Antón, María del Mar – “El árbol”

He vivido cien años. Ya no recuerdo de que semilla broté ni de donde provengo. Pero eso ya no importa.

Observó agradecido a la tierra y al agua que me alimentan, al sol que me nutre y hacia el que vuelan mis ramas como brazos suplicantes.

Contemplo a los pequeños insectos que recorren mi cuerpo a modo del suave cosquilleo, de una caricia placentera. Me deleito en las aves que revolotean alegres con sus músicas y en los nidos que forman anunciando nuevas vidas, bajo mi refugio, el de una amantísima madre.

Escudriñó a las familias que en el caluroso estío acampan bajo la frescura de mi sombra, a los niños que corretean felices a mi alrededor con sus juegos, a los amantes que esconden sus caricias y ternuras bajo la intimidad de mis sombras, a los paseantes que ansían el aroma y la esencia de mi verdor como un alimento que calma el espíritu.

He vivido cien años y he visto muchas cosas. Observó cada día la armonía del hombre con la naturaleza y el universo, y me siento inmortal.

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