El corazón de las tinieblas – Joseph Conrad

Análisis del personaje principal en El corazón de las tinieblas, de Joseph Conrad, realizado por Ramón Sanchis Ferrándiz.

En el libro de Joseph Conrad, El corazón de las tinieblas, tres amigos navegan por el Támesis en un bergantín, La Nellie. Uno de ellos, Marlow, que actúa como capitán y anfitrión, les narrará a sus amigos las experiencias vividas en un viaje a África.

Desde el punto de vista de sus amigos, el texto describirá a Marlow como un ídolo, como un hombre sincero, íntegro y comprensivo, como un hombre de mar, “…el cual tenía la fuerza de hacernos tolerantes para con las historias, e incluso las convicciones, de cada cual” (1).

A Marlow, personaje principal de la novela de Conrad, se le ofrece la oportunidad de entrar al servicio de una gran Compañía privada belga para ocupar el puesto vacante de capitán de embarcación. De este modo, se enrolará en una expedición que va hacia el río Congo, en busca de una Estación comercial situada río arriba, en el corazón de la selva. Allí se encuentra emplazado Kurtz, un agente del que no se tienen noticias y al que se pretende encontrar; un personaje muy inteligente y capaz, al que los rumores sitúan incluso como posible sucesor en la dirección de la compañía.

Marlow no es categórico en la manera de expresarlo, pero en la narración se pone de manifiesto la actuación interesada de los países europeos para esquilmar los recursos de las etnias y tribus más atrasadas, y más en concreto, las africanas. Al llegar su expedición a dichas tierras, Marlow comprenderá que a los nativos se les obliga a trabajar sin descanso, que son drogados y caen enfermos sin recibir ninguna atención, etcétera.

De este modo, Marlow, que desde su niñez mantuvo una visión idealizada sobre el papel de las naciones más civilizadas en estos parajes lejanos, se planteará si la colonización de otras tierras es lícita o no: “La conquista de la tierra, que más que nada significa arrebatársela a aquellos que tienen un color de piel diferente o la nariz ligeramente más aplastada que nosotros, no posee tanto atractivo cuando se mira desde muy cerca… “(2). No en vano, dirá irónicamente… “lo que nos salva es la eficiencia, la devoción a la eficiencia” (3), porque constata incluso que ni siquiera se cumple con ese ideal de la eficiencia cuando debe esperar tres meses a reparar su embarcación, por falta de unos “remaches” con que fijar el fuselaje.

Para avalar la colonización, la sociedad de su tiempo apelará a la baja calidad moral de estos pueblos, pretendiendo justificar así los métodos utilizados por los europeos y obviando la propia degradación moral a la que se ven arrastrados los europeos. En el texto se nos muestra que, además de ciertas costumbres y ritos animistas, el canibalismo es uno de los pilares que fundamentan tal opinión de “superioridad moral de los europeos” (4). Ya en su viaje por el río Congo, cuando son atacados por indígenas desde las riberas, los nativos que acompañaban a Marlow como operarios, le piden que trate de cogerlos para poder comérselos.

Es entonces, cuando ese Marlow compasivo y comprensivo dice entender que el hambre llegue a provocar tales estados… Ante el hambre que provoca inanición, exasperantes tormentos y sombríos pensamientos, dirá que no cabe la “contención”, ni la “superstición”, ni aquello que los europeos denominan “los principios”, pues ante ella “tienen menos peso que la hojarasca en el viento” (5).

Este aspecto, se muestra también cuando Marlow narra las opiniones de su tía, ante su partida hacia el Congo. Ella, que ha facilitado el acceso de Marlow a la Compañía a través de sus contactos, le habla de “arrancar a esos millones de ignorantes de sus horrendas costumbres…” y ante tales comentarios, Marlow dice sentirse incómodo, pues considera “que el móvil de la Compañía era el beneficio” (6).

Marlow atravesará distintos lugares mientras ejecuta su aventura y va cambiando su actitud con respecto a la supuesta “aventura” marítima y de exploración de otros mundos… Por una parte, va tomando conciencia de lo que suponen las actitudes del mundo colonizado frente a aquellos pobladores del Congo, es decir, toma conciencia social de lo que ocurre en realidad con la explotación de aquellas tierras, y, por otro lado, a medida que va adentrándose en aquellas selvas, toma conciencia de la naturaleza humana y de su fragilidad. Incluso se critica al autor, Joseph Conrad, de no exponer abiertamente su opinión sobre el tema, aunque considero que en su tiempo había una opinión mayoritaria en favor de la colonización, y por tanto, era más prudente y productivo influir en la sociedad culta mediante sus escritos.

En la expedición a lo largo del río Congo, Marlow, se ve rodeado de personajes que caen en múltiples defectos y depravaciones. Tal es el caso del Director de la Estación marítima en el Congo y de su ayudante, del misterioso y mitificado agente Kurtz y, del ruso que se considera su admirado discípulo… personajes que se dejan llevar por la indolencia e ineficacia, la envidia y el afán de poder o riqueza, la necesidad de medrar en sus cargos, el culto a su persona o un acusado egocentrismo… Marlow irá en busca de Kurtz, un personaje degradado, cínico y contradictorio que se convierte en un Dios para los aborígenes, al que ha de proteger y acompañar en su locura, enfermedad y muerte… Conocerá el canibalismo y otros tantos ritos atroces, entrando en contacto con el lado más oscuro del ser humano. De este modo, en su propia bajada a los infiernos, Marlow llegará a comprender que lo más importante es mantener su integridad moral y psicológica.

Por todo ello, ante el fracaso de otros, Marlow intenta mantenerse sereno y ecuánime a la hora de decidir sobre su conducta —sobre todo cuando sus decisiones afectan a otros, por ejemplo, al mando del vapor—, evitando la malediciencia que observa en el Director y su ayudante, absteniéndose de emitir juicios prematuros o injustos sobre la actitud de Kurtz, aduciendo siempre que la soledad y la barbarie que le rodea, si no justifican sus actitudes, cubre con un manto indulgente sus actos. Y en ello, seguramente hay un reflejo fiel de la actitud del autor, Conrad, al que se le reprocha a menudo que muestra las situaciones pero no las juzga.

De igual modo, Marlow es un ser comprensivo y honesto, que pudiendo hacer daño lo evita, calla los errores de otros y los disculpa sin falsedad, los asume como propios de la naturaleza de los seres humanos. Esto ocurre cuando de regreso habla con la prometida de Kurtz, y sin mentir, le acompaña en ese sufrimiento, sin romper la idealización que ella se ha hecho de Kurtz. Tal vez esta actitud parezca cobarde, pero se enmarca perfectamente en una época victoriana en donde las actitudes comedidas, educadas y corteses, primaban sobre la sinceridad individual. Y sin duda, su novela ofrece una foto certera de los abusos del colonialismo.

Se cataloga esta novela dentro de la narración impresionista, porque aporta las impresiones que el personaje principal va sintiendo, a medida que suceden, marcando las percepciones que siente y los estados de ánimo que le embargan. En este sentido hay una lenta construcción del personaje que nos va situando en su lugar. Marlow es un personaje observador, atento al mínimo detalle, inquieto pero ponderado, sensible pero equilibrado, capaz de razonar los sentimientos y de sentir profundamente las razones de la vida.

Conrad dirá de su libro que “…ofrece una interesante visión de una fase de la vida, lo cual convierte la historia en algo diferente de una anécdota protagonizada por un individuo que se vuelve loco en el Africa central”. Sin duda, este es un libro muy interesante, profundo y conmovedor.

Notas:

1. El corazón de las tinieblas. Joseph Conrad. Edit. Cátedra. Pág.126.

2. Idem, pág. 132.

3. Idem., pág. 131

4. Idem, pág. 193.

5. Idem, pág. 195

6. Iden, pág. 143.

7. Idem, pág 47.

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