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Espinosa, Cristina – “Entrevista póstuma a Mario Benedetti”



Ante todo, le agradezco que me haya concedido esta entrevista. Sé que está usted muy ocupado intentando adaptarse a su sitio en la inmortalidad. Por eso voy a comenzar con esta pregunta: ¿Echa usted de menos su vida terrenal? De a momentos sí.  ¿Cómo no voy a echar de menos a mi gente, al paisito y, sobre todo a Luz, mi mujer?  Eso no significa que aquí me traten mal, ni mucho menos, sólo es que no estoy seguro de que éste sea mi sitio.

¿Eso significa que no se ha acostumbrado aún a vivir entre los grandes?  Algo de eso hay. No se olvide que aquí me he encontrado con Virginia Wolf, con Cortázar, con Saramago y con tantas glorias inmortales de la literatura, que a su lado me siento muy pequeño. Yo nunca imaginé pertenecer a este universo.

Permítame decirle que quizás peque usted de demasiado modesto, don Mario. Seguro que sus lectores estarán de acuerdo con el posicionamiento que ha alcanzado. Y…a propósito de lectores, muchos se preguntarán cómo puede hacer un escritor para llegar a todo el público por tantos años y que lo sigan estimando y queriendo. Esa pregunta yo también me la hago. Quizá se deba a que mi escritura es bastante clara y sencilla y eso a la gente le llega. Por otra parte, son muchos años de trabajar, de observar el mundo que me rodea y sobre todo de paciencia, mucha paciencia.

¿Y usted ha tenido esa paciencia de la que habla ¿Fue así desde sus comienzos? Sin ella no hubiera llegado adonde estoy. Fíjese usted que yo vengo de una familia muy humilde, con problemas económicos. Tenía que compaginar mis ganas de escribir con los diferentes trabajos que desempeñaba. Tardaba mucho tiempo en terminar un poema porque no me alcanzaban las horas del día. Además, las editoriales rechazaron mis siete primeros libros y recién me publicaron el octavo, así que imagínese usted si habrá que tener paciencia.

Siempre se ha definido como poeta, antes de novelista o ensayista. ¿Piensa que la poesía puede aportar algo a la sociedad en la que vivimos? Sensibilidad y, por favor, escríbalo usted bien grande: S-E-N-S-I-B-I-L-I-D-A-D.

¿O sea que usted cree que la sensibilidad se ha perdido en nuestra sociedad actual? No le voy a negar que el estado de nuestra sociedad actual me deprime, pero a veces esa misma sociedad te ofrece un pedacito de alegría y por ahí se cuela la sensibilidad. Quizás la pobre esté un poco mareada con tantas idas y venidas, pero está ahí, hay que buscarla pero está.

¿Es consciente de que muchos de sus poemas han sido el inicio de un romance? Sí, claro, lo soy.  De hecho, durante algunas conferencias se me han acercado parejas que me han contado que se habían conocido por alguno de mis poemas. Y eso sí que produce satisfacción.  Todo lo que se haga a favor del amor me parece fantástico.

Dejemos un poco la poesía y hábleme usted de su vida en el exilio.  Sabemos que tuvo que abandonar el Uruguay por razones políticas y buscar refugio en otros países como Perú, México, Cuba y España. ¿Qué influencia ha tenido en su escritura la vida en el exilio? Mucha. Cuando uno no elige el irse, el exilio tiene cosas muy malas, pero a la vez cosas interesantes como otras historias, otras culturas y, a veces, otra lengua.  Diría que uno madura de otra manera.  Y, contestando tu pregunta, yo seguí escribiendo sobre montevideanos de clase media, pero esta vez, exiliados.

Entonces, ¿no siente rencor por ese pedazo de vida que le sacaron? Desde luego hubiera preferido no tener que pasar por el exilio pero, como ya le comenté antes, ha terminado siendo enriquecedor. Y eso borra todas las posibilidades de rencor, que, en definitiva, sólo le hace daño a uno mismo. Otra cosa es el olvido, pero ése no creo que llegue nunca.

Cuando volvió a vivir en Montevideo, usted inventó la palabra “desexilio” para describir la sensación del regreso. ¿Cómo vivió usted ese desexilio?  ¿Se termina alguna vez? Cuando volví al Uruguay, el paisito no era el mismo que yo había dejado y tampoco el que yo imaginaba que iba a encontrar. Tuve encuentros felices, otros más desgraciados, encontré sorpresas, huellas de la dictadura, en fin, un poco todo lo que hemos vivido los desexiliados. ¿Si se termina alguna vez? Sinceramente, creo que no.

La nostalgia y la contranostalgia de la que tanto nos habla en sus escritos, ¿verdad? Exacto. Afuera, uno se siente ajeno y añora lo que dejó. Cuando regresa, también se siente exiliado porque uno ha cambiado,  también el país ha cambiado y entonces echa de menos el país que lo acogió. Hay sentimientos encontrados, nunca se vuelve a ser el mismo.

Uno de sus libros lleva por título “La vida, ese paréntesis”.  Usted ya ha cerrado ese paréntesis.  ¿Hay cosas de las que se arrepiente, algo que hubiera querido hacer de manera diferente? ¡Por supuesto! Precisamente ahora que, como usted bien dice, ya he cerrado mi paréntesis, tengo la posibilidad de analizar mi trayectoria. Le aseguro que hay muchas cosas de las que me arrepiento y que me hubiera gustado hacer de manera diferente.  Lástima que ya sea un poco tarde, je,je, je.

Usted siempre tan auténtico, don Mario. Y tan valiente. Pocos entrevistados habrían aceptado el haber cometido fallos. Y, dígame, entre esos errores, ¿se encuentra su participación en política?  No le quepa duda. Yo no me arrepiento ni reniego de mi posicionamiento político, pero sí de haber sido dirigente político.  Personalmente, creo que puedo ser más útil a la sociedad a través de la escritura.

¿Por eso la abandonó tan rápidamente? ¡Por eso!

De todas formas, ¿cree que la literatura debe tener un compromiso político? No necesariamente. Lo fundamental es que sea buena literatura. Pero entonces, si al autor le afecta como ciudadano lo que sucede en su entorno, eso se refleja en lo que escribe. Para mí la política era importante y eso se reflejó en mis libros.

Cuando se habla de usted, la gente no sólo se refiere a su obra sino que destaca también su compromiso como ser humano generoso y solidario.  ¿Cómo prefiere que lo recuerden, por obra o por vida? Creo que son dos cosas que no se pueden separar. Mi obra es producto de mi condición humana y lo mejor que me pudo haber pasado en la vida es que lo que escribí haya tocado el corazón de la gente.

Si me permite opinar, yo creo que, como usted dice, se lo recordará por ambas cosas. Ha sido un placer enorme entrevistarlo. Muchísimas gracias. Le deseo una eternidad sin sobresaltos.  Gracias a usted.

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