“Harry Potter” de J.K. Rowling

“La literatura llevada al cine” por Iván Montero.

Si hay una novela —más propiamente dicho, una saga— que ha generado un interés tan inaudito como irrepetible —me temo— entre los más jóvenes a lo largo de la historia de la literatura, esa es Harry Potter.

Lo cierto es que no fue hasta que, allá por el año 2001, vi en la calle Aragón de Barcelona, esquina Passeig de Gràcia, una enorme lona anunciando ‘Harry Potter y la Piedra Filosofal’ cuando supe acerca de esta obra. Y sí, fui al cine a verla con unos viejos amigos, pero sin haberme acercado en absoluto a los libros.

Pero vamos a hablar antes un poco de esos libros y de su autora, pues considero que merecen una especial mención.

Para empezar, parece que, si no tienes un par de consonantes llamativas antes de poner tu apellido, no vas a ser nadie en la literatura fantástica actual. De hecho, esto es así hasta el punto de que la propia editorial, temiendo que los jóvenes no compraran la obra de una mujer —sí, no me he equivocado al escribir esto; aunque os parezca una auténtica obscenidad, fue así—, solicitó a Joanne que no empleara su nombre de pila, sino dos consonantes y su apellido. La autora, dado que no tenía segundo nombre, utilizó la ‘K’ en honor a su abuela paterna, Katheleen. Así nació J.K.Rowling.

Sin embargo, encontrarse con la testosterona que recorre el mundo de los negocios —aunque siendo este otro sapo más que tuvo que tragar— no fue la mayor desventura de Rowling.

Mucho de lo que aparece en la obra de Harry Potter —el profundo pesar de Harry por la pérdida de sus padres, los dementores, o incluso Albus Dumbledore…— proviene directamente de la propia biografía de la autora sin ningún tipo de filtro o capa: inspiración a fuego.

No obstante, aunque no puedo ni debo hablaros eternamente de todo lo concerniente a la vida de Rownling, creía necesario haceros saber lo que os he comentado hasta ahora. Si deseáis conocer algo más de su vida, os insto a que busquéis por las redes, pues vale la pena ver de qué modo esta mujer logró alcanzar el éxito tras una vida dura y llena de obstáculos. Y es que, a veces, la vida se porta como debe hacerlo…

¡Bien!, dicho esto, pasamos a hablar levemente del libro.

¡No recuerdo haber visto en las noticias que se haya hecho mención a la publicación de un libro de forma tan sorprendentemente detallada como cuando sucedió con las novelas de Harry Potter! Sin embargo, ver centenares de niños y adolescentes —y algún que otro adulto, ¡faltaría más!— haciendo cola delante de una librería —no, esto no es ciencia ficción, ¡sucedió de verdad!— supongo que es motivo suficiente de estudio, más aún para dedicarle medio minuto en un telediario…

Y todo esto, como si perteneciera también a la ficción de la escuela mágica (o a una obra de Shakespeare, a juzgar por las rocambolescas casualidades), fue provocado, en parte, por una niña: la hija del presidente de Bloomsbury (la modesta editorial que publicó la obra de Joanne), Alice Newton. Al parecer, con tan solo ocho años, la muchacha pidió a su padre —que había recibido el libro para su revisión— el segundo capítulo de la saga del mago de la cicatriz y las gafas tras haber devorado el primero.

Así, las novelas comenzaron a generar una demanda que, aún hoy, a muchos no les ha sido posible aplacar, aun cuando la saga terminó hace más de una década. Y es que, todo lo que huela a Rowling genera una insaciable necesidad de inspección… Como si en el aire se respirase que, de un momento a otro, esta autora fuera a generar una nueva saga (o la continuación del propio Harry Potter), capaz de despertar el mismo interés que el generado por las aventuras vividas en la escuela Hogwarts de Magia y Hechicería. No estaría nada mal, ¿eh?

Bien, a finales de 1998, Warner Bros. compró los derechos de las dos primeras novelas para llevarlas a la gran pantalla.

         Lo cierto es que aquella noticia sacudió los cimientos del espectáculo. Y es que, el 16 de noviembre de 2001 fue estrenada a nivel mundial ‘Harry Potter y la Piedra Filosofal’. Con aquello, todos los que desconocíamos la existencia de la saga comenzamos a odiar o a amar —como no puede ser de otro modo— al pequeño joven gran mago.

Pero ¿qué decir de esta adaptación cinematográfica? El plantel que la componía, encabezado por los magistrales Richard Harris y Alan Rickman —EPD ambos—, sin olvidar la banda sonora del magnífico John Williams, era motivo suficiente como para acercarse a ver de qué iba esa obra que a tanto muchachito atraía. He de confesar, más aún cuando ese mismo año, a poco más de un mes, iba a estrenarse la primera parte la obra de Tolkien, ‘El Señor de los Anillos — La Comunidad del Anillo’, que me sentí como si hubiera accedido a la Comarca, rodeado de muchos y muy buenos hobbits, los cuales, cargados de palomitas y refrescos, se disponían a dejarse llevar por aquellos personajes que entre líneas les habían hablado, y que ahora iban a poder ver, escuchar y adorar en la pantalla grande. Confieso que esa misma sensación fue la que yo viví con la adaptación de Peter Jackson.

Pero ¡centrémonos!… La obra de Rowling en pantalla grande —pues ella también pudo decir la suya en la composición del guion de la película, lo cual se agradece— fue bastante fiel a las novelas. No obstante, hay muchos episodios y tramas que tuvieron que omitirse por motivos evidentes de tiempo de metraje; por ejemplo, la relación que guarda Hermione con la liberación y la lucha por los derechos de los elfos domésticos… Y eso ya debería empujaros a acercaros a la biblioteca para devorar los siete tomos (teniendo presente que el primero y el segundo son bastante infantiles, como era de esperar). Y, por cierto, ahí encontramos parte de la magia de las aventuras de Harry Potter: tanto él como sus lectores han ido creciendo juntos, y juntos han ido conociendo no solo a los villanos y felones —curiosa palabra esta, que para algunos no trata de ofender— de la obra, sino también sentimientos y pesares propios de la edad que les tocó vivir. Esto, aunque de un modo diferente, por supuesto, también se plasmó de manera correcta en la adaptación cinematográfica: la edad del pavo, los primeros amoríos, la presión de las notas (los famosos TIMOS de quinto curso), etc.

Sin embargo, voy a aclarar algo, pues considero muy necesario hacer mención a estos detalles. La paulatina madurez que a lo largo de las diferentes películas que componen la obra se percibe llega incluso a acariciar temas realmente sensibles: el racismo, el fascismo, la manipulación de los medios de comunicación… Todo eso —existente en las novelas, pero trasladado muy satisfactoriamente a las películas— hace que ver la saga bajo el prisma que nuestra propia madurez nos otorga sea un aliciente extra para hacerlo. Por ejemplo, la soledad que rodea a los personajes, la persecución que sufren aquellos a los que denominan ‘sangre sucia’ y el temor de ver que nada ni nadie va a poder proteger o ayudar a unos muchachos en mitad de un estado controlado por unos crápulas sedientos de sangre a causa del odio que corroe sus mentes en ‘Las Reliquias de la Muerte – parte I’ logran trasladar al espectador la sensación que, allá por los años 30 o 40, tuvieron que sufrir muchos judíos en la Alemania Nazi. De hecho, hay estudios que indican que las personas que leyeron y siguieron al pequeño mago de la cicatriz (¡ojo, los que la leyeron! ver solo las películas no cuenta) poseen una mentalidad más abierta y son más tolerantes. Creo que este estudio se realizó poco antes de que D.Trump llegara a la Casa Blanca. ¿Por qué sería?…

En conclusión, las ocho películas de Harry Potter son una satisfactoria adaptación de las novelas, pero verlas no remplaza el placer de leerlas, algo que os recomiendo sin lugar a dudas.

¿Y qué pasa ahora? Ahora, con Animales Fantásticos, se pretende reflotar parte de la magia que desprendió la saga del pequeño mago. Sin embargo, pese a Eddie Redmayne o Johnny Depp, esta no tiene ni la atracción ni la esencia de aquella. Se trata de películas que te pueden entretener, pero que no despiertan la necesidad de verlas como sucediera con la saga de las novelas infantiles más famosas del mundo.

Y es que no hay mejor trampolín para una buena película que un libro que te obligue a sumergirte durante horas en su interior.

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