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Caen estrellas fugaces – José Gil Romero y Goretti Irisarri

Publicado el 5 de noviembre de 2020


Reseña realizada por Begoña Curiel.

Caen estrellas fugaces me ha fascinado. Sin ser asidua al género fantástico –aunque esta novela es mucho más– he quedado hipnotizada entre ángeles caídos, fenómenos extraños y la atractiva fusión de luz y oscuridad que desprenden escenario, época y personajes. Es una apuesta original y amena de escritura brillante.

  Con la sinopsis esta novela no habría caído en mis manos; tampoco me habría animado saber que en sus primeras páginas encontraría: tormenta solar insólita, ángel sin alas aparecido de la nada en el patio de una cárcel y una sesión de espiritismo para señoritongos aburridos en un casino.

  La culpa del enamoramiento de Caen estrellas fugaces y sus dos autores, José Gil Romero y Goretti Irisarri (a los que ELD espera entrevistar en breve) la tiene Jimena Fer, coach editorial. Para ella, mi agradecimiento: por su generosidad, lo que aprendimos en un encuentro online y la recomendación a los “presentes” de esta novela. Nunca había oído hablar de esta pareja literaria (hasta en eso es original esta historia). Es mi primera lectura de una novela escrita a cuatro manos. Bueno, vamos al lío.

  Irisarri y Gil sitúan en el Madrid de 1859 la extraña explosión de rayos y luces en el cielo nocturno. Cae de todo, hasta un cuerpo chamuscado con dos protuberancias en la espalda, que dicen, podría ser un ángel. Imagínense a los internos aferrados a las rejas para no perderse el espectáculo.

  La acción, los escenarios y los personajes, principales y secundarios, aparecen pronto. No especificaré dónde lo hace cada uno para no revelar más de lo recomendable. Tenemos a Elisa Polifeme, una médium invidente y Leónidas Luzón, un crápula descreído de milagros y fenómenos inexplicables. Son los protagonistas principales y una metáfora más (la ciencia y la razón; lo terrenal y el averno) de las contraposiciones constantes que guarda la novela.

  Ella, ciega y visionaria, se estremece con la realidad de sus sensaciones. Él, trabajaba buscando –y más o menos, así sigue– argumentos sólidos que desmonten magias en las que no cree. Son el yin y el yang pero las circunstancias los convertirán en investigadores indirectos de la extraña aparición y los sucesos asociados a ella, donde late el eco de un misterioso grupo hasta que el desenlace ofrece la esperada explicación.

  No esperen un final cerrado. Está abierto de par en par para los que deseen nuevos capítulos, que los hay. Caen estrellas fugaces es la primera parte de la trilogía Todos los muertos. En su página web anuncian una cuarta, Los capítulos perdidos, con relatos independientes que cierran tramas de la saga. No soy yo de segundas, terceras y sucesivas partes, pero... no digo que no. En todo caso, los ansiosos tienen material de sobra para quedarse en el universo especial creado por los autores.

  Aunque Elisa y Leónidas son el día y la noche se atraen desde una conexión invisible que irá desvelando la novela y que me ha inspirado cierta ternura. Personalmente me quedo con Leónidas; tan vuelto de todo y sin embargo tan huérfano... La pareja “compite” por supuesto en el plantel principal con Nadya, el misterioso ángel de la novela que dejará sangre e incertidumbre a su paso, como sus dos truculentos hermanos.

  Ellos forman parte del excepcional elenco de secundarios: el inspector Granada –otro “duro de mentira”–, el carismático y todopoderoso conde Del Fierro y el enigmático vicario Echarri. Son potentísimos.

MADRID, FANTÁSTICO PERSONAJE

  El Madrid de 1859 es también actor principal en la novela. Los escritores han ambientado de forma maravillosa el escenario. Son portentosas las descripciones de lugares, edificios, calles de la época; las estampas de la decrepitud de muchos rincones, la hediondez de pasadizos y espacios oscuros y sórdidos, realmente magníficas. Y es que describir sin aburrir o agotar al lector es tremendamente difícil.

  Como lectora es una de las cosas que más me cansa “si no se hace bien”; más cuando algunos escritores se empeñan, erre que erre, en extenderse en el dibujo narrativo de rostros, estancias y lo que encuentran a su paso, arriesgándose a que el público eche una cabezadita o salte con hastío los párrafos. Me maravilla la capacidad de Gil e Irisarri en este aspecto.

  Tampoco es casualidad que procedan del mundo cinematográfico, televisivo y de animación. Su escritura es tan, tan visual que no pueden negarlo. Desarrollan el arte de transformación de imágenes en letras con gran efectividad. Estás leyendo y directamente ves la película.

  Volvamos a Madrid, la “superstar” del reparto, porque hacen otra cosa maravillosa. Para ubicar al lector se sirven del anticipo de lo que cada espacio será en el futuro. Este toque recurrente del antes y el después durante todo el libro, resulta además de original, interesante.

  Además, esboza la ciudad futura en la que se convertirá; un Madrid que intenta borrar su cara fea de los arrabales, los maleantes de medio pelo que se desenvuelven con soltura, a veces de la mano de guantes finos, entre los ambientes más desagradables, el espanto del horror escondido en edificios (espeluznante el pasado de un hospicio)... La urbe convivía entre dramas más o menos visibles y su aspiración de convertirse en una ciudad moderna.

MAGNÍFICO RITMO Y NARRATIVA

     El ritmo de la novela es estupendo. Se lee con facilidad pasmosa. Sin acción de vértigo, pero sin pausa, mantiene la tensión necesaria, con picos puntuales de especial intensidad. Es el caso –avanzada ya la novela– de varias escenas (no puedo mencionar más) que en paralelo describen enfrentamientos con enorme pericia narrativa.

  Ya he mencionado su capacidad para las descripciones y precisamente por eso, porque las he disfrutado tanto, he tenido que ralentizar la lectura cuando la acción entraba en escena, para poder disfrutar y paladear cada párrafo. La combinación y equilibrio entre ambos aspectos deja una resaca gustosa. Algo que no me ocurría hace tiempo; por desgracia son demasiadas las obras que en los últimos tiempos apuestan por “lo trepidante y adictivo” (aunque no se cumpla) en detrimento de la calidad de la escritura.

  No rechazo el entretenimiento. No está de más pero si la balanza se inclina hacia ese lado sin miramientos ni mimo en la escritura, se nota. Vaya que si se nota.

OTRAS “COSITAS”

  En estas páginas te encuentras con aderezos que me gustaría mencionar porque, aunque no sean determinantes en la historia, aportan pinceladas que a su manera aumentan el atractivo de Caen estrellas fugaces. Por ejemplo:

–En la época tenía tirón la frenología. Una especie de “ciencia del cerebro” que argumentaba que la forma del cráneo determinaba de alguna forma la personalidad del individuo. Luzón es fiel seguidor de esta teoría que le sirve para catalogar a las personas y resulta curioso conocer los pasos, acertados o no, que a lo largo de los siglos ha ido dando la ciencia.

–Los toques de humor. Los autores introducen algunas cuñas simpáticas en medio de este desastre que recorre Madrid.

Cameos de personas reales. Atrevido y tremendamente original. Desde Bécquer y Galdós hasta la misma Isabel II –entre otros– se pasean por estas páginas.

  Por esto y por mucho más invito a esta lectura incluso a los que como yo, no se inclinen la literatura fantástica. Insisto en que Caen estrellas fugaces reúne ingredientes que les sorprenderán. Esa al menos, ha sido mi experiencia.

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