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García Cerdá, Salvador – “El tesoro de la Cueva del Divino (Sella): ¿Leyenda o realidad?”

Publicado el 4 de marzo de 2020


"Una ventana al pasado": por Salvador García Cerdá

Hoy, El tesoro de la Cueva del Divino (Sella): ¿Leyenda o realidad?

Esta es la historia que se ha ido transmitiendo oralmente hasta nuestros días.

Sella es un pequeño pueblo de la provincia de Alicante perteneciente a la comarca de la Marina Baixa, situado al pie de la sierra de la que ha tomado el nombre, que a su vez es una estribación de la emblemática sierra Aitana. Sus calles son estrechas, con cuestas muy empinadas para salvar los grandes desniveles que hay entre las mismas. En el centro del pueblo está la Plaza Mayor, que no es una plaza convencional, cuadrada, porticada, etc., sino que es una calle más ancha que las demás donde se encuentran la iglesia, el palacio, el Ayuntamiento, en definitiva, el centro neurálgico de la localidad.

El pueblo, actualmente, es muy pequeño pues no alcanza los 600 habitantes, aunque en épocas pasadas llegó a tener más de 2000, pero la expulsión de los moriscos por el rey Carlos III en el año 1609 lo dejó prácticamente deshabitado, siendo necesario traer gente para repoblarlo, principalmente de Aragón y Mallorca. La despoblación trajo la ruina al pueblo y su comarca, pues las actividades agrícolas y ganaderas, que eran las únicas fuentes de ingresos, quedaron totalmente abandonadas.

Sella está asentada sobre un montículo en la confluencia de los barrancos del río les Voltes i del río Arc. Este río, el Arc, da nombre al valle que desde el pueblo se prolonga en dirección este, hasta el término de Benimantell, siguiendo la falda sur de la “Penya de Sella”. Aproximadamente, en la mitad del valle se encuentra el “Penyó del Divino”, que se trata de un macizo calcáreo de forma piramidal, con cortados verticales lisos de más de 300 metros, que hoy son un paraíso para los alpinistas y donde varios años se ha disputado el campeonato  europeo de escalada. Al pie del citado  macizo se encuentra una cueva, que tomó el nombre del mismo “Cova del Divino” que desde siempre ha sido utilizada como refugio de pastores y cazadores.

Como otros muchos pueblos, en los siglos XVI, XVII, XVIII y parte del XIX, Sella estaba gobernada por un señor feudal, en este caso por el Barón de Sella, al cual rendían vasallaje todos los habitantes y al que tenían que pagar los abusivos impuestos a que estaban sometidos. El barón vivía en el palacio de la plaza que era un edificio señorial lindante con la iglesia y que tenía adosada una torre almenada, bastante más alta que el resto de los edificios, de donde podía contemplar la mayor parte de sus dominios y especialmente el paraje de “les Forques”, que es donde eran ahorcados  los que no se sometían a su tiránica autoridad.

En la segunda mitad del siglo XVIII, un descendiente de los repobladores de Sella, “el tío Toni Giner”, se desplazó a Alicante a vender las frutas recolectadas en la fértil finca que  habían asignado a su familia en el “Barranc del Arc” que, por la abundancia de agua y el clima benigno que disfrutaba, se había convertido en un vergel.

Terminada la venta fue a comer al bar donde acostumbraba a hacerlo siempre que iba a Alicante, y después del saludo protocolario con el dueño, le preguntó por otras personas de Sella a las que conocía. Al oír la palabra Sella, dos clientes que estaban comiendo en otra mesa, levantaron la cabeza y prestaron más atención a lo que decían. Al finalizar la comida se acercaron a la mesa del “Tío Giner”para indagar si conocía Sella, y si sabía dónde estaba el “Barranc de l’Arc”; la respuesta a ambas preguntas fue afirmativa, añadiendo que allí era además donde él vivía.

Ya en la sobremesa y animados por unos vasos de vino, estas dos personas, que tenían rasgos morunos, le explicaron que sus antepasados habían vivido allí y que a ellos les encantaría pisar las tierras que habían pisado sus padres y abuelos. El “Tío Giner” les indicó el camino que deberían seguir y se comprometió a acompañarles si alguna vez se decidían a ir.

Transcurrieron algunos meses hasta que un atardecer llegaron a la puerta de su masía los dos personajes que había conocido en Alicante, les presentó a su mujer, invitándoles a cenar y  puso a su disposición cama para pasar la noche descansando, con la promesa de que el día siguiente les acompañaría adonde ellos quisieran. Después de cenar se quedaron hablando alrededor de la chimenea bebiendo vino y cuando la mujer de Giner se retiró a dormir sacaron unos papeles y le preguntaron  si sabía leer, a lo que él les contestó que no, que nunca había tenido la oportunidad de aprender. Entonces, le pidieron que les alumbrase con el candil para que ellos pudiesen leerlos y así lo hicieron. Pero el Tío Giner” que sí sabía leer, enseguida interpretó los papeles, y vio que se trataba de un mapa donde se indicaba la ubicación de un tesoro que habían ocultado los moriscos cuando fueron expulsados. El lugar era la Cueva del Divino.

A partir de ese momento aumentaron los vasos de vino y puede ser que también de otras sustancias, lo que hizo que los visitantes se sumieran en un profundo sopor y que rápidamente se quedaran dormidos. El “Tío Giner” sin perder tiempo cogió las caballerías y se encaminó al lugar que indicaba el plano y, efectivamente, sin mucho esfuerzo, localizó el tesoro, lo cargó en las mulas, lo ocultó, y antes de amanecer ya había regresado a su casa, donde se acostó y donde sus “invitados” seguían durmiendo.

Cuando se levantaron, aún con dolor de cabeza por la resaca, desayunaron y comentaron la borrachera de la noche anterior, despidiéndose efusivamente, agradeciendo la hospitalidad del matrimonio, e indicando que seguirían el viaje por su cuenta.

Para no preocuparla no le dijo nada a su esposa, pero al atardecer volvieron a presentarse los dos viajeros y le reclamaron el botín. Él se mostró muy extrañado y les dijo que no sabía de qué hablaban, pero empezaron a pegarle para que soltase la lengua. Luego, cogieron a la mujer y la torturaron para que confesase, pero ella nada podía confesar pues nada sabía. Cansados, centraron las torturas en el marido dándole varias palizas sin que él nada declarase. Le colgaron por los pies azotándolo, pero siguió negándolo todo. Entonces, le pusieron las manos dentro de las brasas del fuego quedándole totalmente deformadas, pero él resistió el dolor y se mantuvo en silencio. Ante todas estas torturas tuvieron que admitir, que muy a su pesar, decía la verdad.

Durante dos largos años el Tío Toni Giner estuvo curándose las heridas y reponiéndose de las palizas, al igual que su mujer, no comentando absolutamente con nadie el motivo de sus desgracias. Cuando ya estuvo bien se notó que iba cambiando  su situación y empezó a comprar las fincas colindantes a la suya hasta que llegó a ser dueño de todo el Barranc de l’Arc.

Su poder fue aumentando y cada día hacía más ostentación de su riqueza lo que le llevó a enfrentarse al barón. Para provocarlo se hizo construir una gran casa en la plaza, justamente enfrente del palacio, pero más alta que la torre, por lo que le privó de las privilegiadas vistas que disfrutaba y sobretodo de la del paraje de les Forques, por lo que ya no podía ver los ajusticiamientos. Además dejó de pagarle tributo, contribuyendo con ello al empobrecimiento de la baronía y a su decadencia.

Aunque Giner llevaba una vida austera, sus descendientes hicieron una exagerada ostentación de riqueza, sobre todo su hija Elvira, hasta el punto de que para ir a la iglesia, distante de su casa unos cincuenta metros, utilizaba una litera llevada por cuatro hombres. Y sus excentricidades fueron famosas en todo el reino de Valencia.

Su inmensa riqueza le convirtió en una de las personas más poderosas de su tiempo, pasó de ser el Tío Toni Giner a ser el senyor Toni Giner y se hicieron eco de su vida y de sus actos tanto la prensa local como la provincial y la nacional.

En lo referente al tesoro, según los comentarios, debió de ser muy importante, ya que se dice que en su traslado se deslomaron dos mulas. También decían los más viejos que lo escondió en el corral de la masía haciendo un hoyo profundo en el estiércol y fue colocando, alternativamente, capas de piezas del tesoro y capas de higos secos para que no se estropeasen.

En cuanto a las torturas, he de comentar que actualmente en Sella se habla del “grapaet del senyor Toni Giner” (el puñadito del señor Toni Giner) cuando alguien da alguna cosa en muy poca cantidad. Según dicen, es debido a que cuando se enfrentó al barón para desacreditarlo ayudaba a la población entregándoles víveres, simientes, etc., pero debido a que tenía las manos deformadas la cantidad que daba en cada puñado era muy pequeña.

La casa que se construyó en la plaza todavía existe, se partió entre dos de sus herederos, una parte ha sido, hasta tiempos recientes, la oficina de la CAM, hoy Banco Sabadell y ahora está en venta. En la otra parte se montó un bar y el que suscribe este escrito la compró para la Unión Musical La Aurora y es donde tiene su sede.

En la última planta de la casa había un baúl que tenía uno de sus picos quemados y decían que era uno de los que contenía el tesoro, que estaba enterrado en la cueva, tan a ras del suelo, que se quemó al hacer fuego los pastores encima de él.

Su hija Elvira viajó a Valencia para embarcarse en el globo de Milán, con el que hizo un largo viaje, lo cual resultaba bastante extravagante para su época y salió reflejado en los medios de comunicación, dando lugar también a la letra de una canción que las personas mayores solían cantar.

En cuanto a la baronía, sigue en vigor. Actualmente es la hija menor del último barón, que reside en París, quien ostenta la baronía de Agres y Sella,  pero solo tiene el título, sin nada de patrimonio, ya que su antecesor Don Juan de Calatayud  murió totalmente arruinado. Algunos dicen que se suicidó, y su viuda vendió el palacio. Pero antes causaron muchos destrozos en el artesonado del techo buscando el tesoro de sus antepasados. Fue comprado por un vecino del pueblo para montar un bar. Hoy es propiedad de sus cuatro hijas, una de las cuales tiene una cafetería en Alicante, en la calle doctor Sapena.

Pero lo que sí es histórico es la implicación política del Sr. Giner, el cual se decantó por la causa liberal apoyando con hombres y económicamente a Pantaleón Bonet cuando el alzamiento liberal de Alicante del año 1844. En su huída, Bonet fue apresado en el Racó Ample, en el camino que va de Relleu a Sella, cuando iba a refugiarse en la masía del Señor Toni Giner para posteriormente trasladarse a Benidorm, donde tenían preparado un barco para huir a África. Bonet fue encarcelado en Sella y más tarde trasladado a Alicante donde fue juzgado, condenado a muerte y fusilado en el Paseo de los Mártires de la Libertad.

El Sr. Giner fue juzgado en Villajoyosa y su mujer tuvo que pagar una  cantidad de dinero astronómica para evitar su entrada en prisión.                                         

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