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Glück, Louise

Publicado el 14 de octubre de 2020


Amar es brutal

más brutal es morir

y brutal más allá de los límites de la justicia

morir de amor (…).

(Fragmento de “La Reina de Cartago”, Louise Glück)

“Poetas y Poesías” por Mª Ángeles Álvarez.

Suiza, verano de 1.994. Con apenas veinte años y una mochila por todo equipaje, decidí aprovechar la recompensa que había obtenido por mi esfuerzo durante el curso universitario: todo el verano libre, tres meses enteros para hacer lo que me apeteciera. Y escogí viajar por Europa en tren con un billete Interrail.

Y así había llegado a Interlaken, una región del centro de Suiza entre los lagos Thun y Brienz, como su propio nombre indica. El grupo de amigos que había conocido durante mi viaje había decidido hacer rafting en las aguas rápidas del río Lütschine hasta el lago de Brienz.

Pero mi instinto de supervivencia se negó a dejarme acompañarlos, así que decidí esperar su regreso disfrutando del maravilloso entorno natural en el que la población se enclavaba, con los macizos Eiger, Mönch y Jungfrau haciendo las veces de centinelas. Y hasta las faldas del Eiger logré llegar en un diminuto autobús repleto de lugareños, que se dirigían a sus hogares en las montañas tras una jornada de trabajo en la ciudad.

Escogí un verde prado solitario y me senté a contemplar tanta belleza. Y, como siempre, hurgué en mi mochila viajera hasta encontrar lo que andaba buscando: una desgastada libreta encuadernada en piel en la que, como amante de la poesía, con los años había ido recopilando y transcribiendo todos aquellos poemas con los que me había encontrado en mi todavía corta existencia y que me habían encandilado por un motivo u otro.

Abrí la libreta por una página al azar y allí estaba ella, Louise Glück.

Poeta estadounidense nacida en Nueva York en 1943 y criada en la exclusiva Long Island, Louise Elizabeth Glück es una de las más influyentes y reconocidas poetas en lengua inglesa y su extensa y magnífica obra ha sido galardonada con prestigiosos premios, incluido el Pulitzer de poesía en 1993 por su obra El iris salvaje, hasta ser reconocida hace apenas unos días con el Nobel de Literatura.

Voz imprescindible de la poesía estadounidense, ha publicado a lo largo de varias décadas numerosos libros de poesía, entre los que destacan el que acabamos de citar, The wild iris, en español El iris salvaje, Averno, merecedor del premio L. L. Winship, Virtuous Night, galardonado con el Premio Nacional del Libro en Estados Unidos, o The Seven Ages, entre otros muchos.

Su poesía es una poesía que habla de la experiencia humana desde la suya propia. El paso de los años, la pérdida, el matrimonio o la vida familiar se hallan entre sus temas principales.

La sutileza y profundidad con la que transmite esta autora se deja traslucir en cuanto leemos los primeros versos de cualquiera de sus obras. Louise Glück capta las emociones y las plasma con maestría en cada uno de sus poemas, dando a las palabras un nuevo sentido.

Temas tan cotidianos como plantar guisantes o sembrar bulbos para obtener flores, incluso observar como alguien camina por un jardín, se convierten, en la pluma de Glück, en sutiles experiencias de vida, en un enorme espejo de la existencia humana. En ocasiones recurre para ello a los mitos clásicos, como en este fragmento del poema El dilema de Telémaco:

Nunca me decido

sobre qué poner

en la tumba de mis padres. Sé

lo que él quiere: él quiere

amado, lo que ciertamente resulta

muy exacto, sobre todo

si contamos a todas esas

mujeres. Pero

eso dejaría a mi madre

en la intemperie.

 

Su poesía es también íntima, delicada y, como se la ha calificado por la Academia sueca, de una belleza austera. Ejemplo de ello es el poema El vestido, incluido en su obra Vita nova, publicada en 1999, con la que recibió el primer premio otorgado por los lectores del «New Yorker».

Se me secó el alma.

Como un alma arrojada al fuego,

pero no del todo,

no hasta la aniquilación.

(Fragmento)

He de reconocer que no es fácil leer a Glück, pues en ocasiones encontramos que su voz cambia dentro de un mismo poema; pero también he de decir que hay que ser persistente con ella, no dejarse vencer, sino continuar el camino porque, también lo aseguro, encontramos la recompensa al final. Porque cuando por fin logramos llegar hasta ella, hasta su voz íntima y personal, ya no hay vuelta atrás, quedamos atrapados.

Como también tengo que admitir que escoger un poema con el que cerrar este post no ha sido tarea fácil. Todos tienen algo que enamora, algo sutil y maravilloso que, una vez desgranado, nos sorprende. Finalmente me he decidido por El espino, del libro Iris salvaje, un poema que parece narrar un sencillo paseo por un jardín desde el punto de vista del poeta observador, pero que encierra un profundo y conmovedor significado que dejo al lector descubrir. Porque de eso se trata, de que cada uno de nosotros encontremos en la poesía ese sentimiento concreto con que nos apunta al alma; esa es precisamente la magia de la poesía.

Al lado tuyo, pero no

de tu mano: así te miro

andar por el jardín

de verano: las cosas

que no pueden moverse

aprenden a mirar. No necesito

perseguirte a través

del jardín; en cualquier parte

los humanos dejan

señal de lo que sienten, flores

esparcidas en el polvo del camino, todas

blancas y doradas, algunas

levemente alzadas

por el viento de la tarde. No necesito

seguirte adonde estás ahora,

hundido en la ponzoña de este campo, para

saber la causa de tu huida, de tu humana

pasión, de tu rabia: ¿por qué otra cosa

dejarías caer todo aquello

que has acumulado?

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