Álvarez, Mª Ángeles – “A Paula”

Mi pequeña,

mi dulce niña de ojos castaños y sonrisa tímida,

la misma que tras mi falda se escondía

y bajaba al suelo la mirada

al oír voces extrañas.

Mi pequeña,

mi pajarillo tímido y asustadizo,

mi corazón de lágrima fácil y sonrisa abierta.

Jamás pensé que el tiempo

pudiera transcurrir con tanta ligereza,

que la vida avanzara con pasos de gigante

y en lo que dura un suspiro

te transformara en una pequeña mujer.

Mi pequeña,

de mirada alegre y gesto adusto.

Mi corazón,

de carácter firme y ojos airados.

Mi pequeña gran persona,

mi cabecita alocada de corazón inmenso.

Ya das tus primeros pasos autónomos,

ya juzgas y concibes y opinas

en la soberanía de tu mente emancipada,

desprendida del cordón primigenio

pero sin olvidar lo aprendido desde origen.

Mi pequeña,

mi dulce niña sabia,

mi bello boceto de mujer en ciernes.

Todo el amor del mundo es poco

para hacerte entender el mío,

toda el agua del mar no es suficiente,

para que comprendas el profundo orgullo

que esta madre algo tonta y mayor,

a veces algo ridícula,

siente al ver tu hermoso semblante avanzando hacia ella

para regalarle el más cálido de los besos,

de esos que encierran tu niñez, tu alegría, tu amor por ella,

besos infinitos que perdurarán más allá del tiempo y de la vida,

besos de agua, besos de azúcar,

besos de Paula.

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