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El bosque de libros

Publicado el 9 de diciembre de 2021


“Eureka” por Miguel Ángel Pérez Oca.

            El maestro Eratóstenes soñaba a menudo que paseaba por un extraño bosque. Los troncos de los árboles eran rollos de pergamino y sobre éstos, crecían las frondosidades cuyas hojas contenían razonamientos. Después, cuando despertaba, se dirigía, muy madrugador, a su puesto de trabajo: la Gran Biblioteca de Alejandría, que regentaba con esmero erudito. Para él los libros eran seres vivos que ansiaban las caricias y la admiración de los lectores, cuyos ojos descubrieran las ideas que encerraba cada uno de ellos.

            -Apolodoro – dijo esa mañana a su esclavo –, tráeme el libro de viajes que admiramos el otro día y también las relaciones de los agrimensores sobre las distancias entre las ciudades… ¡Hoy es 21 de junio y vamos a medir la circunferencia del Mundo!

            -¿Por qué hoy, mi señor? – se atrevió a preguntar el siervo.

            -Porque hoy es el solsticio. El día en que el sol está más alto.

            -¿Y…?

            -Pues que en este día el sol llega al fondo de los pozos en Siena.

            -No le comprendo, mi señor – contestó Apolodoro, desconcertado.

            -Mira, con este palo y este cordel mediremos la Tierra.

            Y Apolodoro se rio.

            -¡Eso es imposible!

            -Vamos a verlo. Plantaré el palo, vertical, en la arena del jardín. Y tú irás marcando la longitud de la sombra con el cordel. La más corta indicará el medio día. Después yo mediré con el cordel la longitud del palo y de la sombra más corta, y así estableceré a cuantos grados de la vertical está el sol a medio día, el 21 de junio, aquí en Alejandría.

            -¿Y así podrás medir la Tierra? – se atrevió a decir Apolodoro con tono escéptico.

            -Sí, mediante un cálculo llamado regla de tres. Ya sabemos, por los libros de los agrimensores, la distancia entre Alejandría y Siena. Así que si establecemos la diferencia de grados, cero en Siena y los que nos revele la sombra del Sol en Alejandría, la comparamos con los 360 grados que tiene toda circunferencia, y establecemos la misma proporción con la distancia entre estas dos ciudades, que se hallan en el mismo meridiano, y la totalidad de la circunferencia terrestre, tendremos el valor de esta última.

Apolodoro no había entendido nada, pero obedecía a su amo en las operaciones que le ordenaba. Midieron el triángulo formado por el palo y la longitud de su sombra, y el maestro obtuvo así la diferencia angular. Después consultaron el libro de los agrimensores y apuntaron la distancia geográfica entre las dos ciudades. Y Eratóstenes hizo la regla de tres: Tantos estadios griegos (unidad de medida de entonces) es a X, como tantos grados es a 360. Y la resolvió: Tantos (estadios) por 360, entre tantos grados… Y averiguó que la Tierra tiene una circunferencia de 40.000 kilómetros (en unidades de medida actuales), aunque él lo expresara en estadios griegos.

            Se equivocó en menos de 300 kilómetros.

            Lo hizo en el año 240 antes de Cristo.

            Lo consiguió gracias a que vivía en el corazón de un bosque de libros.

                              

Nota.-   7,2  - 360

             800  -   X      

360 x 800: 7,2 = 40.000

            ¿Cómo no se le ocurrió a Colón ni a ningún otro hacer este sencillo cálculo, con Lisboa y Oporto p. e. como puntos de referencia?

Comentarios:
Hay 1 Comentario

  1. Eusebio Pérez Oca dice:

    Yo he estado en las dos ciudades. En Alejandría de paso. Habían zonas históricas con mas interés que la moderna urbe. El Nilo es el eje de Egipto. Y lleva un camino perpendicular de sur a norte. Sus orillas están roturadas en parcelas. Desde que se construyó la presa de Assuan no hay crecidas del Nilo ni cocodrilos en sus orillas. Cada subida de las aguas del rio obligaba roturar nuevamente las parcelas concedidas a los agricultores y “custodiadas” por los sacerdotes del templo correspondiente. Para controlar los impuestos a recaudar cada año se debía saber hasta donde el limo de la crecida y el agua había regado la orilla. En las orillas se construyeron templos solidos, sobre roca. En ellos, un pozo, recibía el nombre de Nilometro. Era un pozo escalonado. Los sacerdotes controlaban hasta que escalón llegaba la crecida. Sabiendo el ancho de cada parcela y la subida anual, se determinaba el importe de los impuestos que debía pagar cada uno de los concesionarios de las parcelas. El templo conservaba los documentos y remitía copia a la biblioteca de Alejandría que ejercía de archivo de literatura y de documentos. Los templos se ubicaban cada determinada distancia y ellos mantenían el archivo con el ancho de cada una de las parcelas agrícolas que controlaban. Así, tras cada subida del Nilo, se podían rehacer los limites de las parcelas anegadas de limo. Si al correspondiente sacerdote de Siena no se hubiera ocurrido destacar la curiosidad de que en determinado momento el Sol, Dios supremo de la mitología egipcia, no hacia sombra en el fondo del pozo, a Eratóstenes no se le habría ocurrido hacer el calculo. Un pequeño fallo en la medición, o las pequeñas curvas del rio, debieron provocar la diferencia de menos de trescientos kilómetros que tuvo el sabio. Conclusión: la literatura es importante hasta en la ciencia y la administración.

    Eusebiet d´Alacant

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