Vidal Casta, Isabel -“Una mujer especial”

Ella era brillante, por dentro y por fuera. Sí, porque de ella emanaba una luz.

Era imposible que sintieras ningún malestar a su lado.

Todo era armonía en donde ella estaba. Me pregunto cómo lo haría, si era su sonrisa, o su pequeño e inquieto cuerpo. Tal vez sus libres carcajadas, la caricia que nunca te faltaba. Tal vez su mesa, en la que siempre tendrías un delicioso y generoso plato, fueras quien fueras mientras te conociera.

No se, tal vez su picardía e ingenio para disimular que se acordaba de ti y de toda tu familia, aunque los años y la enfermedad le hubiesen borrado la memoria.

Eso sí, también de forma brillante, olvidó lo malo, y lo más malo aún, y recordó lo bueno. Recordó a sus seres queridos, recordó el camino a la peluquería, cómo pintarse las uñas, y disfrutar de un buen café. Lo recordó incluso el día en el que dejó de existir, cómo no, durmiendo en su sofá y acompañando con su luz a sus seres queridos.

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