Benito, Mayka – “Sola”

Ya voy….., siempre dispuesta, siempre receptiva a toda eventualidad.

Su destino no auguraba nada prometedor; huérfana de nacimiento, se vio en su tierna infancia obligada a someterse a la servidumbre y ver su porvenir desfilar en una serie de malogradas experiencias que nunca la limitaron a aceptarlas como su única salida.

Fruto de una unión poco favorecedora, tuvo 11 hijos que condujo a crecer en un ambiente desamparado pero no desprovisto de lecciones de vida.  Sus gestos no estaban acompañados de tambores y platillos sino de una convicción inquebrantable, siempre dejando su marca tangible y enriquecedora.

Trabajaba como una leona para poder sacar adelante a su descendencia.  A veces pensamos que la rudeza de un trabajo puede anegarnos en una sombría existencia que deja poco espacio a la luz.  A ella esas andanzas laborables no la impedían buscar momentos para engrandecer su ser y supo instruirse, aprendió a leer, a coser, a observar y sobre todo a interesarse por la política y el cine.  Se construyó como una jabata, golpe a golpe y esfuerzo tras esfuerzo como quien no se resigna a acatar sus circunstancias.

Ya voy…, no hubiese querido tener que ir pero la toco vivir dos guerras que la despojaron de dos hijos y la hicieron viajar sin rumbo fijo hacia lares más seguros. Su vida transcurría como una tormenta y siempre recurría a un escampado para ver claro y encontrar el reconforte y ánimo para mirar la vida con ojos de esperanza.

Tras años de ausencia y de poca consistencia apareció el progenitor para dejar muy bien sentado quién era el señor de nuestra protagonista. Vivían modestamente en casa compartida con otra familia. Este compartir obligado no era de buen agrado pues, como todos sabemos, cada núcleo tiene su dinámica y tanta promiscuidad no deja mucho lugar a la avenencia.  Se refugiaba en su cuartito, que no tenía que compartir con el progenitor y que cerraba a cal y canto.  Ese gesto de no compartir su espacio con el progenitor revelaba el tipo de mujer que era ella, decidida, entera y con un carácter indestructible.

Ya voy…., decía a sus nietos a quién también supo sorprender.  Les contaba historias de sus andanzas sin connotación de desdicha para que ellos comprendieran que la vida puede ponerte en tu camino piedras y rocas pero que esos obstáculos pueden salvarse dando pasos firmes llenos de buena voluntad y de gran curiosidad hacia lo desconocido. En su vejez, a penas veía y dependía tiernamente de sus hijas para acompañarla en sus últimos pasos hacia su otro destino. Incluso su vista menguada no la impedía seguir viendo lo que a ella la hacía feliz para transmitirlo con la misma urgencia a todos los que la rodeaban.

Ya voy…., y fue sola con toda su entereza, y libre albedrio hacía su camino que la conduciría hacia mundos inalcanzables para lo que todavía seguimos en este.

Homenaje a esta alma sola:

Sola esperaba que la noche diera lugar al día con alborozo para salir al encuentro de esa nueva luz y dejar florecer los sentimientos de perspectiva.

Sola corría caminos arrastrando su equipaje con coraje intentando aderezarse de un nuevo ropaje.

Sola sin rendirse a la fatalidad y buscando ilimitadamente la libertad, enterrando miedos, persiguiendo sueños.

Sola con sus heridas y desdichas, con sus logros y caricias, paso firme, mirada alentadora porque hay otra existencia.

Sola recupera las risas, las transmite, las propaga para desplegar sus alas de mariposa libre.

Sola para celebrar la vida con toda su inmensidad y no rendirse al infortunio.

Sola buscando el fuego que de calor, el refugio que la extirpe de la lluvia, el hueco que la proteja del viento, porque cada día es un comienzo.

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