Y Después… – Faras de Patmos

Reseña realizada por Antonio Lozano:

Romper tópicos es para atrevidos. Nuestra sociedad se rige, quizás de manera inflexible, según los dictados de la ciencia. Esta visión ha reportado avances cuya enumeración resultaría tan extensa como innecesaria. Aun con todo, el nuestro no es un mundo de absolutos sino de progresivas aproximaciones a la verdad. Como, por otra parte, nos ha enseñado la misma ciencia en infinidad de ocasiones. Esta sucesión de teorías que surgen con la pretensión de ser la última respuesta y superación de lo anterior, lo hace con la vana esperanza de no ser sustituida en el futuro. En ese juego solo se aceptan aquellas formulaciones empíricamente contrastadas cuyo desarrollo se ciñe a los dogmas de la medición, cuantificación, observación y réplica. De tal forma, ¿quién sería tan osado a comprometer su buen nombre hablando de lo que no puede ser reproducido en un laboratorio, recogido con instrumentación precisa u observado a voluntad del investigador? Ése, sin duda, no ha de ser conocimiento serio. Tal vez, útil para una conversación de sobremesa o, en el mejor de los casos, para la fructífera imaginación de un filósofo sin prejuicios. En el peor escenario, terreno fértil para la fantasía de charlatanes, embaucadores y programas sensacionalistas de emisión nocturna. Difícil cometido que otorga más valor al trabajo discreto realizado por los autores de esta obra.

Este libro adquiere una dimensión singular. La vocación didáctica que en él se adivina pretende servir como una guía de tránsito a través del más allá. Cuando se toma conciencia de la finalidad para la que ha sido escrito, es cuando se descubre el verdadero sentido de la obra. Contar con una descripción detallada (atendiendo a las limitaciones que el caso impone) de las fases por las que pasa el alma entre los períodos de encarnación, bien pensado, puede ser uno de los conocimientos más valiosos que podamos adquirir en nuestra “vida”. Bajo este prisma, su lectura deja de ser una curiosidad y pasa a convertirse en un tipo de conocimiento que otorga seguridad y fortalece el ánimo. El propio texto nos advierte de su importancia: “De ahí que sea tan importante conocer estas claves durante la vida, para que cuando nos llegue el momento de la muerte, podamos aplicarlas, ya que las enseñanzas que se aprenden con la memoria del alma son las que nos servirán en la “otra orilla” para saber de qué manera recorrer esos laberintos sin perdernos”.

Ya en su primera hoja, cuando apenas se está preparado para lo que ha de descubrirse, se explica de manera gráfica y sencilla el eterno dilema entre el libre albedrío y el destino. De forma brillante y tomando como ejemplo el juego del ajedrez, se nos hace evidente cómo se entrelazan ambas dimensiones conformando la expresión de la vida en su más amplio sentido. En Oriente objetivaron este conocimiento a modo de ley de compensación a la que denominaron karma.

Cuando se cita al Bardo Todhol, las Sagradas Escrituras, El Libro de la Última Morada, el Zohar, el Tao Te-king, a Platón, Plotino o Blavastkky, por nombrar solo a algunos, se sienta las bases de su verisimilitud. Llegados a este punto, el lector se pregunta, ¿es posible que tantos sabios de la antigüedad se engañaran sobre su existencia? ¿Puede ser que fueran tan sabios en algunas cosas, cuya admiración llega hasta nuestros días, y tan estúpidos en otras? Si la endoculturación no ha abolido completamente nuestra capacidad de análisis, es posible que abordemos su estudio sin prejuicios con la expectación de un niño al que todo interesa. “Existe una geografía sagrada muy detallada sobre los mundos de más alapuntó Aarón– a la que todas las tradiciones filosóficas y las diferentes religiones han ido configurando con distintos nombres, pero con similares significados”.

Con respecto a los personajes, destaca la figura de Melquisedeq quien, a partir de la invocación de Aarón,  adquiere forma corpórea para instruirlo y asegurar el vínculo entre maestros y discípulos. Sobre él, podemos leer en la wikipedia “se presenta tan eterno como su sacerdocio. Ha estado en el mundo desde el principio del tiempo, y se quedará hasta el final. Es el primer peldaño en la escala que ascienden las almas iluminadas”.

El genial poeta y pintor inglés, Willian Blake, viene en auxilio de los autores con unas pinturas que evocan un tipo de realidad solo accesible a través de la mística o el arte. Desde la Escalera de Jacob, presente en la portada, como el resto de imágenes que jalonan la obra merecen la atención del lector. No es el único pintor presente, pero sí quien más protagonismo adquiere.

El tránsito por el más allá, a tenor de lo que conocemos gracias a las pocas tradiciones y enseñanzas que sobre ello nos han llegado, es particular para cada caso. Lo que parece evidente es que del otro lado nos encontraremos una expresión más bien parecida a lo que hayamos forjado en pensamiento y obra en el período de encarnación. No se trata únicamente de compensar o recoger lo generado en “vida” sino que, ese otro lado adquiere la conformación de las creencias y actitudes que se hayan cultivado cuando se contaba con el ropaje físico. De tal forma, para el ser virtuoso y lúcido el camino se presenta recto y poco accidentado. Por el contrario, aquellos que por desconocimiento rechazaron cualquier tipo de transcendencia se hallarán en un ámbito desconocido y falto de sentido. “Aquel que durante su encarnación se ha dedicado a negar la existencia de la vida después de la muerte, tendrá que sufrir el desencanto de su negación y al no encontrar allí arriba ninguna afinidad con sus fantasías o negaciones, caerá en un sueño vano, una suerte de sueño sin ensueños y magnéticamente se sentirá atraído nuevamente a una encarnación precipitada que se repetirá”. Peor suerte les espera a quienes, de forma consciente e intencionada, transgredieron las leyes de la justicia, pues su deambular se tornará impreciso y lleno de peligros. Parece pues, que la mejor prevención pasa por desarrollar, en la medida de nuestras posibilidades, buenas acciones, sentimientos y pensamientos. De cuanto hagamos ahora tendremos que responsabilizarnos más adelante; como la vida misma. “Con nuestros pensamientos y nuestras obras estamos forjando durante el período de nuestras vidas las imágenes y vivencias con las que nos vamos a encontrar en el período llamado de la muerte. En la medida en que la cantidad de nuestros pensamientos y obras bellas e inegoístas sea mayor que los negativos y egoístas, no sólo estaremos realizando una vida bella y virtuosa, sino que también estaremos preparando un período post-mortem más rico en experiencias espirituales”.

La aceptación de los planteamientos vertidos en la obra nos sitúa ante una inspiradora evidencia. Si tras el período de encarnación le suceden otros, como son el kâma-loka y el Devachán, a partir de cuyas fases volvemos al plano físico, la continuidad de la vida no se suspende en ningún momento. “En realidad, la vida está en todas partes, la muerte no existe”. Esta visión otorga una perspectiva útil en la valoración de cuanto nos ocurre y en sus consecuencias. Al fin y al cabo, ¿qué nos puede pasar que no sea para tomar conciencia y permitir nuestro desarrollo personal? “Estamos hablando, hasta donde los seres humanos pueden comprenderlo, de una existencia unitaria de duración ilimitada con períodos alternativos en los que se está encarnado y desencarnado, que el común de los mortales llaman de vida y de muerte”.

Si existe un momento de especial importancia, éste parece ser el previo al momento de desencarnar. “Recuerda también, que un cambio en tu actitud mental que en el momento de la muerte te permita vislumbrar una verdad espiritual, puede generar un giro completo en tu vida después de la muerte y aunque ello no te quita el karma que has acumulado y que tendrás que pagar inexorablemente; sin embargo, no sólo generará skandhas positivos que recogerás en tu próxima encarnación, sino que, también te dará paso a nuevos estados de conciencia. Esto es lo que muchas tradiciones religiosas han recogido en la idea del arrepentimiento a la hora postrera de la muerte, pues los últimos actos o pensamientos del ser humano en el momento de la muerte producen un efecto enorme e importante en la vida futura”. Encarar los últimos instantes de nuestra encarnación física con ánimo sereno y confiado en la continuidad de la vida, se convierte en una necesidad para los hombres.

A modo de epílogo, citamos este párrafo que puede servirnos como resumen de lo señalado. “Con el fin de alcanzar una existencia consciente en los estados posteriores a la muerte, existe una clave importante y es que comencemos a comprender y concienciar la existencia de la vida en el más allá durante nuestra existencia terrenal, tal como nos han enseñado las filosofías que nos recuerdan la inmortalidad del alma y la conciencia ultraterrena, ya que el Ego recibirá, siempre, de acuerdo con sus merecimientos. Cuando se produce la muerte, este Ego podrá asumir tres tipos de estados, según el grado de conciencia que haya alcanzado el difunto: un período de plena, clara y absoluta conciencia, un estado de sueños caóticos o un estado de sueño sin ensueños muy parecido a la nada… del mismo modo que los sueños que tenemos durante nuestra vida son el resultado de visiones inconscientes recogidas durante las horas de vigilia. Durante la muerte seguimos el programa de lo aprendido en la Tierra, ya sea consciente o inconsciente y, en la medida en la que despertemos nuestra conciencia durante la encarnación, así tendremos la conciencia más despierta durante el período de la muerte. No olvides que la vida espiritual es la vida después de la muerte y es la verdaderamente real y que nuestra vida en la Tierra es un juego de espejismos y de formas ilusorias. Nos movemos en el plano de Maya, es decir y como ya te he indicado, creo que hasta el agotamiento, en un plano ilusorio, ya que la única realidad son los períodos vividos después de la muerte, en donde nuestra alma se encuentra de frente a la Verdad, hasta que el Ego, después de la experiencia de múltiples encarnaciones y desencarnaciones, alcance la conciencia del Todo Divino”.

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