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Álvarez, Mª Ángeles – “Nereida”



Allí donde la tierra y el mar se enfrentan cara a cara, chocan y se descomponen mutuamente, en ese preciso lugar y en ese concreto instante, vive Nereida.

Ella es tenue y ligera, apenas perceptible. Etérea y blanca, sin llegar a ser espectro. Hermosa, cual Venus moradora del océano, e ingenua, como la más cándida de las criaturas. Sus ojos, del verde de las esmeraldas, encierran toda la belleza y los peligros del mar, proyectando un fulgor capaz de hechizar hasta al más fiero de los titanes.

Durante el día, permanece al abrigo de las olas, dejándose mecer por su suave vaivén. Brinca y se sumerge en el mar encabritado, y reposa flotando cuando sus aguas se serenan, pero siempre sin abandonar su amparo.

Durante la noche, emerge del líquido azul y recorre la playa, consintiendo la sedosa caricia de la frágil luz de la luna. Sus largas piernas entumecidas se van torneando con cada movimiento y abandonan, por unas horas, su aspecto oceánico. Sus cabellos, negros y brillantes como el azabache, flotan en el aire con cada pequeño salto que Nereida da para alcanzar las estrellas.

Se alimenta de sal y duerme en la arena. Juguetea con los hipocampos y las coquinas, saluda a las algas que vomitadas por el mar, reposan en la orilla a la espera de ser devueltas a él. Y todo ello sucede mientras la noche la arropa con su oscuro y cálido velo, tratando de ocultarla del acecho de aquéllos que pretenden darle caza.

Mas nada hay que pueda garantizar decididamente su seguridad. Ni siquiera las sombras son refugio suficiente, pues hay quienes vagan con sigilo y sin aprensión, armados de una inagotable paciencia, la que nace de la codicia, para capturar a tan singular criatura.

Confinarla en una jaula dorada y exhibirla cual trofeo imposible, es lo que anhelan sus resecos corazones. Pero su deseo va más allá. Hay algo que todos callan, pero que hasta el último de los pérfidos ambiciona: la inmortalidad, que creen podrán alcanzar aspirándole la vida a Nereida, dejándola marchita y lánguida.

Necios, no saben que la inmortalidad tiene un precio. Que a cambio, se verían obligados a vagar durante el resto de la eternidad allí donde cielo y tierra se funden. Y que entonces Nereida sería libre.

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