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Introducción a “Teatro de Guardia”



La medicina es al cuerpo, lo que el Teatro es al alma.

“Teatro de Guardia” por Carmen De Arriba Muñoz.

Bienvenidos al que espero se convierta en su Teatro de Guardia; una farmacia donde a cualquier hora del día, se nos dispense la risa o el llanto, la intriga o el enredo, el amor y los celos, la lealtad o la traición; un sinfín de emociones aparentemente ajenas, que no harán sino adentrarnos en el gran teatro de la vida; ese escenario en el que cada noche actuamos sin aplausos ni estipendio, y donde el director de la función, no es otro que el destino en manos de un actor.

Así, previo pago en taquilla de una amable sonrisa y un clic en su ratón, serán acompañados cortésmente a su butaca. No olviden desconectar los teléfonos móviles. En pocos minutos se alzará el telón y dará comienzo el espectáculo. Recuerden que durante el mismo y por capricho de este arte, viajaremos al pasado, viviremos el presente o quién sabe si el futuro; que aquí lo único cierto es tiempo y condición, y ya les adelanto, serán muy variables. Ricos o pobres, nobles y plebeyos, bufones o burlados… gozarán por igual de su minuto de gloria, sin que importe si en su obra fueron héroes o tiranos.

Por ello, les propongo que a través de esta sección, exploremos los confines de un universo llamado teatro; desde su origen en la prehistoria con sus ritos y ceremonias, al minimalismo más puro concebido en la actualidad. Una transformación nacida de aquella semilla que por vez primera, sembró la voz de un ser humano al abrigo de una caverna. Ese día sin duda, germinó la simiente y enraizó el ingenio a nuestras manos, hasta subir a la garganta donde florecieron sus brotes en palabras; así, de los trazos de un bisonte dibujamos nuestro nombre, inventamos nuestros dioses y creamos las historias que aún sin fuego, no dejamos de contar.

Por mi parte, les prometo en cada entrega un viaje muy teatrero a través del tiempo y de este tren. Desde oriente hasta occidente contemplaremos cultos que los siglos convirtieron en el teatro actual, y en mitad de este atlas acamparemos al raso, donde antiguos ancestros dancen bajo el cielo y cuenten sus leyendas. Voces de un pasado, en el que butacas y escenarios se hallaban muy lejos del imaginario popular.

El ocaso, marcará nuestro regreso y al amparo de Dioniso, dios del vino y la fertilidad, será Tespis quien gobierne nuestro carro y desvele el nacimiento del actor y del teatro. Beberemos febriles al son de un ditirambo y un atento corifeo escoltado por sus trasgos, hablará de tragedia y de su hermana la comedia; nosotros a cambio, les diremos que de aquellas nacieron nobles hijas y de su vientre los vástagos de una larga dinastía; drama, paso, farsa, vodevil, entremés, sainete, ópera, zarzuela… Lírica o litúrgica, satírica o social, esta fue la estirpe que mantuvo su apellido hasta hacerlo perdurar, pese al lastre de los siglos.

¿Escuchan la campana? Es el jefe de estación anunciando nuestra última parada “siglo veintiuno”. A éste llegaremos, cuando un punto y final aparezca a pie de página y una servidora nada tenga que aportar. Llegado ese momento, no olviden su equipaje y los cuadernos de mano. Si notan sus maletas más pesadas no se alarmen, recuerden que allá donde bajemos, traeremos consigo muchos convidados; unos griegos, otros romanos, hasta indios y chinos se colarán de soslayo, y no me equivoco al decir, que en el forro de sus bolsos se esconderán varios clásicos. Los bolsillos sin embargo, servirán de morada a medievales y profanos, y las cremalleras de refugio a renacentistas y comediantes; de los isabelinos no habrán de echar cuenta, pues ellos tienen casa en el teatro español, a la que siempre vuelven por su aroma cervantino. No obstante, si por caso alguno les faltara no se apuren, pronto les tendrán en la familia y de cuando en cuando de amarillo verán a un joven Molière, declamando con Lope y Calderón o incluso con Zorrilla; y es que, esto de la muerte es lo que tiene, en vida no se vieron y muertos… no hay aceite que se atreva a separarlos.

Espero que lo aquí propuesto, sea de su agrado o al menos de interés, y que este prólogo esparcido entre vagones, sirva como guía de un turismo bien distinto al de costumbre, donde lugares, cronología, géneros, autores, entrevistas, música, cultura o religión… esparzan su tinta sobre una fértil tierra con bandera universal; la palabra.

Que poderoso este vocablo p-a-l-a-b-r-a, de tan sólo siete letras y tres sílabas, que a pesar de su tamaño es capaz de vencer al gigante Goliat. Firmó paces y declaró guerras, conmovió almas y fue musa de aquellos que dejaron un legado en nuestras manos, abrió sonrisas y trajo el llanto, enamoró miradas y a otras tantas dejó huérfanas de amor, pidió perdón y mostró su enfado; pero siempre produjo un efecto a quien la dijo o la escuchó. Dejemos pues, que inunde estas butacas y pronuncie lo que un día, dijo Calderón…

¿Qué es la vida? Un frenesí.

¿Qué es la vida? Una ilusión,

Una sombra, una ficción,

Y el mayor bien es pequeñez;

Que toda la vida es sueño,

y los sueños, sueños son.

Y los sueños, sueños son.

Calderón de la Barca (1600 – 1681)

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