Un lugar seguro – Wallace Stegner

Reseña realizada por Begoña Curiel:

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Wallace Earle Stegner (18 de febrero de 1909 — 13 de abril de 1993) fue un  historiador, novelista y escritor de relatos breves norteamericano y un ambientalista. Es llamado “el decano de los escritores del Oeste”

Creció en Great Falls (Montana), en Salt Lake City (Utah) y el sur de Saskatchewan, lugares de los que habló en su autobiografía Wolf Willow. Dice que “vivió en veinte sitios en ocho estados y en Canadá”

Mientras vivió en Utah se apuntó al escuadrón de boy Scouts de la Iglesia mormona (aunque no era mormón sino presbiteriano).

En 1930, se doctoró y recibió su diploma universitario por parte de la Universidad de Utah.

Impartió clases de literatura en la Universidad de Wisconsin y en la de Harvard, hasta que decidió quedarse en la de Stanford y allí fundó una escuela de escritura creativa.

Algunos de los alumnos más conocidos que se formaron en esa escuela fueron: Sandra Day O’Connor, Edward Abbey, Wendell Berry, Thomas McGuane, Ken Kesey, Gordon Lish, Ernest Gaines, Larry McMurtry, Raymond Carver.

Stegner murió a causa de las lesiones que sufrió después de un accidente de coche el 28 de marzo de 1993 en Santa Fe, Nuevo México mientras visitaba la ciudad para dar una conferencia. De entre sus obras más importantes, destacan: A shooting star. Una estrella fugaz (1961) (Publicado en España por Plaza y Janés (1964). Angle of Repose. Ángulo de reposo (1971), Premio Pulitzer. The Spectator Bird (1976) – Ganadora del National Book Award. Además de numerosas obras que no han sido traducidas al inglés.

Escribir sobre la amistad no es una novedad pero hay muchas formas de hacerlo. La novela de Wallace Stegner es una manera extensa y bella de ponerlo en práctica, aunque durante la lectura de “En lugar seguro” he tenido sensaciones contradictorias en los que han mezclado el disfrute y el cansancio.

El inicio de la historia es sencillo: dos parejas jóvenes se conocen porque los respectivos maridos trabajan como profesores de literatura en la misma universidad. Son los años de la Gran Depresión y la situación económica y contexto social de ambas, son completamente distintas.

Larry -el narrador- y Sally llegan como pueden a final de mes y Sid y Charity tienen una situación cómoda. Pero en su primer contacto surge un “flechazo de amistad” que no se romperá hasta el final de sus días.

Después de treinta años de vivencias, con alegrías y tristezas, en los que no siempre han estado juntos por distintos motivos, se reúnen para despedir a Charity, a punto de dar su último suspiro de vida, enferma de cáncer.

Este personaje es sin duda, quien más disensiones en la relación a cuatro y por supuesto lo hará antes de morir: siempre ha querido planificarlo todo aunque en su carácter predomine la generosidad. Por eso, parece más difícil dirigir las críticas hacia ella.

Realmente no hay más tramas ni sorpresas (aunque he tenido ganas de que se produjeran) en esta novela porque su objetivo es “contar” la amistad, pero la verdadera, la que parece ser la auténtica para Stegner, incluidas luces y sombras.

Es un recorrido de treinta años por la unión entre amigos que tras el primer contacto se guardarán respectivamente en sus corazones. De manera literal. Para ello, el uso del flashback es continuado, pero con gran resolución y sin que aporte complejidad o cause confusión al lector.

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El quid de la novela está en la descripción de este trayecto,  incluido el de las cosas, los paisajes, las situaciones, los hechos. Stegner tiene una tremenda capacidad narrativa para explayarse y deleitarnos en muchas ocasiones con su plasticidad. No soy lectora “fácil” de convencer a la hora de aceptar una descripción cualquiera y menos, larga, si no merece la pena. Y en este caso, reconozco que la gran mayoría de los pasajes descriptivos son una delicia.

Pero la “descripción protagonista” de la novela es sin duda, la de sus personajes, su psicología y por supuesto, la evolución que experimenta su amistad, pese a los cambios de ubicación de cada familia y las lógicas envidias, malos entendidos, discusiones y demás sentimientos inherentes al discurrir de la vida.

Los malos ratos son tan comprensibles como los buenos, pero Stegner -desconozco si de manera intencionada o no- parece “perdonar” demasiado a Charity, que personalmente me desquicia. Su evidente generosidad hacia los buenos amigos no es capaz de ocultar, su personalidad dictatorial, incluso castrante, que ejerce de manera especial hacia Sid, su marido. Pero… esa es la manera en la que supuestamente, ella “ama”, arrollando con tono y hechos a su entorno. Su vida es una libreta en la que sólo le queda apuntar los minutos en los que todos deben respirar. Es mi percepción y por tanto, tan personal como la que otros lectores puedan tener de Charity.

La amistad sirve al autor para analizar las maneras de amarse entre los miembros de cada pareja. Sid convive de manera consentida con la inferioridad a la que le somete de alguna manera su mujer y Larry se mira en ese espejo para comparar su relación con Sally, que parece más un hada que una mujer. Una enfermedad la mantendrá atada a unas muletas durante media vida y aun así, su serenidad desborda.

Una cosa que me chirría de manera especial en “En un lugar seguro”  es la “ausencia” de los hijos de las dos parejas. Sí. Están ahí y más presentes con el avance de los años, con nombres y todo, pero me parece increíble que estén “ausentes” -siendo tan protagonistas los sentimientos en esta novela-, para sus padres desde el momento en el que nacen, casi como si fueran complementos en esta historia de amistad entre parejas, que pululan por ahí cual satélites, como si para nada, condicionaran o influyeran en el flujo de relaciones a cuatro.

Es la primera vez que leo a Stegner y de momento, a pesar de los puntos positivos que tiene su escritura, que son muchos, “descansaré de él”.

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