El viaje de Baldassare – Amin Maalouf

Reseña realizada por Begoña Curiel.

Lo que parece ser un viaje en busca en un libro se convierte en un periplo interior con el mundo como lugar de tránsito. Baldassare Embriaco, comerciante de sangre genovesa asentado en el Líbano termina convirtiéndose en un aventurero casi en contra de su voluntad. En el año 1666 se anuncia el final del mundo y la clave parece residir en las páginas de “El centésimo nombre”, el manuscrito que este hombre tranquilo y racional, perseguirá como si en ello le fuese la vida aunque las profecías no vayan con él.

El libro es el cebo del que “pica” el protagonista. Hasta el fondo. Sale con maletas y acompañantes y el viaje se torna una historia interminable entre Oriente y Occidente. El encuentro con personas y personajes van complicando lo que parecía ser una ruta con objetivo concreto. Porque Baldassare, hombre racional y aparentemente práctico, termina por perderse y encontrarse en un bucle personal agotador.

Si el lector se agarra a la simbólica metáfora podrá disfrutar. Si no, difícilmente encontrará sentido a esta historia que se me ha hecho demasiado larga. ¿Dónde va este hombre?, me preguntaba según avanzaba en la lectura. Él, tan descreído de apocalipsis tremebundas, tan deseoso de calma interior, termina embarcado en mares desconocidos y tierras donde las gentes con las que se relaciona consiguen confundirlo aún más. Puede que la conclusión final sea que cada viaje interior sea tan particular como el alma que lo echa a rodar. Puede incluso, que la confusión sea el único desenlace y que “los años de la Bestia” sean los que todos llevamos dentro de alguna manera.

La fórmula narrativa de Maalouf es un diario donde Baldassare deja constancia de hechos, sentimientos, actos y muchas dudas. Me costó engancharme a la historia. Después el monólogo interior del comerciante, hizo más llevadera la lectura. Pero, cuando comprendí que este viaje, no era solo la búsqueda de un libro sino el leivmotiv de la obra y veía pasar los días, se alargaban las semanas y mucho más…, me invadió una especie de cansancio lector. Fue el efecto contagioso de lo que parecía sentir el protagonista. Porque la importancia de este viaje no reside en el final, sino el camino que se hace al andar.

En esos pasos y caminar por el mundo, gentes, sociedades, culturas pensamientos, enfrentamientos ideológicos, culturales, religiosos, amores y desamores –que por supuesto los hay– Maalouf nos mete de lleno en el siglo XVII. Porque esta novela es también la binomio de la catástrofe y la esperanza que se unen el devenir de la Historia.

Baldassare será testigo y víctima de lo que encuentra a su paso. Y el libro-cebo será el hilo conductor que intenta arrastrar al lector. Yo me he bajado varias veces de este tren que no sabemos si tendrá o no parada final. Me he vuelto a subir. La lectura de esta novela ha sido un gráfico de altos y bajos, que sin embargo, no podía ni quería dejar, porque me interesaba conocer las respuestas. ¿Por qué, llegará, dónde está el final del viaje, será para algo este periplo,…?

Es una lectura muy interesante, donde queda claro que los conflictos humanos nunca se extinguirán por más que cambie la cara del mundo. Aunque busquemos cosas distintas, el ser humano continúa la búsqueda, la respuesta a los enigmas, filosofa mientras la vida le envuelve y… está claro, que nada garantiza un final concreto, definido y cerrado.

Como mensaje, esta obra es un acierto. Como lectura, no es un producto liviano y por tanto, no recomendable según el espíritu y momento de cada lector. Presiento que no era el mío.

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