Ávidas pretensiones – Fernando Aramburu

Reseña realizada por Begoña Curiel.

Menudo espectáculo el que ofrece Fernando Aramburu: alegoría de la zafiedad y las miserias del ego, comicidad y acidez absoluta, dominio del lenguaje y… mucha poesía. “Ávidas pretensiones” es una maravillosa gamberrada literaria que deleita al máximo con una dura crítica a la hoguera de las vanidades del mundo de las letras.

Aramburu reúne durante tres días a un grupo de poetas en un recóndito pueblo donde los versos son la excusa de un divertido desmadre que satiriza a sus egocéntricos protagonistas. Nada más y nada menos que en el marco de un convento con sus residentes todo. Llegan con la intención de desvariar y vaya si lo consiguen. Muy pronto el lector se percata de que todo terminará como el rosario de la aurora y sin embargo el autor se las ingenia para sorprender, subiendo los grados a esta bacanal de cuerpos y letras.

Las risas están garantizadas con la retranca constante del autor, escenas casi teatrales de alto riesgo y el patetismo de esta poetada ideada por Aramburu. Me lo imaginaba durante la escritura de esta novela retorciendo palabras y expresiones a su gusto, partiéndose la caja donde quiera que escriba. Sin duda, el proceso creativo ha tenido que ser muy divertido, buscando el rizo a los rizos, exprimiendo el léxico, inventando formas de plasmar diálogos en las que parece que estemos escuchando a nuestro lado al interviniente.

Tiene mucho mérito este enredo que emula a tramos y expresiones a los recursos cervantinos. Es todo un festín verbal y estilístico que ensalza las infinitas posibilidades de nuestro rico castellano, haciendo gala de un gusto exquisito que contrasta con el lamentable perfil y personalidades de la mayoría de los participantes de estas jornadas poéticas, que precisamente suelen ir por la vida exhibiendo su etiqueta de cultos.

La competencia por alzarse con el premio que cerrará el encuentro sacará lo peor de ellos. Y créanme que Aramburu ha retratado con maestría esa peor parte. Las rivalidades provocan los actos más increíbles y crueles, instantes de ego exacerbados tan insólitos como desternillantes. Ofrecen un lamentable espectáculo que a veces es difícil de creer. Exageración o no, ahí queda esa parodia de ávidas pretensiones procedente de la mediocridad cuando gana por goleada en determinados mundillos.

Aún así Aramburu se muestra compasivo en determinados momentos con varios personajes porque de tan patéticos, resultan hasta tiernos. No quiero revelar quienes son ni explayarme en nombres de protagonistas porque lo interesante es irlos conociendo según avanza la historia. Dignos de estudio psiquiátrico algunos, por cierto. Aunque eso sí, no es raro que al principio cueste saber quién es quién porque forman un grupito bastante numeroso. De hecho a veces me he perdido pero son tantas las ganas de saber que ocurrirá, cómo volverán a liarla, que da pereza mirar hacia atrás.

No se priven de esta pequeña locura. De este gran autor con tantos registros como capacidad narrativa. Si lo conocieron con “Patria”, no se confundan. Los lectores que un día nos quedamos prendados de un escritor, tendemos a pensar/esperar que nos cuente algo parecido. Nada más lejos de la realidad. Es la cuarta novela que leo de Fernando Aramburu (reconozco que “Patria” me dejó noqueada) y sigue sorprendiéndome. Por supuesto, para bien.

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