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165. Club de Lectura sobre “El infinito en un junco” con Irene Vallejo el 20 de mayo de 2021

Publicado el 1 de junio de 2021


El 20 de mayo de 2021, ELD culminó un nuevo hito; uno que, a quienes componemos este proyecto de voluntariado cultural, nos hizo especial ilusión: contar con la presencia y la palabra de Irene Vallejo. Esta autora, canal de infinitos deleites estéticos y de conocimiento, nos ha legado una obra que ocupará, por derecho propio, un lugar preeminente en nuestras bibliotecas. El debate sobre este ensayo resultó inspirador, sintiéndonos componentes anónimos de la vieja estirpe que vela por la salvaguarda y difusión de los libros.

A continuación, reproducimos el diálogo que mantuvo con nuestra compañera Lilia García.

Diálogo mantenido con Irene Vallejo, alrededor de su libro El infinito en un junco.

Hay un tema casi obligado cuando se trata de comentar tu obra, me refiero a la importancia del mundo clásico para el mundo actual. ¿Se podría pensar que el éxito de tu obra y reconocimiento del público, además de, por supuesto, la extraordinaria calidad y calidez del libro, se debe a que has conseguido tocar en nuestro interior algo que “resuena” con el mundo clásico?

Me gustaría pensar que sí, aunque durante los años que me dediqué a escribir El infinito en un junco. Yo he estudiado la especialidad y me he doctorado, durante muchísimos años he estado sometida al bombardeo de la pregunta, ¿esto qué sentido tiene? ¿Para qué estudiar a los clásicos? Aprender el griego de Homero, aprender el latín. ¿Qué valor tiene aprender estas lenguas muertas? Por ello mi sensación era de partir con un inconveniente inicial que tenía que revertir gracias al entusiasmo y al poder de convicción. Entonces me preocupe desde el primer momento en salir a buscar a los lectores e intentar que se sintieran cómodos entre los clásicos, cuyas voces no se puede dar por sentado de que las hayan escuchado, como sucedía en siglos anteriores en Europa. Dando por hecho que para algunos esos personajes podían resultar rígidos, lejanos. Lo escribí con el deseo de crear esos puentes, esos caminos de comunicación, intentar demostrar que sus palabras resuenan en nosotros y que hay algo milagroso en ello. Por ejemplo, la descripción de Safo sobre el amor y los celos pueden, miles de años después, conmovernos, es algo que a mí me parece casi como rozar la magia.

Me gustaba hacer ese intento de producir ese hechizo en los lectores de hoy; yo me sentía una intermediaria que lleva de la mano a los lectores para que quizá visiten paisajes desconocidos.

Hay otro tema que tú tratas con especialísimo mimo en tu libro, me refiero a la importancia de la traducción en la difusión de la cultura. En realidad, me ha impactado también porque soy traductora, y más que hacerte una pregunta al respecto quería agradecerte que hayas puesto en valor el arte y oficio de traducir. Ya sabes que estamos a punto de ser reemplazados por los programas automáticos de traducción… Me ha gustado mucho la historia de los setenta y dos sabios hebreos que viajaron a Alejandría para traducir el Pentateuco al griego.

Yo realmente en este libro intentaba dar protagonismo a eslabones de la cadena del libro que habitualmente quedan en la penumbra. En las historias de la literatura siempre se centran en los creadores, en los escritores, como si fueran los únicos protagonistas y olvidan todos los personajes que intervienen en la transmisión de los libros que es al final lo que a mi preocupaba, ¿cómo se hace? ¿Cómo se consigue que los libros sobrevivan? Más allá de escribirlos, ¿cómo salvarlos de la destrucción? Que esa es otra historia del relato que no se suele contar. Y luego lo de los traductores, que a mi parecen esenciales para entender el mito de la Biblioteca de Alejandría, ese gran proyecto que allí se emprendió, y el mundo contemporáneo. Porque ahora nos parece evidente la necesidad de traducir, pero antes no lo era necesariamente. Alguien tuvo que dar ese pasito revolucionario, pensar que no solo nos interesa lo que nosotros somos, pensamos, escribimos, sentimos o soñamos como pueblo, sino que nos interesa lo que piensan nuestros vecinos, los que están lejos, los que miran la realidad desde otro punto de vista y la plasman en otras lenguas. Entonces los griegos alejandrinos pusieron en marcha una serie de mecanismos, una búsqueda de personas bilingües  para hacer esa tarea y llevaron a cabo el mayor proyecto de traducción que se había emprendido hasta el momento. A mí me parece que es un momento estelar, como diría Stefan Zweig,  un momento estelar en el que verdaderamente se da un paso que ya no tiene vuelta atrás; a partir de ese momento siempre hemos traducido, siempre hemos buscado las palabras de otras latitudes, de otros países, y constantemente la literatura se renueva gracias a la llegada de libros lejanos. Como se dice, la literatura universal no existiría sin la traducción, sería solo pequeñas comunidades de lectores aislados y desconocedores de las maravillas que surgen fuera de nuestras fronteras idiomáticas. Y por eso me parece importantísimo destacar ese papel, que es además un papel creador, el del traductor. Yo cuento también mis experiencias porque durante la carrera yo traducía y, en El infinito en un junco, hay traducciones propias de textos antiguos; y es un fenómeno de creación humilde al servicio de las palabras de otros autores. Entonces me gustaba destacar eso, esa generosidad creativa y reivindicarla muy especialmente. En la bibliografía aparecen citado a todos los traductores, incluso para las ediciones que se están publicando de El Infinito en un junco en otros idiomas; yo he pedido especialmente a mis editores que coloquen en la cubierta los nombres de los traductores, para que se entienda como una coautoría y no como un papel secundario. Hay que decir que algunos me han hecho caso y otros no, pero bueno yo me lo tomo también como una parte del mensaje de El Infinito en un junco. Yo que no me dedico a la traducción no puede pensarse que lo hago para defender mis intereses, sino que lo hago por convicción y por gratitud a todo lo que nos han dado los traductores a lo largo de la historia.

Utilizo, bastante a menudo, los traductores informáticos y creo que todavía estamos bastantes lejos de poder confiarles textos literarios, así que no creo que el trabajo del traductor de literatura peligre antes de que se puedan hacer enormes mejoras y además como decías: la traducción es creación; significa poner en juego tu propia sensibilidad, para saltar por encima de los vacios de las propias lenguas, de las dificultades de transitar entre dos idiomas. No creo que la inteligencia artificial lo pueda hacer, al menos próximamente; aunque no se sabe si alguna vez lo logre.

Te he escuchado decir que: “Salvamos a los libros porque los libros nos salvan a nosotros”. ¿Crees que continuaremos salvando a los libros?

Yo creo que sí; realmente estamos embarcados en un esfuerzo por salvar los libros. Hay mas bibliotecas que nunca y eso es muy importante para la transmisión y protección de los libros, porque ahora las editoriales destruyen sus fondos, porque es más barato destruirlos que almacenarlos; entonces los libros se conservan en las bibliotecas, pero nunca en la historia había habido tantas bibliotecas como hay ahora a lo largo y ancho del mundo e indudablemente nos aferramos a los libros, intentamos conservarlos. Estamos constantemente reeditando libros que han desaparecido de circulación; yo siento que esa voluntad sigue ahí.

Hay un relato realmente conmovedor  que recuerdo de una información de la BBC sobre Siria; cómo habían organizado una especie de biblioteca en los restos de un edificio bombardeado, en un sótano, y cómo en las ciudades semi-destruidas por la guerra la gente se reunían entre los escombros y ponían incluso sus vidas en peligro para recoger los libros de las casas que se venían abajo y reunirlos en una especie de biblioteca donde pasaban el día en una actividad que sentían, al menos, que les permitía superar el embrutecimiento de la guerra. Y los ponía en contacto con la idea de un futuro en paz. En fin, situaciones  tan extremas como esa en las que la gente pone en peligro sus vidas por recoger libros de entre escombros humeantes y llevarlos a una biblioteca improvisada a mi me demuestra que la relación tan  viva y tan íntima que tenemos con los libros no desaparece por el hecho de que existan pantallas o más oferta de ocio. En los libros hay algo que va más allá de su materialidad y que se convierte en una voz, que nos puede acompañar, que nos puede ayudar a vencer la angustia, como ha sucedido en este confinamiento; las encuestas dicen que ha aumentado el tiempo que dedicamos a la lectura. Esto es interesante, porque después de tantas décadas pronosticando una catástrofe inminente en la lectura, cuando realmente ha llegado una época casi apocalíptica, resulta que hemos leído más y no menos.

Y además me da la impresión de que se escribe mucho y se publica mucho, que es la otra cara de la moneda. Aquí en España, al menos, se escribe y se edita muchísimo cada año.

Si, se editan más de los que podríamos leer en toda nuestra vida. Incluso, los clásicos grecolatinos nunca, en los propios siglos en que estos se escribieron, no los leyó tanta gente como en el siglo XX, y esto incluso asumiendo que están desapareciendo de los programas educativos y que tenemos la sensación de declive cuando en realidad, se editan, se publican, hay ediciones de bolsillo, están asequibles en las bibliotecas, en los colegios, muchísimo más que en las propias épocas en que escribieron esas obras maestras, por supuesto muchísimo más que en el renacimiento, por supuesto también porque la población alfabetizada de esta época no tiene ninguna relación con la que había en otros períodos.

Yo si pienso que hay que relativizar un poco esas ideas. Antes de empezar a escribir El Infinito en un junco, oía tantas predicciones sobre la desaparición inminente de los libros, que de alguna manera quise contar esta otra historia, una historia milenaria sobre la capacidad de supervivencia de los libros que han atravesado por períodos de guerra, derrumbes de imperios, cambios culturales, transformaciones lingüísticas y a través de todos esos siglos y todos esos cataclismos han sobrevivido y están con nosotros, y poseemos libros de más de mil años. Entonces esto es impresionante, y creo que nos da otro punto de vista; en realidad lo libros son grandes supervivientes.

¿En que otros “infinitos” estás trabajando?

De El infinito en un junco eliminamos un apartado, una tercera parte que mis editores me convencieron de desgajar porque les parecía que el libro sería demasiado grueso y podría desanimar a los lectores. Esa última parte recogía las peripecias de los libros a través de la Edad Media hasta llegar a la invención de la imprenta de tipos móviles de Gutenberg; porque a mí lo que me interesaba era lo que llamaba “los siglos en que los libros vivieron peligrosamente”, mientras que había que copiarlos a mano, y por tanto reproducir un número de ejemplares de una obra exigía un esfuerzo y un gasto enorme; por eso durante todos esos siglos el número de ejemplares de una obra era relativamente pequeño y claro, los accidentes que afectaban a esos ejemplares podían saldarse con la desaparición completa de la obra en cuestión. A lo largo de la Antigüedad y de la Edad Media, en muchos momentos, el último ejemplar de un libro ardió o se inundó en un rincón y desapareció para siempre una voz. Eso era lo que me interesaba, llegar hasta la imprenta, pero mis editores me dieron ese consejo; confié en ellos y queda esa tercera parte como el núcleo de otro ensayo en el que abordaría pues, lo que quedo fuera, o parte de ello, y daría una visión más completa de esta peripecia de la historia de los libros. Pero la verdad es que ahora la promoción es tan exigente, y llegan tantas propuestas de charlas, de conferencias, de participación de actos; incluso diría que durante la pandemia, me he sentido de alguna manera responsable de colaborar y ayudar a la gente y mantener viva la cultura, y hemos estado trabajando en las redes y haciendo directos, intentando aportar de alguna manera, animando a la gente a leer, a hacer reflexiones, a sentirnos unidos… en fin todo eso me exige tanto tiempo que ahora no consigo centrarme en esos proyectos. Escribo artículos, charlas, textos cortos, pero no puedo abordar ese libro como yo quisiera. Estoy esperando que pase la marejada de trabajo de ahora, con la promoción internacional para poder sentarme con calma y abordar el proyecto.

Claro que sí, esperaremos con mucho cariño la continuación de El infinito en un junco, será un placer leer lo que tú hagas. ¿Hay algo que nunca te hayan preguntado en una entrevista y de lo que te gustaría comentar?

Preguntarme lo que nunca me han preguntado después de tantísimas entrevistas…−Irene Vallejo se ríe con picardía.

Quizá la cuestión de fondo en este libro es que lo escribí en unas circunstancias personales muy difíciles, esto sí que lo he contado otras veces, pero más por iniciativa propia. El niño que habéis visto asomarse al principio del acto nació con muchísimas complicaciones de salud y yo empecé a escribir el libro, a enfrentarme a los capítulos, a la redacción, excepto la investigación porque estaba hecha con anterioridad, en el momento que el niño estaba ingresado en el hospital y luchando para salir adelante, estoy convencida que si no lo hubiera escrito en ese momento, el libro hubiera sido otro diferente.

Porque entonces era muy sensible a los cuidados y a la atención que recibíamos de los equipos médicos, de las enfermeras en el hospital; eso me hizo reflexionar sobre las personas anónimas que permiten con su trabajo, con sus cuidados que todo lo demás suceda. Siempre tendemos a fijarnos en los protagonistas carismáticos de los acontecimientos, en la gente que está en primera línea, iluminada por los focos y reparamos menos en esas personas discretas que en un segundo plano ayudan, salvan, protegen.

 Y el libro, por tanto, que estaba destinado a ser una historia de los libros, yo creo que giró para convertirse en la crónica de los salvadores de libros, que son precisamente esas personas anónimas que a lo largo de la historia, a veces desde las capitales, pero también desde lugares periféricos, secundarios y poco iluminados, han creado esa especie de cadena humana que ha sido capaz de proteger los libros. Yo creo que indirectamente es un homenaje a todas esas personas que nos estaban cuidando y a eso que, normalmente, pasa desapercibido en la historia. Si alguien contara mi historia no daría gran protagonismo a todas esas enfermeras que nos cuidaron durante esos años y, sin embargo, para mí, son absolutamente esenciales en el libro.

Y bueno, esa fue la razón por la que el libro se convirtió en un canto a las personas anónimas que han actuado por amor desde lugares como los que vosotros estáis, desde bibliotecas, reuniones, círculos, cenáculos, como los quieras llamar, encuentros alrededor de la hoguera para contar historias y para mantenerlas vivas. Todas esas personas seguramente no eran conscientes de que estaban formando parte de un gran movimiento que llevaría a cabo, en mi opinión, una gran hazaña, que es salvar el conocimiento, el saber, los mejores relatos, la belleza; y todas esas personas, probablemente, lo hacían por adhesión y amor a esos textos, a esas historias orales, porque muchos de ellos ni siquiera sabían leer ni escribir. Sin embargo, todos esos esfuerzos confluyeron y llegaron a conseguir algo maravilloso: que podamos tener ese contacto con el pasado y con los mejores relatos de nuestra especie, y nos vernos obligados a volver a empezar siempre, a redescubrir, a repensar, a volver a investigar de nuevo lo que otros ya pensaron, descubrieron o intuyeron.

Toda la filosofía, toda la ciencia, todos nuestros sueños se han salvado gracias a esas personas anónimas. Y yo creo que ese contexto, ese momento que yo tuve que vivir le dio un giro al libro y me cambió completamente la perspectiva.

Si es verdaderamente maravillosa la forma en que lo has planteado. Además, esta semana hemos escuchado tu discurso en el hospital donde estuvo tu hijo y nos hemos emocionado muchísimo y lo hemos difundido. Realmente hablas allí con el corazón y con unas palabras magníficas para ensalzar a las personas que no conocemos y que como tú dices, no están en primera línea y sin embargo hacen tanto y tan esencial.

Sí, la verdad es que ese discurso fue muy especial para mí y muy emocionante. Quería compartir el testimonio personal, pero hacerlo reconocible para cualquiera que se haya visto en una situación parecida, que haya tenido un familiar o que haya sido el mismo un paciente en un hospital público y sentir como estas protegido, ayudado, en buenas manos y como eso es lo que en realidad permite todo lo demás. Si yo no hubiera tenido esa red, no hubiera podido escribir este libro y probablemente hubiera tenido que renunciar a mi sueño de ser escritora. Son situaciones muy duras, y muy difíciles, y económicamente exigen, en otros países, endeudamientos y muchas veces renuncias muy importantes.

Y me siento muy agradecida porque todas esas personas, y en el fondo toda la sociedad, hacen posible la sanidad pública, pues ha permitido que este sueño mío extravagante se haya podido hacer realidad. Por ello es un sentimiento que yo tengo muy dentro, un sentimiento de deuda, y también de deuda con el sistema educativo que me permitió, pues, tener becas, salir al extranjero, hacer la investigación que está detrás de este libro.

Y en fin, creo que hoy, en general, reivindicamos poco esa deuda social que tenemos, que nos permite hacer lo que queremos hacer, lo que nos gusta, y cuando nuestros proyectos se hacen realidad tendemos a destacar el esfuerzo personal individual y no valoramos las circunstancias sociales ni el esfuerzo de la comunidad que lo ha hecho posible. Si que soy consciente de ello y quería dar las gracias.

Y nosotros te damos las gracias infinitas por habernos regalado este momento contigo. Aquí tienes tu casa, sabes que estamos en Alicante. Cuando quieras puedes presentar tu libro aquí, en nuestro Libro Durmiente, y lo verán en muchos sitios, porque tenemos llegada a muchos países de Latinoamérica a través de nuestro blog.

Pues muchísimas gracias por la invitación, por la hospitalidad, por la generosidad, y gracias a todos los que nos estáis siguiendo. Ha sido un verdadero placer y espero que sea sólo la avanzadilla de encuentros posteriores.

Comentarios:
Hay 2 Comentarios

  1. Miguel Ángel Pérez Oca. dice:

    Leer a Irene Vallejo es un auténtico placer, pero verla en directo, respondiendo a preguntas de una compañera es una situación excepcional. Lo pasé muy bien y agradezco al Libro durmiente que hubiera tenido esta iniciativa feliz. Felicidades, Lilia, por lo oportuno de tus preguntas. ¡Que buena tarde nos disteis Irene y tú! Inolvidable.

  2. LILIA GARCIA CHIAVASSA dice:

    Muchas gracias Miguel Ángel, también para mi ha sido una experiencia inolvidable haber compartido contigo la tertulia. Espero que en el futuro disfrutemos más tardes como esa. Un fuerte abrazo y ¡hasta la próxima!.

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