Alvira, Mikel – Entrevista

Pamplona, 1969

Por encima de todo se considera creador. Dentro de sus creaciones se encuentran novelas -actualmente promociona la última publicada “El color de las mareas”–, pero también poemarios, relatos, guiones con distintas productoras, ensayos y diferentes manifestaciones plásticas.

Polifacético y en permanente movimiento.

Durante años alternó su labor como escritor con su trabajo en las aulas de la Universidad de Deusto y de Enseñanzas Medias.

Entrevista realizada por Begoña Curiel para ELD.

Me permito la licencia de recuperar frases de sus entrevistas para charlar y analizarlas con usted, aunque algunas no lleven detrás una pregunta.

   “Crear nace en el pecho”.

   Me identifico plenamente con sus palabras. ¿Desde cuándo fue consciente o cuándo detectó y/o localizó el epicentro de la creación? Empecé a escribir muy joven, pero seguro que sin la instrospección actual, sin metacognición; es decir, sin darme cuenta de que crear, en definitiva, es un acto íntimo y reflexivo, la conclusión a lo que se reflexiona y siente. Escribir no es un objeto en sí sino una consecuencia de una manera de entender la vida. De esto me he ido dando cuenta con el tiempo, con la edad. Sin pecho no hay creación.

   “Cuando escribo, me edifico”.

   Escribir me ayuda a entenderme, a evolucionar como persona. Tanto por el hecho de escribir como por lo que escribir me proporciona, como es conocer personas maravillosas que conforman lo que soy.

   “No concibo a un escritor que sea conformista”.

   El conformismo puede conducir a la derrota de la creatividad. O nos reinventamos, o sucumbimos. Cada mirada ha de buscar un nuevo ángulo. Si mis libros fueran todos iguales, no dirían mucho de mí como persona.

  “Escribir, más que oficio, es actitud”. Quien así lo siente, ¿es o debe ser escritor las veinticuatro horas del día?

   Escribir es una manera de mirar la vida. Ni la más sublime ni la única, ni la más ingeniosa tal vez. Lo que está claro es que escribir es mucho más que teclear y que, por tanto, quien escribe lo hace todo el día, cuando observa, cuando piensa, cuando descifra, cuando reflexiona, cuando aprende..

   “Tengo la suerte de que escribo lo que me apetece cuando me apetece. Para mí, eso es el éxito”.

   A veces las editoriales encargan a sus autores proyectos que no siempre son de su gusto. ¿Implicaría eso un fracaso o hay que asumir el hecho con normalidad?

Fracaso es no intentar algo. Respeto a cada cual con sus decisiones; en mi caso, nunca me he visto en la tesitura de tener que escoger en un caso así.

   “Escribo para pensar. El día que no escriba para pensar, no seré digno de escribir”.

   En efecto. Escribir nos ayuda a pensar, a ordenar pensamientos y emociones, a darles color. Creo que no solo hay que contar historias; éstas han de asentarse en pensamientos críticos, veraces y honestos. Una historia sin más se cae.

La novela no es el único formato que ha desarrollado. Al fin y al cabo todo es creación. Pero, ¿la novela es lo fundamental, lo primero, o no existe en su carrera esa forma de ordenar, clasificar?

La novela es lo que más visibilidad me ha dado, quizás. Al menos, aquello por lo que primero se me reconoce. Pero en mi ser como creativo, la novela es solo una más de las consecuencias de mi creatividad.

Le hemos visto dentro incluso de sus booktrailers. ¿Cómo se encuentra en esos cameos?

No entiendo los booktrailers como meras piezas de promoción sino como creaturas en sí. Salvo en el de La novela de Rebeca, realizado por la editorial, en los demás he guionizado y dirigido yo, lo cual me ha permitido jugar delante y detrás de la cámara, algo que me divierte enormemente.

Entre sus referentes se encuentra Víctor del Árbol. Uno de mis admirados. Una curiosidad: al leerlo, ¿qué fue lo que le gustó de sus novelas?

Víctor es un tipo genial, honesto, sensato. Tiene una gran habilidad para trenzar historias dentro de la historia. Dijo de mí que le recordaba a Paul Auster; que lo diga él, que es un monstruo, cuanto menos ruboriza.

¿Los escritores consagrados son también mitómanos con otros autores como lo somos los aficionados a las letras? ¿Por cuál hubiera hecho o haría locuras para conseguir un autógrafo suyo, una buena conversación, un encuentro largo,…?

No soy nada mitómano; ni en la literatura ni en ningún campo. Así y todo, sería maravilloso dialogar con Cela, Benedetti, Lorca, Gabriel García Márquez, Dumas… Con Murakami, sin duda o Dicker. O con Isabel Allende, con quien siempre comparto balda en las librerías por cuestión de apellido. Nunca descarto una buena charla con alguien con quien aprender, como, de hecho, hago con autores contemporáneos. Tengo pendiente un Eduardo Mendoza.

Se encuentra cómodo en el género negro. ¿Por qué?

No creo que el género negro sea el mío por excelencia. Creo que lo mío son las emociones, las relaciones (a veces convulsas) entre las personas; que luego lo refleje en una novela negra o en una romántica o en una histórica es solo cuestión de género.

Es embajador de iniciativas como Astobiza Txakolina y Fundación Promete; uno más de sus numerosos proyectos. Sin duda es muy polifacético. ¿Necesita la variedad; se aburriría si se centrara en un solo campo?

¡Seguro que sí! Y detesto aburrirme. Bueno, a decir verdad no sé qué es aburrirme. Con Astobiza y Jon Zubeldia abandero un proyecto exquisito de vino gourmet, un vino blanco alavés (txakoli) con presencia en 30 países. Con la Fundación Promete colaboro en su línea de pensamiento, “la educación del ser”, donde el talento se antepone al currículo. Ambas embajadas se suman a los frentes que tengo abiertos y en los que me implico al 100%. O me implico así o no me meto.

–“Vivafifty”, es un apartado de artículos donde escribe sobre el bienestar como concepto global y sus miles de matices. Encontramos muchos mensajes terapéuticos donde la escritura y en general la creación, son el centro. Cuéntenos, cómo surge esta idea.

Todo cuanto sea aportar y acompañar a la reflexión está bien. Nunca siento cátedra ni intento dar consejos, sino mostrar matices, distintas visiones. Vivafifty me llega a raíz de La novela de Rebeca y su impacto en América. Es un blog de habla hispana en USA con mucha presencia, de ahí que acepté gustoso la invitación para colaborar con mi punto de vista.

La estructura, el «cómo» de sus historias es fundamental. ¿Cómo es de rígido –o no– si el proceso de escritura pide cambios? A veces las tramas, los personajes se van de las manos…

Escribir es un acto de valentía porque nos sitúa ante nuestras limitaciones. Siempre procuro embarcarme en proyectos editoriales en los que no tengo la certeza de tenerlo todo controlado. La incertidumbre no es mala per se. Dejar de una obra crezca es tan interesante como planificarla. Eso sí, honesto con lo que se pretende. Es como plantar un árbol. Tengo claro al principio si será un olivo o un ciprés; luego irá creciendo sin poder predeterminar cómo serán exactamente las ramas, aunque siempre fiel a la semilla que se plantó.

Ya sabemos que Víctor del Árbol es uno de sus favoritos, junto a Joël Dicker y Auster. ¿Y de escritoras?

Ángela Becerra, Reyes Monforte, Nerea Riesco, Jean Austen, Carmen Posadas, Espido Freire… Cuando leo no me fijo si es autor o autora, sino si es buena o mala literatura.

Alguna vez ha dicho que sus novelas han estado en manos de mujeres. ¿Ellas le dan para más material cuando idea sus personajes?

Me siento cómodo en manos de personajes femeninos, pero creo que lo importante es que los personajes sean veraces, creíbles. La vida es maravillosa porque tiene más de un género.

De sus lecturas a lo largo de su vida, ¿qué personajes se le han quedado grabados en el alma?

No soy mitómano. No hay personajes en el alma; más bien aprendizajes. Aquiles, el Ishmael de Herman Melville en Moby Dick, Harry Quebert, Shanti Andia…

¿Qué está leyendo ahora?

Releo El asombroso viaje de Pomponio Flato, obra genial de mi admirado Mendoza.

¿Tiene fórmulas o rituales a la hora de sentarse a escribir?

Soy poco maniático. Necesito orden y ciertas dosis de concentración, pero me considero muy todoterreno, capaz de escribir (casi) en cualquier sitio. Me suelo acompañar de té verde con limón exprimido pero no es una condición indispensable.

¿Cómo es de agotador el momento de promoción? Los fans somos muy pesados…

¡No! No tengo fanas, en todo caso personas (estupendas) que me acompañan en esta aventura libro a libro. Y nunca me resulta pesado; al contrario, disfruto enormemente de la promoción porque no la considero un mal trago para vender ejemplares sino la recompensa a un trabajo: la novela es un lugar de encuentro y el tiempo de promoción, una etapa de encuentros y reencuentros.

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