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“En tiempos de Cosecha” – Luis Ramírez Bustamante

Publicado el 5 de junio de 2021


Cuando miro los tenues colores de marzo, un solecito que luce floreado, cuando aprecio con gusto los vientos, delicados aullidos de un viento solano, cuando surgen del fondo de un baúl enterrado, las rosas, claveles, jazmines, manzanos, cuando semillas prodiga mi tierra, acariciada por manos de labradores que entregan, su vida a escribir alimentos en praderas, en grises praderas, mientras yo escribo los olvidados sentimientos que relean las generaciones venideras, cuando perece el ocaso de un frio en inviernos y retoñan las hiedras con furor en las tierras sempiternas, suspiro aliviado, me emociono y me canso, de ver la faena de abejas que saltan de ramo en ramo, cándido tiempo para vivir, para mirar de reojo a una dama en abril, me inspira a escribir, me inspira a vivir, estaciones de luces divertidas sin fin. Ojalá no muriesen los tiempos de cosecha, ojalá las verduras las expulsara mi tierra de enero a diciembre, en rueda perpetua. Ojalá para siempre algún mágico inventor de quimeras instalaciones, un Melquiades resucitado, en un Macondo mágico entregase, como premio por la eternidad otorgada a su memoria, algún implemento que eternizase el movimiento de las cosas, así mi amor por los colores y las cosas, por la botánica y la llanura, por la patria y la penumbra de las casas en las noches descubiertas de mi vecindad oscura, así mi pasión por el olor a mastranto, por el chacal de los llanos, por las vacas ordeñadas, por la vida del campesino que es paisano, así mi deseo de resucitar ante el día, mi trabajo, mi faena, así mis páginas sin vida, así lo porvenir y el pasado fenecido entre los días anotados en calendarios arruinados, así la muerte y la vida, se fundirán en mí, así sería eterno, sería un joven que visitase hasta el fin, cada raíz, cada rama, cada hormiga, cada hojita de palma. Que dicha tiene el obrero, al ver las tardes, su anhelo, cubierta de maíz tierno, de yuca, ñame, papa y frijoles explotando aquí y allí. Que dicha como la madre, tierra, legumbres pare. Oh, aunque el mundo humano expirara, un recuerdo al polvo, conmigo me llevaría, aunque estas tierras no habitarán en mil centurias humanos, aunque el hombre se espaciase, en cavernas y hoyuelos fétidos, algo no se desterraría, de estos campos fértiles de vida, las cosechas de los árboles del Edén que es mi delicia, aunque el hombre y su brazo, no trabajase estos lagares, el vino de millares de ángeles, sería exprimido, por una civilización que revisase los cadáveres, de una novela impía, de un hombre que olvidarían, más la tierra quedaría, con el ciclo de la vida, nos sobreviviría, como mi amor por la casita, de mi madrecita mía.

Ya se escucha al labrador, con la hoz y su peinilla, ya el sol ha florecido, se me va la vida mía. Un año menos me queda, para descubrirme en vida. Si me muero y no degusto, una patilla bien fría, déjenla podrir al cielo, una ofrenda doy, si no diurna, en muerte, daré mis vísceras.

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