Y en nosotros nuestros muertos – Ana Medrano

Reseña realizada por Begoña Curiel:

 

5_Intriga, fluidez narrativa y mucho corazón. Son tres de los pilares del estreno de Ana Medrano como novelista. Pero antes de entrar de lleno en cada uno de ellos, lo primero es situarnos en la historia que ofrece Y en nosotros nuestros muertos.

Magdalena, Nena se enfrenta no sólo a la pérdida sorpresiva de su padre sino a las sospechas que le torturan, porque teme que su muerte no haya sido fruto de un accidente, mientras su entorno familiar y sus amigos, la tacha prácticamente de paranoica. Una de las pistas que le transmiten esa inquietud es la extraña desaparición  de un espejo en el taller de restauración en el que trabajaba su padre, en el que apareció muerto, supuestamente por una caída fortuita.

El espíritu inquieto y a veces, el exceso de fantasmas que Nena ve por todas partes, la lleva a investigar por su cuenta, hasta que su insistencia provoca que la policía se haga cargo del caso.

Ana Medrano dedica el grueso central de la primera parte de la novela a describirnos quién es su protagonista principal. Y es cierto que la personalidad de Nena parece un tanto desquiciante. Pero su tesón acaba dando sus frutos, porque tras los hechos se podría esconder una trama fraudulenta de expolio de patrimonio artístico.

Es precisamente este laberinto el que hace crecer precisamente esa INTRIGA que al principio destacaba como uno de los pesos pesados de esta historia. A medida que se adentra en esta hipótesis, engancha con fuerza al lector, aunque Nena se sumerja en ella como un elefante en una cacharrería: con todo el mundo en contra y sin medir las consecuencias. Por eso, la tensión es creciente, espoleando así, el interés del espectador lector.

La FLUIDEZ NARRATIVA es otro de los factores interesantes de Y en nosotros nuestros muertos, porque te deslizas prácticamente por las páginas, volando de una a otra. La escritura es sencilla, sin ornamentos, con diálogo y capítulos cortos que aportan esa agilidad que gusta a quienes pedimos más y más, según avanzamos en la lectura. Por eso, la he devorado.

Pero es ese CORAZÓN que veo en este libro, lo que me ha llenado de manera especial. Y cuando digo corazón, no me refiero al capítulo romántico que también adereza y se entrecruza con la trama. No. Me refiero sobre todo, a lo que intuyo, al valor que la autora otorga a la familia y amigos que pululan como satélites alrededor de Nena. Aunque critiquen su actitud, aunque se echen las manos a la cabeza porque tiende a ponerse lo peor y a creer que nadie más que ella sufre la muerte del padre, todos están ahí. A su lado. De manera incondicional.

En las entrevistas concedidas por Ana Medrano destaca mucho y siempre, la importancia y el peso que tienen las personas que la arropan en su día a día y sobre todo, la garantía de que estarán ahí, pase lo que pase. Ana Medrano a través de Nena sabe que son parte insustituible de su vida. Incluso, quienes ya no están, porque también son los que están con nosotros.

Nena es el conjunto y la suma de todos ellos, de las vivencias que comparte con ese universo particular y en definitiva la pieza del puzle en el que se ha convertido, gracias a ellos. Por eso veo tanto corazón en esta novela, sensibilidad y orgullo de pertenencia. Por cierto, adoro a Sole, amiga de Nena. Cuántas Soles necesitamos todos en nuestras vidas… Son inyecciones de energía por la vena. Impagables.

Destacaría también un pequeño gran personaje: Lola, la menor de las hijas de Nena. Un personaje-personita entrañable, lleno de ternura que podría ser cualquier enano de los que cantan y dicen las verdades sin pensar y sin más respaldo que su ingenuidad.

Y lo que no se me puede olvidar porque fue definitivo para fijarme en Ana Medrano antes de conocerla. Su portada. Es increíble la fuerza de los primeros impactos. Ese tono azul y gris, la mirada perdida de la mujer que llena la portada y el silencio que desprende –aunque la cabeza parezca que no le deja descansar–, fueron un flechazo. Un imán atractivo que en esta ocasión ha dado sus frutos, porque cuántas veces picamos  con portadas impresionantes los adictos a la lectura. Todo conlleva un riesgo. A veces se acierta, otras te quedas con la cara de tonta al comprobar que te has llevado a casa un auténtico fiasco.

Por eso, la satisfacción es doble. Incluso se puede elevar a otra potencia, porque el resultado ha sido positivo, un  descubrimiento aun más agradable porque es una autora novel, que afortunadamente, como otras maravillas  desconocidas que pueblan el mundo literario, no se quedarán en el anonimato.

Ana Medrano se ha empleado a fondo con una trama atrayente, interesante, apoyada en un trabajo de documentación que no cae en balde. Gracias por entretenernos y ponerle tanto corazón y arrojo a tus letras.