“Juego de tronos” de George R.R. Martin, guion adaptado por David Benioff y D.B.Weiss

“La literatura llevada al cine” por Iván Montero.

Si hay una serie televisiva que a lo largo de la última década ha logrado enganchar —y cuando digo enganchar no me ando con medias tintas: digo enganchar de manera total y absoluta— ante la pequeña pantalla —aun cuando esta haya sido de pago— a millones de personas, esa es, sin lugar a dudas, Juego de Tronos.

Repartida en 8 temporadas y ofrecida en exclusiva por HBO, la serie ha tratado de trasladar con fidelidad la obra del enorme George R.R.Martin; y digo que ha tratado con soberana intención, pues no lo ha logrado. Y lo afirmo con tanta rotundidad porque fundamentalmente la saga literaria aún no ha concluido, y ya son demasiadas las diferencias que entre ambas existen.

Pero, ¿cómo comenzó todo? Para empezar, a Martin le rechinaba el hecho de que su obra fuera llevada al cine; pues le resultaba imposible comprender que alguien lograra condensar una amalgama de tal calibre (como lo es cualquiera de los libros que componen “Canción de Hielo y Fuego” —así es, Juego de Tronos no es sino el subtítulo del primer volumen de la saga—) en dos, tres o incluso cuatro horas de metraje. Sin embargo, cuando, allá por el 2006, David Benioff y D.B.Weiss —los guionistas encargados de adaptar la obra a la pequeña pantalla— llamaron a su puerta y le explicaron qué tenían en mente, a Martin no pareció molestarle demasiado. Sin embargo, no se lo iba a poner tan fácil.

         Martin, como cualquier escritor que ame su obra, no iba a aceptar que cualquiera —incluso cuando aquellos fueran unos experimentados escritores y guionistas, como es el caso— pusiera sus zarpas sobre su amado tesoro (acabo de imaginar a Martin sentado sobre sus libros, cual dragón protegiendo su tesoro, observando con escrupuloso interés a aquellos dos osados guionistas). Entonces, parece ser que les llegó a interpelar: “Si de verdad amáis Canción de Hielo y Fuego, decidme: ¿quién creéis que es la madre de Jon Nieve?”. La respuesta parece que agradó al exigente escritor, y a partir de entonces, se supo que Juego de Tronos terminaría por llevarse a la pequeña pantalla.

         A raíz de aquel primer contacto, se iniciaron unas largas y tediosas reuniones a tres bandas, en las cuales los guionistas tuvieron que aclararle minuciosamente el cómo, el cuándo y el dónde se llevaría a cabo el desarrollo de la adaptación.

         Cuando Benioff y Weiss apenas si habían terminado el guion de la primera temporada, se estrenó el capítulo piloto. ¡Aquello fue un auténtico desastre! Al parecer, varios actores no terminaban de encajar con los personajes que encarnaban y las interacciones entre estos parecían demasiado forzadas y poco creíbles, sin contar con que las ubicaciones no conseguían quedar bien definidas para los espectadores que no habían leído los libros. Así, aquello parecía más una mezcla de Dinastía, Falcon Crest y Dallas, antes que la adaptación de la obra de Martin.

         A raíz de esto, los guionistas tuvieron que ponerse manos a la obra una vez más (supongo que detrás habría alguien muy interesado en ofrecer una segunda oportunidad a la adaptación, auténticamente convencido del éxito de la misma, o sencillamente que aquellos dos muchachos tenían un ángel velando por ellos; ¡cuántas series con potencial se han quedado en el baúl a causa de un mal capítulo piloto) para reescribir el guion. Hay que decir aquí que la cabecera de la serie, con esa fantástica banda sonora —compuesta por Ramin Djawadi—, logró subsanar el problema que generaba tanta diversidad geográfica en un mundo por completo desconocido.

         Así, tras aquellos primeros escollos, Juego de Tronos logró arrancar con no poco éxito.

         Seguramente, en este punto del artículo no seréis pocos los que os estéis preguntando: ¿y qué pasó con aquel capítulo piloto? Pues nadie lo sabe. De hecho, dado que fue proyectado para personas vinculadas con el mundillo, no ha habido mayores filtraciones. ¡No me extrañaría que alguna noticia futura surja acerca de este asunto en forma mediática, y casi casposa, al estilo de vergonzosa subasta! Ya se verá…

George R.R.Martin cultivó desde bien joven su pasión por la literatura —prueba de ello son los muchos premios Hugo y Nebula que durante los años setenta obtuvo por algunos relatos y novelas cortas—, especializado siempre en la ciencia ficción, la fantasía y el terror. El empuje que George Lucas dio a la ciencia ficción con el estreno de La Guerra de las Galaxias – Una nueva esperanza sirvió para que Martin se lanzara a publicar algunas de sus novelas (Muerte de la luz, Refugio del viento o Sueño del Fevre), de las que obtuvo muy buenos resultados.

         Sin embargo, la mala aceptación de su cuarta novela, The Armageddon Rag, 1983, lo obligó a compaginar la escritura con su otro trabajo en Hollywood —¡qué pena! Estoy seguro de que más de uno querría haberse visto abocado a tener que trabajar en estos dos mundillos, ¿eh?—. Así, participó como guionista de varias series televisivas o películas (entre las que destacan The Twilight Zone, 1986, y La Bella y la Bestia, 1987).

         Podemos decir que esta primera etapa culmina en el año 1987, con la publicación de un conjunto de relatos de ciencia ficción titulados Los Viajes de Tuf.

         Y, haciendo un pequeño salto de una casi una década, llegamos al año 1996, año en el que escribe Juego de Tronos (primera parte de la aclamada Canción de Hielo y Fuego). A raíz de aquí, el bueno de Martin, tras haber obtenido el Premio Locus en el año 1997 por esta obra, siguió escribiendo el resto de libros conocidos de la saga Canción de Hielo y Fuego: Choque de Reyes, Tormenta de Espadas, Festín de Cuervos y Danza de Dragones.

         Son estas dos últimas novelas, precisamente, las que desentierran el hacha de guerra entre la saga literaria y la serie televisiva. Y es que los guionistas no supieron adaptarlas satisfactoriamente. ¿Por qué? Sencillamente, porque Festín de Cuervos y Danza de Dragones son en realidad la misma novela, solo que se alargó tanto que Martin tuvo que dividirla en dos partes. Así, los hechos de las dos obras comparten prácticamente la misma cronología temporal, pero en diferentes zonas geográficas.

         Si a esto sumamos el hecho de que la siguiente obra, Vientos de Invierno, se ha postergado de tal modo que la serie se ha visto obligada a concluir huérfana de un libro en el que basar el guion, comprenderemos por qué existe tal disparidad entre saga literaria y serie.

         Y con esto llego a un punto que puede llegar a herir a algunos, pero bajo mi humilde punto de vista, tanto Benioff como Weiss, sin pretender restar valor alguno al enorme trabajo de adaptación que han realizado, no dejan de ser eso: meros adaptadores de la obra, y no los creadores que han querido mostrarnos en varios medios o a través de algunas críticas.

         Pero ¿por qué digo esto? ¿Porque un elevadísimo centenar de miles de fans ha firmado solicitando que se reescriba el guion de las dos últimas temporadas y vuelvan a rodarse? ¿Porque a mí no me ha gustado? No, nada de eso. Sencillamente porque, sin pretender hacer ningún spoiler, estos muchachos se cepillaron con total impunidad —y de un modo ridículo, haciéndolos caer en trampas casi infantiles— a los que habían sido los grandes Maquiavelos de la trama que ha forjado toda la saga, simplemente porque no sabían qué hacer con ellos… Y no digo de quiénes se trata, pues estoy convencido de que los que habéis seguido la serie sabéis a quiénes me refiero; pero, por si acaso, uno es un arácnido y el otro se encuentra en cualquiera de nuestras manos.

Pese a todo esto, es indiscutible la enorme calidad de la que la serie ha hecho gala a lo largo de estos últimos años. Visto de refilón, cualquiera podría pensar que su éxito se debe a la violencia y al sexo —no le faltaría parte de razón a quien opinara de ese modo—, pero en realidad hay algo más; aunque ese algo yo solo he logrado hallarlo en los libros, buscándolo deliberadamente después en la serie de televisión.

Y aquí debo explicar una pequeña anécdota acerca de la lectura de esta saga.

         Un buen amigo mío —un fuerte abrazo, Mateo— me regaló para mi cumpleaños Canción de Hielo y Fuego – Juego de Tronos. ¡Si no lo empecé treinta veces, no lo comencé ninguna! Es absolutamente cierto eso que dicen acerca de los libros: cada uno tiene su momento, y no por eso dejan de ser buenos. En ninguno de esos casos logré pasar más allá de la llegada de Tyrion Lannister al Nido de Águilas (conducido hasta allí por Catelyn Stark). Lo gracioso es que, el año siguiente, mi amigo Mateo volvió a regalarme un libro; en esta ocasión, se trató de Tormenta de Espadas junto con la frase: “dado que supongo que ya te habrás comprado y leído la segunda parte, paso a regalarte la tercera”. Mi respuesta fue una sonrisa tonta y un agradecimiento plagado de vergüenza.

         Hasta que no pasó cierto tiempo, no pude decirle la verdad (eso sí, entre risas).

         Así, no fue hasta el pasado verano cuando realmente logré entrar de lleno en el mundo de Martin; ¡y ha sido un auténtico placer hacerlo! Devoré cuatro de los cinco libros en muy poco tiempo…

Y aquí me veo obligado a mencionar la excelente prosa utilizada por el autor (sin olvidarme de la elevadísima profesionalidad de Cristina Macía a la hora de traducir al castellano toda la saga, ¡insuperable!). Resulta auténticamente grato el dinamismo y la fuerza de la prosa que esgrime en su obra a través de cada una de sus frases; y a raíz de este pensamiento, comprendo a qué puede deberse que esté tardando tanto en publicar Vientos de Invierno

¡En fin!, para ir concluyendo este artículo, debo decir un par de cosas.

La serie, como tal, ha sido una auténtica obra maestra, en la cual, desde los directores hasta el último aprendiz de maquillaje, pasando por los actores y por los guionistas, todos han realizado una labor insuperable. Sin embargo, solo cuando uno ha leído los libros antes de visualizar la serie —yo no hice esto último hasta el pasado mes de septiembre— es capaz de apreciarla en todo su esplendor.

Como segunda apreciación, considero que la saga de televisión me resulta irrelevante en comparación con el amplio abanico que se ha abierto en la saga literaria —quizá por eso no me han molestado tanto los errores de guion que ya he mencionado acerca de la muerte de ciertos personajes fundamentales en la obra—; solo con pensar en la relevancia que Corazón de Piedra tendrá en Vientos de Invierno (previsiblemente se publicará en verano de 2020), ya me emociono… ¡Sí!, muchos estaréis pensando: ¿Corazón de Piedra? Lo lamento, ¡pero tendréis que leeros los libros para entender de qué hablo!

Y con esto termino: no temáis adentraros en los Siete Reinos a través de las páginas del bueno de Martin, pues no os defraudará en absoluto.

 

Puedes escuchar el texto de este post en el archivo audiovisual que se adjunta a continuación:

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