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Biblioteca del Templo Haeinsa. Corea del Sur

Publicado el 28 de octubre de 2021


“Bibliotecas del mundo” por Mariángeles Salas

Haeinsa es un templo budista construido en el año 802 en el monte Kaya, Corea del Sur. Se asienta en lo alto de una zona montañosa a cinco horas y media por carretera de Seúl y a 45 kilómetros de Daegu, la ciudad más cercana. La tradición dice que Haeinsa fue construído en el año 802 d.C, por los monjes Suneung y Ijeong, que acababan de regresar de China. El rey Aejang, quien estaba sumamente agradecido después de que los monjes curaran a su esposa, ordenó que se construyera el templo. Según la leyenda, los monjes ataron el extremo de una cuerda a un tumor de la reina y el otro extremo a un árbol, cantaron versos budistas y, milagrosamente, el tumor desapareció y el árbol se tornó seco y murió.

Sin duda, el mayor tesoro de este lugar es su biblioteca: Tripitaka Coreana que está en un edificio anexo al templo, una impresionante biblioteca cuya historia es en sí misma la de un libro de aventuras. Se construyó en el siglo XV, y en ella encontramos la colección más completa de textos budistas que tenemos en el mundo. Esta biblioteca tiene algo especial y es que no son libros como tal lo que guarda, sino planchas para “imprimir” libros.

Su conservación es excelente hasta tal punto de que, ocho siglos después, podrían usarse para imprimir copias nítidas y completas del Tripitaka o canon de libros sagrados del budismo.

Se trata de textos budistas grabados en 81.258 bloques de madera de árboles de magnolia. Estos textos fueron escritos o xilografiados entre los años 1237 y 1249 o entre los años 1236 y 1251. Está organizada en más de 6500 volúmenes y unos 1500 títulos, que contabilizan la cifra asombrosa de 52 millones de caracteres chinos; figuran escritas en chino clásico porque era la lengua que se utilizaba en toda Asia.

Para albergar la Tripitaka Coreana se construyó el Janggyeong Panjeon, un conjunto de edificaciones de madera que son, en sí, una auténtica joya patrimonial y que utiliza avanzadas soluciones arquitectónicas para conservar en su interior los importantes bloques de madera.

La estructura está compuesta por un entramado de vigas y pilares de madera que descansan sobre unos bloques pétreos a modo de cimentación superficial. El solado y los cerramientos están resueltos con materiales arcillosos, y la estructura de la cubierta, de marcada pendiente, es de madera a cuatro aguas con aleros, y recibe un acabado de teja cerámica esmaltada.

Lo más destacable, sin embargo, es su avanzado diseño que emplea soluciones constructivas que permiten la ventilación mientras controlan la humedad y la temperatura del conjunto, gracias a lo cual se han conservado los bloques durante más de 500 años.

Los edificios de Janggyeong Panjeon fueron construidos en el siglo XV para servir de depósito de esas veneradas tabletas, que son también reverenciadas como obras de arte excepcionales. En estos depósitos ha quedado patente la sorprendente maestría con que se han concebido y aplicado técnicas encaminadas a la conservación de esas tabletas de madera.

La primera Tripitaka Coreana, que fue encargada en 1011 y tardó 86 años en concluirse, fue destruida por el fuego tras las invasiones mongolas de 1232. Al poco tiempo se encargó una segunda copia de la colección, y esta nueva edición de 1251, escrita hace más de 760 años es la que se encuentra depositada en el monasterio.

Se levanta en la mitad del monte Gayasan, que llega a los 1430 metros, mirando hacia el sudoeste: de este modo, cuando el aire del valle llega hasta la biblioteca, pierde parte de su humedad y ayuda a mantener las condiciones ideales para el mantenimiento de las tablas y su ventilación. Los volúmenes de madera habían sido conservados hasta el año 1381 en la isla Ganghwa, hasta que fueron trasladados al templo para preservarlos, sobre todo, de las amenazas externas: en particular la invasión japonesa del siglo XVI y la Guerra de Corea que estalló en 1950 y puso a la biblioteca al borde de la destrucción.

Cuando el ejército norcoreano quiso retirarse hacia el norte y fue bloqueado por la Incheon Landing Operation en 1950, unos 900 soldados norcoreanos quedaron aislados y se refugiaron en el monte Gayasan y los alrededores del templo Haeinsa. Fue entonces que la fuerza aérea norteamericana ordenó un ataque aéreo final para destruirlos: pero el comandante Kim Yeong-hwan se atrevió a desobedecer e impartió a su grupo la orden de retroceder cuando vio que sus aviones se encontraban sobre el Salón de la Gran Tranquilidad, el principal hall de Buda de Haeinsa. Kim sería sometido a una investigación por su desacato, pero no dudó en explicar con firmeza que no había podido soportar la idea de destruir los bloques de la Tripitaka Coreana, un auténtico tesoro nacional, con el único objetivo de matar soldados norcoreanos. Su arriesgada y a la vez rápida decisión salvó a la biblioteca.

La colección de tablas no solo asombra por el número de ideogramas, sino también por una perfección que impide encontrar fallas o caracteres faltantes a lo largo de decenas de miles de ideogramas. Para Chusa Kim Jeonghui, uno de los cuatro Grandes Calígrafos de la Dinastía Joseon, no podía haber sido obra de un simple ser humano: “Un hombre no grabó estos caracteres, tiene que haber sido un ser sobrenatural”.

A simple vista, el ojo inexperto nunca podría diferenciarlas: son todas rigurosamente iguales, de 24 por 70 centímetros, con un espesor que oscila entre los 2,6 y los 4 centímetros, y un paso que alcanza los tres o cuatro kilos. Cada bloque tiene 23 columnas por lado, con 14 caracteres por columna, y caracteres de 1,5 centímetros cuadrados de superficie. Todo regular, todo impecable, en una casi infinita sucesión que conforma en su conjunto una auténtica “enciclopedia budista” que compila los discursos de Buda, las reglas monásticas y las regulaciones para los monjes. Su peso total se estima en las 280 toneladas. En hilera, se extiende a lo largo de 60 kilómetros y apilada alcanza los 3200 metros de altura, superando por unos 500 metros al monte Paektu, la montaña más alta de la península coreana.

Cada una de las tablillas que forman esta virtual montaña fue tallada en madera de abedul procedente de las islas del sur de Corea, cuidadosamente preparadas: primero se las sumergió tres años en agua marina, después de lo cual se las cortó e hirvió en agua salada. Siguieron tres años de exposición al viento: y ahora sí, ya sobrevivientes a todas las inclemencias y variaciones del clima, se dispusieron a enfrentar los siglos enmarcadas en metal, grabadas y bañadas en una capa de un producto tóxico que mantuviera definitivamente alejados a los insectos.

La sala de la biblioteca y sus bloques de madera del Tripitaka fueron designados un tesoro nacional de Corea en 1962 y declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1995.

Fuentes

https://www.ecured.cu/Templo_de_Haeinsa

http://intranet.pogmacva.com/eu/obras/70452

http://www.podcastlibroteca.es/episodio-12-tripitaka-coreana/

https://www.reharq.com/templo-budista-haeinsa-y-tripitaka-koreana/

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