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El arte de amar – Erich Fromm

Publicado el 25 de febrero de 2021


Reseña realizada por Luis Alfredo Ramirez Bustamante.

En el Arte de Amar, Erich Fromm, importante psicoanalista del siglo pasado, nos presenta un bosquejo sobre el intrincado arte de amar en medio de una sociedad orientada a la productividad. Crítico profundo del capitalismo, se enfrenta a lo teórico de los dilemas de una civilización que prioriza la ganancia y el ego frente a los valores y la perpetuidad de un sentimiento que no distingue fronteras: El Amor.

Comienza definiendo al amor como una postura frente a la soledad del ser, como una reacción frente al fatalismo ambiental del hombre, pero no del hombre como colectividad, sino del sujeto individual que se aferra a algún mecanismo de defensa para superar la barrera de la separatidad que le incomunica del alma, no de su alma, de su yo, sino de sus semejantes, su prójimo como le llamase la Biblia.

Pese a ello, acepta al amor propio como una forma de amor verdadero. En su clasificación, le iguala al amor erótico, al amor entre amigos o amor fraternal, al amor materno y al amor hacia Dios; pero no un Dios paternal, al que interpreta como una etapa primitiva de la especie humana análoga a la etapa del individuo que actúa por temor o deseo de aprobación de su padre; presenta más bien a un Dios histórico como el de Spinoza, uno que cumple con el ciclo de existencia del hombre y que encarna en ideas y no en un sujeto superior moral e intelectualmente al hombre. Este Dios va evolucionando, así como las religiones, desde una etapa politeísta, pasando por el Monoteísmo, hacia una etapa posterior de misticismo, pero un misticismo racional donde se concibe la imagen de Dios como la imagen del progreso de la civilización y de todo cuanto se desea para la posteridad.

Presenta el amor como un arte, haciendo referencia al hecho de que puede cultivarse al igual que una civilización cultiva la Literatura, la Pintura o la Escultura. Pero lamenta profundamente que la sociedad capitalista industrial no dé cabida a las condiciones morales necesarias para que el amor triunfe y se desarrolle en los individuos. Ve en el amor un deporte, una profesión para toda la vida que puede llegar a ser compatible con cualquier otra, pero solo si se está dispuesto a sacrificarse y hacer feliz a los demás como si el bien recibido por ellos lo disfrutase uno mismo. En todo caso cita a la Biblia donde afirma que es mejor dar que recibir y dedica el último capítulo del libro a establecer normas básicas para la práctica cotidiana y continua del amor.

En el aspecto axiológico, Fromm recupera algo de la Tesis Kantiana que afirma que ninguna persona es medio para lograr los fines de otra y que solo se actúa moralmente cuando nuestros semejantes son para nosotros fines en sí mismos. Cada quien tiene su propio proyecto de vida, sus propios valores, costumbres, historia personal y solo en la medida en que nos unamos a ellos y compartamos activamente su vida podemos alcanzar un grado de madurez emocional suficiente para poder amarlos tal como son sin intentar manipularlos o transformarles como robots o títeres a nuestros antojos o gustos.

En sociedades como la oriental o hindú, expresa el autor, existen más posibilidades de desarrollar estas facultades de fusión con los demás. En la sociedad occidental, en cambio, nuestra búsqueda competitiva de ganancias y minimización de los premios solo, en pro del yo, dificultan seriamente nuestra capacidad para empatizar con nuestros vecinos, amigos o familiares.

Nuestro mundo, cada día más automatizado e interconectado, nos brinda posibilidades inalcanzables para generaciones pasadas. Paradójicamente, el tiempo libre de que disponemos es cada vez peor invertido y lo que fuese nuestra oportunidad se convierte en amenaza y la matriz FODA se invierte. La tecnología nos ha alienado de nuestras necesidades emocionales, se han creado nuevas necesidades y nuestros fundamentos para funcionar como ciudadanos se han desechado en algún profético basurero al estilo de Huxley, en pro de una sociedad fatalmente feliz en su capa externa, pero profundamente desdichada en el alma. Nuestra acumulación, acaso nos robe los bienes inmateriales que permitieron nuestro progreso y nos devore hundiéndonos en un salto al vacío, quizá un salto hacia el pasado salvaje donde el amor era sólo instinto y el cariño genuino, simple placer sexual. Trágico fin para el hombre moderno; la animalización de la posteridad. Sonará fatalismo o quizá solo advertencia, todo depende de nuestra actitud ante el mundo moderno.

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