuelas de los hogares de los alumnos. Allí habita una gran cantidad de padres convencidos de que la educación compete de forma exclusiva a colegios e institutos.

  Conocí a Nando López a través de las redes sociales. De hecho, esta lectura llega por sus interesantes mensajes donde describe en ocasiones cuánta realidad existe en la ficción de sus obras. No tiene por qué un buen escritor ser buena persona por mucho que lo parezca en sus afirmaciones públicas. Es obvio. Sería ingenuo creerlo.

  Sin embargo –lo he comentado en otras reseñas– hay autores que llegan a ti porque te han interesado como personas. Cómo no, se da el caso contrario y multitud de situaciones cruzadas: gente que escribe a las mil maravillas y mejor no conocerla o autores carismáticos y con tremendo caché que sin embargo, son una decepción en sus letras...

  Como reseña lo relevante es lo literario de la obra. Por supuesto. Pero sin pretenderlo, las sensaciones se entremezclan con determinadas personas. En este caso, todas las recibidas son positivas. Incluido el trabajo que contiene “La edad de la ira”.

  Esta novela es altamente recomendable. Por cierto, tiene su versión teatral desde hace mucho tiempo tal y como nos comentaba en la entrevista que Nando López ofreció a El libro durmiente. Sería una gozada tener ocasión de disfrutarla. Todo se verá... Y se leerá. Porque volveré a leer a Nando López.

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