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La bruma verde – Gonzalo Giner

Publicado el 23 de diciembre de 2020


Reseña realizada por Begoña Curiel.

Un canto a lo importante. No es sólo un alegato ecologista desde el enorme pulmón en la selva de la República Democrática del Congo, sino la inmersión en la grave realidad del expolio de recursos y tramas corruptas en lugares irrepetibles del planeta, además de un homenaje a los cooperantes de ONGs que trabajan y se juegan la vida por evitarlo.

BINEKA Y SU FAMILIA

  Gonzalo Giner hace de la selva congoleña su protagonista de principio a fin aunque respire a través de Bineka, el alma mater de La bruma verde. Vive con una manada de chimpancés que la adopta tras la masacre que sufre su aldea.

  Los principales miembros del clan tienen nombre propio: Mashira, Fuhara, Takuro..., preciosos. Gonzalo Giner se adentra en su modo de vida y la dura convivencia de la joven con ellos. No son los dibujitos bucólicos de una Tarzán femenina porque veremos la cara y cruz de la selva y con ella, de sus habitantes.

  El autor ofrece detalles interesantísimos del funcionamiento interno del clan, incluidas picardías reveladoras de la inteligencia de sobra demostrada a nivel científico de quienes fueron nuestros orígenes. Resulta evidente el trabajo previo del autor en este campo, del que hará mención en su nota final para reconocer la labor de las primatólogas que le inspiraron y por las que siente profunda admiración. No es para menos.

DESAPARECIDA

  Pero regresaremos al mundo civilizado aunque la novela irá viajando hasta el final entre este y la selva. Lola Freixido, directiva de una empresa de telefonía vuela hasta El Congo al saber del secuestro de su gran amiga Beatriz Arrionda, cooperante que trabaja en la protección de espacios naturales. En este punto y con la presencia de Colin Blackhill, compañero de la desaparecida, se conectarán los dos puntos físicos de La Bruma Verde. En el lado africano por supuesto, Bineka será punto inicial de unión de ambos. Hecha la mezcla surgirán los contenidos vitales de la novela.

  Cuando buscan a Beatriz entrarán en los territorios oscuros de negocios manejados por grandes emporios empresariales con sedes a miles de kilómetros. El país es ejemplo del infame uso que históricamente se ha dado al continente africano como “la gran tienda” donde se compra y explota materia prima para que el primer mundo y el lucro de unos pocos tenga reservas de sobra.

  Aquí es donde la novela adquiere el toque de thriller anunciado en la sinopsis, ya que se sospecha que Beatriz investigaba en arenas movedizas. Cualquier intruso o mil Beatrices más que husmeen son molestias a despejar de llegar a ser necesario. Ella simboliza el reconocimiento de Giner a tantos cooperantes que ya no pueden regresar a su mundo original porque además de enamorarse de los lugares descubiertos, sufren un vuelco en sus prioridades vitales.

  Por desgracia a lo largo del tiempo, determinadas noticias que corresponden a realidades puntuales, han manchado el trabajo de gente anónima dentro de ONGs y organismos que están dando la talla con el único interés de ayudar, de hacer del mundo un lugar más habitable. Y no es una frase hecha. Esas personas existen.

BARBARIE Y CONCIENCIACIÓN

  Este potente contenido es el que en mi opinión da relieve a la novela, de marcado carácter divulgativo y con un rotundo mensaje de concienciación sobre las realidades escondidas tras estructuras organizativas y empresariales de apariencia legal.

  La explotación de las minas de coltán, mineral utilizado para la fabricación de teléfonos móviles es, sólo el primer ejemplo de esta maquinaria industrial que arrasa con los recursos –como otras materias primas de Africa– por supuesto a bajo coste, ya que gran parte de este trabajo lo realizan niños. Pero aún es más delirante la deforestación de vastas extensiones que compran numerosos países para dedicarlas en el futuro al cultivo de soja y palma.

  Convertir Africa en granero del primer mundo lo llaman, y no hay mejor definición. No es un tema desconocido. Otra cosa es que se publicite lo necesario. A lo largo del tiempo he leído artículos del tema y esta novela es ideal como información. Y es que además de acabar con zonas de tremendo valor ecológico se llevan por delante la población de numerosas aldeas y de la fauna asentada en dichos espacios.

Destruyen los hábitats de las colonias de chimpancés que ya tienen que vérselas con la caza furtiva porque hay paladares sibaritas que pagan precios astronómicos por su carne.

TURBERAS

  Espeluzna este tema. Son suelos en entornos húmedos –por eso se localizan en la cuenca del Congo– formados por plantas en descomposición a lo largo de millones de años, que se convierten en enormes almacenes de carbono. Si se alteran estos sistemas se podrían liberar toneladas de dióxido de carbono a la atmósfera. Y el peligro está en el cambio climático: la subida de temperaturas incrementa los procesos de evaporación y la reducción de precipitaciones provocaría que la turba comenzara a secarse, lo que incentivaría la liberación de carbono.

  Beatriz investigaba sobre este asunto entre otros incómodos que no parecen estar entre las preocupaciones de las grandes agendas mundiales. Nada nuevo en el horizonte, por desgracia... Estos descubrimientos irán apareciendo en el rastreo de la desaparecida con otros personajes interesantes. Los que están en el terreno y los que deciden y ordenan desde teléfonos y oficinas lejanas a Africa.

  La novela es relato y enumeración de terribles despropósitos que acucian a numerosas partes del planeta hacia no se desvía la mirada informativa con la urgencia que requiere salvo para noticias puntuales. Agradezco profundamente a Gonzalo Giner este recorrido por lo que merece ser denunciado. Porque estas barbaridades no son exclusivas del Congo, la globalización tiene la perversa capacidad de llegar hasta cualquier lugar y persona, y de futuras generaciones, de nuestro maltratado planeta.

  Terminada la novela leí la noticia que seguro también les habrá impactado: el agua empieza a cotizar en bolsa. Era cuestión de tiempo y … qué no verán hijos, nietos y los que lleguen después. Con este viaje literario, ni este y otros asuntos, puede sorprender a nadie. Esto no es una película; es un mundo real.

YIN Y YANG DE LA SELVA

Pero no, Giner no se queda en el drama, quiere que conozcamos, sintamos la belleza, los colores que desbordan, en tierra y desde el aire. La cabeza se llena de imágenes y sensaciones con su narración. Los que ya aman Africa, aunque la sufran, advierten a sus visitantes: no serás el mismo después de conocerla. La trama de la novela respira este mensaje y quiere llevarlo a tu corazón.

  Lo más hermoso es capaz de convivir con la barbarie que casi siempre viene de la mano del hombre. Pero ni aún así, puede anular la impresión de Lola –y nuestra– disfrutando de los parajes brutales del país congoleño. Queda boquiabierta y se esperaba.

  Para lo que dará de sí este viaje excepcional de Lola tendrán que leer este “mensaje” verde y épico. No debo revelar más. También es verdad que la ficción de los personajes, salvo el de la poderosa Bineka, no me interesa tanto como el fondo de la novela.

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