Volver a casa – Yaa Gyasi

Reseña realizada por Begoña Curiel.

Un trabajo titánico el de Yaa Gyasi en este recorrido de tres siglos en menos de cuatrocientas páginas donde se sumerge en sus propios orígenes a través de la historia de Effia y Esi, dos hermanas de madre con padres de distintas etnias.

El punto geográfico de partida es la actual república de Ghana donde una de ellas (Effia) se casará con un británico y residirá en ese terrible lugar donde lloran las mazmorras llenas de esclavos y la segunda (Esi), será enviada a Estados Unidos como una de ellas.

Las dos ramas familiares se expresarán a través de distintos personajes por cada capítulo donde iremos recorriendo el tiempo cronológico y la historia de cada uno de los lugares que transitan. Porque esta novela es sobre todo el relato de acontecimientos históricos que viven y sufren los protagonistas.

El lector tendrá entonces a su disposición una extensa película sobre el comercio británico de esclavos, las luchas y traiciones entre las tribus de las diferentes aldeas subsaharianas, los trabajos forzados en las minas del sur de los Estados Unidos, la guerra de Secesión, el surgimiento del movimiento de independencia de la Costa del Oro y hasta el drama de la heroína de los setenta.

Volver a casa” habita entre culturas, con la humillación y el despotismo que las rodea y arrasa como lecho principal de una novela intensa e interesante en la que me ha fascinado especialmente la magia envuelta de las leyendas y a veces no tanto, de una tierra tan enigmática como la africana. Y con ellas, te cautivan esas historias de maldiciones que persiguen y persisten pese al paso de las generaciones y que se trasladan con ellas donde quiera que estén.

Otro elemento poderoso de “Volver a casa” es la fuerza de la mujer. La mujer con letras mayúsculas como la mayor de las víctimas y sin embargo símbolo de fortaleza con todas las letras. Ellas son el hilo conductor de la esperanza que respira esta historia a pesar de la crudeza que sangra en las páginas. Especialmente doloroso, cruel y trágico es el hacinamiento de las mujeres en esas mazmorras que erizan el vello en la piel tan solo con imaginarlas, con dantescas escenas donde todo lo peor puede ocurrir.

Es tal el maremágnum de contenidos de esta obra que cuesta imaginar que Yaa Gyasi se esté estrenando como novelista. Una joven nacida en Ghana y que con solo dos años se traslada con su familia a Estados Unidos. Es sin duda una búsqueda de los orígenes que a veces nos persiguen y torturan aunque sean el instrumento adecuado para conocernos, comprendernos y comprender el mundo. Aunque no estén garantizadas las respuestas en la búsqueda, es digno de aplauso el esfuerzo realizado en esta obra. Incluso, aunque por el camino se encuentren heridas difíciles de sanar a pesar de que no se hayan sufrido en primera persona. La genética tiene esa tremenda capacidad de transmisión de dudas y dolor que supuestamente duermen.

Por otro lado, sin que anule el trabajo bien hecho, es evidente cierta inexperiencia en la construcción del relato. La claridad y determinación a la hora de estructurar la novela –un trabajo sin duda arduo– no ocultan la falta de destreza a la hora de generar un ritmo que a veces se pierde en la lectura. El continente, la forma, es fundamental para engancharme como lectora. También reconozco que el esquema inicial que presenta la autora para no perderse entre tanta rama de árbol genealógico, no es una garantía. Porque aunque es práctico –totalmente necesario diría yo– ha habido infinidad de ocasiones en que yo sabía dónde, con quién, por parte de quién tocaba tal o cual personaje.

Es comprensible estas carencias que achaco al binomio juventud y estreno. Porque ha empezado muy alto. Y no decepciona, no. Pero le falta, supongo, carrera de fondo. Algo lógico por otra parte. Nada que no se pueda corregir porque la experiencia es cuestión de tiempo y práctica. Qué más quisieran, por cierto, muchos autores aventajados y de caché, tener la valentía de esta joven escritora.

Puede ser –intuyo– que Yaa Gyasi tuviera demasiado que contar. Que haya querido abarcar en exceso. Solo con la historia puntual de alguno de los personajes, de los descendientes de esas dos mujeres que se van diluyendo a lo largo de la historia –aunque nunca del todo–, tendría para varias novelas. Esa inmensidad de contenido ha repercutido en la sensación de brillo que al final podría haber tenido de forma categórica. Y sin embargo “Volver a casa”, solo con la intención, con el esfuerzo titánico, tiene tanto brillo como su hermosa portada, que por cierto me encandiló con sus colores y geometría.

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