Una vacante imprevista – J.K. Rowling

En Pagford, un bucólico pueblecito inglés reside una pequeña comunidad donde se condensan las miserias humanas. Solo hace falta una mecha para que prenda el lado oscuro que late en el rincón de cualquier alma: la inesperada muerte de Barry Fairbrother desencadena una cruenta y particular batalla por ocupar su puesto en el concejo parroquial.

Una vacante imprevista” describe la guerra sucia que sucede a la ansiedad por ganar que excede todos los límites, dejando –si es necesario– la verdad abandonada por el camino y la ética que subyace ausente en los hilos manejados por J.K. Rowling. La alegoría de “lo peor” del ser humano ocupa esta obra donde todo se ve venir y aun así, sorprende. Lo peor, siempre es posible.

Era precisamente el desaparecido Fairbrother quien simbolizaba el debate dialogado, con argumentos, con hechos en favor del mantenimiento de una urbanización de ambiente marginal que enfrenta a los componentes del concejo. Este epicentro narrativo desvelará sin tapujos el cinismo de algunos lugareños encantados de ser tan dignos y excelentes vecinos de su comunidad.

Aunque la trama sea previsible –sabemos que “se va a liar”– J.K. Rowling es buena entresacando matices, detalles, situaciones que ponen al límite a la comunidad de vecinos. Lo más zafio, ruin y cruel es una posibilidad. Y aunque intuyamos la que se avecina no deja de sorprender, asquear y disgustar la capacidad de maniobra de esos buenos vecinos. En cada hogar parece alojarse un secreto de diferentes proporciones que contribuye a calentar e incendiar el ambiente; una auténtica jauría de intereses de distinta calaña donde la autora mezcla la ternura y putrefacción.

No todos los personajes pesan por igual pero suman en este rompecabezas humano donde casi ninguna pieza encaja. Pero –y eso es lo que atraganta el arranque–, las numerosísimas abejas de este complejo panal dificultan el comienzo. Porque el listado de protagonistas es inmenso, mezclando además diferentes roles: padres, hijos, amigos, enemigos, maestros, alumnos, autóctonos y foráneos… agitados en un cóctel que anuncia temporal. Quien tropiece y se caiga este bendito/maldito Pagford que no espere una mano que ayude a levantarse. La idílica estampa de Pagford es un auténtico espejismo…

Es una trama recurrente en literatura pero el mérito reside en convertirla en cebo atrayente. En mi caso, he picado. Me ha enganchado de manera progresiva. Es cierto –como señalaba– que la lectura se ralentiza porque son muchos los hogares, entornos familiares y de amistades. De hecho muchas veces he tenido que regresar a páginas anteriores, para recordar quién era quién, cuál es el hijo de este o el otro, la mujer de tal o cual… y eso cansa, aunque no lo suficiente como para desanimarse. Es más, después –cuando ya te haces con las familias– la lectura se hace más apasionante.

Esta comunidad vecinal ofrece un nutrido muestrario de envidias, sombras, podedumbre, crudeza, antipatía, rivalidad y una botica de defectos, circunstancias y temáticas donde caben violencia, conflictos padres/hijos, drogas, clasismo…

Pagford es un reflejo de la decadencia e inmoralidad de la especie humana; un pequeño pero concentrado laboratorio de psicologías. Hay personajes para odiar, amar, con los que enternecerse, indignarse, sentir tristeza y a veces, de forma contradictoria… Difícil escoger, aunque Andrew y Krystal son mis favoritos.

No es que me gusten las historias de Harry Potter de la afamada escritora pero es cierto que sentía curiosidad. Esta vacante imprevista confirma J.K. Rowling es capaz de construir historias buenas también para adultos, por muy alérgicos que sean a su conocido Potter.

Exprime límites y eso supone un recurso importante para quien lo cuente, describa y desarrolle de manera efectiva en sus textos. No me parece ni mucho menos un experimento fallido según leo en críticas literarias y comentarios de lectores que no pueden abstraerse de la condición de J.K. Rowling como creadora del rentable Potter.

Una vacante imprevista” es una trama muy entretenida. En sentido progresivo y ascendente. Sin necesitar de grandes aspavientos literarios. En creación de mundos y escenarios es una máquina, guste o no su trabajo previo. Me gustan los autores que se retan a sí mismos. No tenía necesidad. Desconozco si es un encargo o una decisión personal. Pero tiene mérito probar con un público que no es el juvenil, el suyo, donde ya tiene podio garantizado. Más, si el resultado como es el caso, es positivo. De enganchar, esta escritora, sabe un rato.

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