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Gil, Juan Manuel – Entrevista

Publicado el 14 de abril de 2021


Almería, 1979.

Licenciado en Filología Hispánica. Profesor de Lengua y Literatura.

Su última novela publicada es Trigo limpio, que ha obtenido el Premio Biblioteca Breve 2021 aunque cuenta con más galardones literarios. Entre sus trabajos previos (poesía además de novelas) se encuentran: Guía inútil de un naufragio Inopia, Las islas vertebradas, Un hombre bajo el agua y Mi padre y yo.

Entrevista realizada por Begoña Curiel para ELD.

–Me encanta cuando caes rendida con la novela de un autor que desconocías y surge ese afán por leer todo lo suyo. En ello estoy después de su Trigo Limpio y me consta que no soy la única. ¿Le da esto tanto subidón como el premio de la novela?

Me trae muchísima alegría, porque yo, como lector, también soy de los que, cuando descubre con fascinación una obra de un autor, salgo a la caza del resto de sus libros. Me vuelvo obsesivo. Donde encuentro asombro, me quedo un tiempo a vivir y a imaginar.

–Con pandemia y todo, ¿cómo lleva la promoción? Hay escritores que dicen que es un momento agotador.

La llevo con muchísima ilusión. Me permite hablar sobre el libro con los lectores, y esa es una de las fases que más me gusta de todo el proceso. El contacto con periodistas y lectores abre nuevas ventanas en mi manera de acercarme a mi propio libro. Es desconcertante y, a la vez, revelador. Si yo fuese el narrador de mi novela, diría que descubro nuevos pasadizos de conexión.

–Es profesor de literatura. Tengo curiosidad por saber de la reacción de sus alumnos con su premio. ¿Qué le han dicho, qué le preguntan?

Los alumnos en las alegrías son pura emoción. Muchos se han entusiasmado casi como si hubieran escrito algún capítulo de la novela. Han sido muy generosos en sus felicitaciones. Para mí es importante, paso mucho tiempo con ellos. Constituyen una parte indisociable de mi vida.

–Voy a aprovechar. Me interesa saber si es cierto que los jóvenes de nuestro país leen tan poco. Claro, dentro de lo poco –comparado con el boom de publicaciones– que ya se lee en cualquier franja de edad.

Leen muchísimo. Otra cosa es que en ese muchísimo la literatura tenga un papel, en ocasiones, anémico. No nos alarmemos con los jóvenes. Es algo que afecta a cualquier franja de edad. Y ahí sí hay que alarmarse. No obstante, reconozco que tengo alumnos que leen con voracidad sagas, libros de poemas, historias que conocieron a través de series,  cómics que primero fueron novelas, volúmenes de aforismos que emplean para acompañar sus fotografías… El futuro no es tan desolador como a veces se dibuja.

–¿Le gustaría dedicarse sólo a escribir?

No lo tengo claro, la verdad. Lo que me gustaría es disponer siempre del tiempo necesario para escribir con rigor y entusiasmo. Por ahora ha sido así y creo que lo mantendré. Eso no quita que tomarme algún tiempo para dedicarme a la escritura en exclusiva sí se presente como un proyecto interesante.

–¿Qué siente ahora por sus obras anteriores? Tengo entendido que publica desde los 17 años. ¿Ve de forma clara que Trigo limpio tiene mayor calidad?

Cada obra es una pieza fundamental en el engranaje. He recorrido un camino tranquilo. Lo de ahora no se puede explicar sin lo de antes. Es un proceso en el que uno a veces se siente confuso y perdido, pero otras, en cambio, convencido e iluminado. Ambas fases son necesarias en la tarea de escritura. Con cada una de mis obras he descubierto algo. Y he aprendido que me quedaba mucho por aprender. En esas estoy aún.

–Para derrochar tanto humor, esta novela es muy seria. Supongo que se ha divertido escribiéndola, pero habrá sudado un poquito en el proceso, ¿no? Es compleja, tiene mucho mérito lo que ha hecho en Trigo limpio. Al menos, así lo veo yo. 

Como bien apuntas, he disfrutado mientras la escribía, pero le he dedicado mucho tiempo y muchísimo esfuerzo. Para que el lector tenga la sensación de que la maquinaria de la novela distribuye con naturalidad el movimiento, el escritor ha tenido que hacer previamente el trabajo más ingrato, ha debido enfrentarse a la desorientación y ha lidiado con una mirada minuciosa que, a veces, te lleva a la sensación de que la tarea no va a acabar nunca.

–Me gustan las historias que rinden tributo a la literatura. ¿Se ha quedado satisfecho con el trabajo que ha hecho en este sentido? Ha ilustrado de forma magnífica la veneración a los libros (qué maravillosos pasadizos…)

Estoy francamente satisfecho. Llevaba años dándole vueltas a la idea de escribir algo que reflejara mi amor por esas lecturas que me han fascinado. Creo que el libro refleja el respeto y entusiasmo con el que vivo la literatura. Y ese respeto y entusiasmo es compartido por muchos lectores.

–¿Fueron esos libros los que le empujaron a escribir? También sé que su madre era una gran contadora de historias. Cuéntenos, ¿Cómo ocurrió todo?

El primer recuerdo que tengo de un libro que me aproximara a la idea de escribir fue La peste, de Albert Camus. Luego vinieron muchos más que convirtieron esa idea en determinación. Y en ese camino mi madre tiene un papel nuclear. Su manera de contarnos el mundo, de mantenernos a salvo de los peligros, de doblegar la realidad para ajustarla a sus pequeños propósitos es probablemente una de las semillas de mi literatura.

–Las manías, paranoias, obsesiones..., en su última novela se relata el proceso mental y de creación del escritor. Supongo que habrá mucho de usted en Trigo limpio.

Por lo que he escuchado últimamente, menos de lo que el lector se imagina. Pero, en cualquier caso, es algo que me resulta atractivo, porque creo que generando ese espacio de confusión el lector tiene opciones de acceder a un espacio de encantamiento. Y de eso, en parte, va la lectura.

–Con respecto a las manías. ¿Alguna sobre espacios físicos y tramos horarios de escritura preferidos o cualquiera que le apetezca contarnos?

Cuando estoy en pleno proceso de escritura, mi horario y el espacio que ocupo son siempre los mismos. No hay excepción: comienzo a las cinco de la mañana y trabajo en mi escritorio. A las ocho aproximadamente acabo. No vuelvo a sentarme hasta el día siguiente.

–Cuando se enreda mentalmente con una trama, ¿cómo lleva su rutina de no-escritor? ¿O es de los que sabe despejarse cuando no es el momento?

Cuando termino la escritura diaria, procuro no pensar demasiado en la historia. Sé que es especialmente complicado, por no decir que a veces es imposible. Pero esa desconexión momentánea me trae descanso y alivio. Hay que mantener la obsesión a raya. No es buena compañera en determinadas fases del proceso de escritura.

–¿Cómo es el Juan Manuel Gil lector? ¿Han variado sus gustos con el tiempo o sigue buscando lo mismo?

Claro. Han variado. Los gustos también progresan de un modo natural. Se ensanchan. Te catapulta a nuevos espacios. Si eso no se produjera, en mi caso supondría una caída vertiginosa en el aburrimiento. Y eso es lo peor que le puede pasar a uno.

–¿Tiene autores extranjeros favoritos?

Tantos que no me atrevo a aburrir a nadie con una interminable enumeración.

–Si es de los que releen, ¿hay alguna obra a la que vuelva? ¿Por qué?

Siempre vuelvo a El Lazarillo, a casi todo Cervantes, a San Juan de la Cruz… Tengo la impresión de que ya está todo ahí. Siempre que los releo tengo la sensación de descubrir nuevos planos, nuevos pasadizos. Supongo que algo tiene que ver mi formación como filólogo y mi labor como profesor.

–En blogs y páginas como la nuestra hay auténticos amantes de la lectura. Nos apasiona comentar, analizar y compartir lo que hemos sentido aunque no seamos críticos profesionales. ¿Qué opina de estos espacios?

Son espacios necesarios. Los he frecuentado y sigo haciéndolo. Muchísimos de ellos toman impulso en el rigor, en la pasión, el talento y en la generosidad. Yo mismo creé un blog donde comentaba mis lecturas y publicaba mis textos a medio camino entre la ficción y la realidad. Cumplen una labor valiosísima.

–¿Cómo ha sido su experiencia con las editoriales antes de Trigo limpio? Personalmente valoro y mucho el trabajo y las apuestas de Seix Barral. ¿Ha cambiado su opinión sobre el desconocido mundo de las editoriales aunque se hable tantísimo de ellas?

Mi experiencia con mis editoriales anteriores ha sido francamente buena. En algunos casos diría que extraordinaria. El Gaviero Ediciones forma parte de mi corazón. Y Expediciones Polares sigue siendo una fiesta interminable en mi trayectoria literaria. He aprendido mucho con ellas. En cuanto a Seix Barral, solo puedo decir que está formada por un equipo de profesionales extraordinario. Me hacen sentir como en casa. Y eso hace más serena y estimulante la tarea de seguir escribiendo.

–Por supuesto y que no falte la consabida pregunta: ¿hay algún plan después de Trigo limpio? ¿Tiene ahora más seguridad que miedo por superar el listón?

Mi plan perfecto es seguir madrugando para seguir escribiendo. No me preocupa el miedo, los listones altos, la presión, la inseguridad… Me preocupa que el despertador suene a las cinco de la mañana.

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