García, Olalla – Entrevista

Nació en Madrid. Antes de instalarse en Alcalá de Henares residió en otros puntos de la geografía española como Castellón, Alcázar de San Juan y Cartagena. También ha vivido durante algunos periodos en varios países europeos.

Es licenciada en Historia, traductora (habla cinco idiomas) y profesora de literatura.

La novela histórica centra el grueso de su trabajo literario. La última es El taller de los libros prohibidos. También ha publicado ensayos históricos.

Entrevista realizada por Begoña Curiel para ELD.

Unir sus dos pasiones, literatura e historia juntas, debe ser una satisfacción impresionante, ¿no?

Claro que sí. Por eso escribo, sobre todo novela histórica, porque me permite conjugar esas dos grandes pasiones.

–¿La afición y gusto por una y otra empezaron a la par; una llevó a la otra? ¿Cómo comenzó todo?

La escritura vino primero. Escribo desde niña, y en la infancia gané varios certámenes literarios, alguno de ellos a nivel nacional. Luego, en la adolescencia, descubrí lo apasionante que es la historia. Pero no empecé a reunirlas las dos hasta más tarde, cuando estaba cursando la carrera de Historia en la universidad.

–¿Es una escritora de musas o la planificación es ante todo lo primero?

Antes de ponerme a escribir tengo muy clara la línea argumental principal y el conjunto de los personajes. Pero cuando empiezo a desarrollar la trama surgen situaciones que pueden (y suelen) desviarme del planteamiento inicial. Si veo que son positivas para la novela, las incluyo y me voy adaptando.

–¿Alguna manía, ambiente u horario determinado e ideal para ponerse a trabajar?

No. Tengo mi rincón de trabajo organizado como a mí me gusta, claro. Pero soy capaz de escribir en casi cualquier sitio. De hecho, como en la familia somos muy viajeros, todas mis novelas tienen partes redactadas en diferentes países (o incluso en diferentes continentes).

–¿Qué contenidos son los favoritos en sus lecturas; la historia sobre todo o no tiene por qué?

Me gusta mucho leer ficción, pero para documentarme necesito el ensayo histórico, así que mis lecturas son una mezcla de ambas cosas.

–Su última novela es todo un homenaje al libro con mayúsculas, en la época donde resultaban tan mágicos como peligrosos. Cómo observa usted –en el complejo mundo editorial de nuestros días– la realidad del libro como “objeto” representativo de cultura y conocimiento. ¿Qué ha perdido y qué ha ganado?

En el siglo XVI, que es donde se desarrolla la novela, el libro era percibido como una forma de arte, pero también como algo muy poderoso, por su extraordinaria capacidad para difundir ideas y enriquecer las mentes. Esas dos cosas siguen siendo ciertas hoy en día, pero creo que hemos perdido la capacidad de percibirlas.

–El trabajo de documentación ha debido ser apasionante para “El taller de libros prohibidos”. Pero, ¿este recorrido le ha supuesto problemas en esta u otras novelas? Me refiero a que en la búsqueda se tropiece con datos e historias igualmente interesantes que cambien o trastoquen de forma importante la historia que quería contar.

Sí, claro que pasa. Por ejemplo, mi primera idea para “El taller de libros prohibidos” era ambientarlo a principios del siglo XVI. Pero mientras iba documentándome me di cuenta de que la historia resultaría más interesante si la trasladaba a la época de Felipe II y el Inquisidor General Valdés. En este periodo, el de la Contrarreforma, la censura alrededor del mundo del libro alcanza cotas elevadísimas. La vigilancia de la Corona y la Inquisición era casi asfixiante. El Índice de Libros Prohibidos de Valdés, por ejemplo, es el más restrictivo de todos los tiempos.

–Qué libro lee en estos momentos.

Me estoy documentando para mi próxima novela, así que no puedo hablar de mis lecturas. El proyecto está en desarrollo…

 –¿De qué libro (o libros) quedó enamorada para siempre?

Mi primer gran amor literario fue La Historia interminable, de Michael Ende. De hecho, he vuelto a leerla hace poco y me sigue resultando fascinante.

–¿Es un lector más crítico cuando es escritor? ¿Sigue acercándose a la lectura exactamente igual que cuando no se dedicaba a ello?

La experiencia siempre nos vuelve más críticos. Y eso es algo estupendo. Yo soy escritora, pero también traductora literaria y profesora de literatura. Todo eso hace que cuando leo un libro lo enfoque desde una perspectiva global, por así decir, abordándolo al mismo tiempo desde varios niveles de lectura.

–La traducción es otro de sus trabajos. Una tarea por desgracia muchas veces no reconocida…

Efectivamente. Y es que el trabajo del traductor encierra una gran paradoja en sí mismo. Un buen traductor siempre pasa desapercibido, porque solo deja oír la voz original del autor. El gran reto consiste en que el lector no se dé cuenta de que está ante un libro traducido, y eso significa desaparecer.

–Aunque la novela histórica conforma la mayor parte de su obra, ¿tiene retos diferentes en otros terrenos, algo que le da vértigo pero que desea hacer, alguna biografía que sueña con escribir?

Tengo la gran suerte de escribir lo que quiero, de tratar en cada novela los temas que me interesan o me preocupan. Casi todos se pueden plantear a través de la novela histórica; además, la mezcla de la visión cultural propia de otra época contrapuesta a la actual del lector suele ser muy enriquecedora. Pero una de mis novelas, “En tierra de Nadie”, transcurre en el mundo editorial contemporáneo, porque la historia que quería contar solo es posible en el momento actual.

–Tengo la impresión (puede que esté equivocada) de que la novela histórica se asocia a contenidos complejos, aunque no sea así. Puede que dependa de la (des)proporción entre el peso de la Historia y la calidad narrativa de la obra en cuestión. Qué opina al respecto.

Hay muchos autores, y cada uno tiene su forma de abordar la narración. Y lo mismo pasa con los lectores. Yo, por ejemplo, doy mucha importancia a la voz narrativa, cuido mucho la forma y el lenguaje (la calidad); pero también cuido mucho la ambientación (el peso de la Historia) y busco un ritmo narrativo que resulte interesante. La mayoría de las reseñas que leo sobre mis obras me llevan a pensar que he hecho un buen trabajo al respecto.

–Una pregunta que repito mucho: ¿se lee tan poco en España como dicen las cifras?

En España se lee mucho menos que la mayoría de los países europeos. Eso es un hecho. Yo, que viajo mucho por Europa, puedo dar fe de que es cierto.

–Para iniciarse con Olalla García, ¿qué libro suyo recomendaría?

Pues “El taller de libros prohibidos” está teniendo una acogida espectacular, así que me parece un sitio estupendo por el que empezar.

–¿De qué obra se siente más satisfecha?

¡Qué difícil! La verdad es que me siento satisfecha de todas. Todas llevan detrás un gran trabajo, y en cada una me he planteado retos que he conseguido superar. Todas me han dado muchas satisfacciones y son hijas mías por igual.

–Las redes sociales son un hervidero desde hace tiempo donde autores y lectores contactan a veces de tú a tú. Es un salto importantísimo sobre todo para el admirador del escritor/a en cuestión. ¿Qué le aporta a usted?

Para mí suponen una posibilidad de acercamiento a los lectores y a sus opiniones, algo que me parece muy importante. Por eso intento mantenerme activa en redes… aunque, claro, eso quita tiempo a la escritura, así que hay que buscar un equilibrio.

–¿Qué comentario y/o crítica de cualquiera de sus novelas ha resultado más entrañable o válido para usted?

Para mí son válidos todos los que resultan constructivos (dejando claro que una crítica constructiva no tiene por qué ser positiva, y viceversa). Pero luego hay otras que te tocan el corazón. Recuerdo que una lectora me escribió un correo electrónico para contarme que había pasado una temporada muy mala por motivos de salud, que había estado ingresada en el hospital y que una de mis novelas había sido de gran ayuda para superar ese bache tan terrible. Eso me conmovió, y mucho.

–Dicen muchos autores que cuando terminan su novela, se quedan vacíos, se tienen que despedir de su historia y personajes. Un adiós que algunos califican de doloroso. Cuéntenos. Cuando termina el proceso de corrección y todo está listo para las galeradas, ¿qué siente? ¿O cada trabajo es distinto?

Sí que es duro decir adiós a todo eso. Por lo menos, en mi caso. Lo bueno es que cuando el libro se publica, los comentarios y reseñas te hacen revivir la historia y volver a encontrarte con los personajes.

–¿Disfruta o sufre durante el proceso creativo? Hay autores para todos los gustos.

Un poco de todo. La escritura es un trabajo exigente, que requiere de mucha dedicación, esfuerzo y constancia, así que algo de sufrimiento sí hay, para qué negarlo. Pero, sobre todo, disfrute. Si no, no estaría haciendo esto.

–¿Cuál ha sido y es su relación con las editoriales? Es innegable que para muchos esta parte del camino ha sido un quinario. Y no todos lo consiguen. Cuéntenos… ¿Cuándo hay que tirar la toalla?

La relación entre un autor y sus editores implica negociaciones. Siempre hay un tira y afloja, exigencias por una parte y por la otra… Pero hay que tener en cuenta que los intereses de los escritores y los editores convergen en la mayoría de los casos. Yo siempre he contado con editores que han sabido apreciar mis manuscritos y la cantidad de trabajo que había en ellos. Mi relación personal con las editoriales siempre ha sido buena… y esperemos que siga así.

–Otra cuestión que no puede faltar. Tras esos “libros prohibidos”, ¿qué tiene en el tintero?

El proyecto está en desarrollo, así que no puedo decir mucho. Pero sí que se trata de una novela histórica y que está ambientada en la primera parte del siglo XVI, en un periodo convulso y muy interesante.

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