Un lugar llamado nada – Amy Tan

Reseña realizada por Begoña Curiel.

¿Saben dónde está Birmania? Seguro que cuando lean esta novela se darán cuenta de que es aún más desconocida de lo que ya pensaban. “Un lugar llamado nada” no va de viajes aunque servirá para conocer un poco este país asiático gracias a una peculiar expedición de doce amigos estadounidenses. La autora se servirá de ellos para introducir una dura crítica a la ingenuidad del guiri acomodado de cámara fácil que pretende saberlo todo con la ojeada de unos cuantos días. Pero esta novela es mucho más.

El intrépido grupo pasará de China a las bambalinas del régimen militar birmano sin verlo ni olerlo a través de una tribu (los Karen) que escapa de sus garras escondida en la inhóspita selva. Lo que iba a ser una excursioncita de nada se convierte en una auténtica odisea con dosis de sufrimiento, pero también de momentos para la risa.

Tienen la suerte de que la resaca hará que uno de los viajeros no se una al recorrido y se encargue de dar la voz de alarma a la opinión pública cuando se demoran demasiado en su regreso. La autora nos deleita con este extravagante personaje, estrella de la televisión, con la que de paso –además de reírnos– ilustrará al lector sobre la maquinaria interna de los medios de comunicación.

Otro curioso punto de esta novela es su narradora. Es Bibi Chen, la organizadora de la expedición, que aparece muerta en extrañas circunstancias a pocos días del viaje, pero les acompaña como un espíritu desde el limbo al que no se acostumbra.

Antes de quedar varados sin dejar rastro en la espesura de la selva, protagonizarán escenas estrambóticas y desternillantes. Memorable el momento en el que uno de ellos –ajeno a la firmeza de las creencias del lugar– se pone a orinar en un lugar sagrado. El lector entra en pánico imaginando el momento en el que le pillarán in fraganti vaciando la vejiga. No tiene precio.

La novela da para reír pero no crean, también se sufre y mucho por las meteduras de pata continuas de los turistas. Creen los pobres que van a vivir una experiencia inigualable, y desde luego que la viven pero por motivos muy diferentes a los que ellos pensaban. Los habitantes del peculiar poblado creen que uno de los americanos es el “Hermano Blanco”, el líder que han estado esperando. A sus ojos, su habilidad con los trucos de cartas es la representación la magia del Dios con el que deseaban reencontrarse.

La particular comedia y tragedia urdida por Amy Tan es un aliño constante en esta obra magnífica con buena narrativa e interesante fondo pese a la ficción que nos sitúa en esta extraña aventura de toques inquietantes donde el choque de culturas es un tren que colisiona a lo largo de las páginas; donde comprobaremos que las miradas de Oriente y Occidente siguen estando a años luz de distancia. Esta historia simboliza la incomunicación que une y separa al mundo, donde todos intentamos conocernos pero con la boca pequeña.

Los kilómetros son metáfora de la cerrazón mental que preside la complicada relación -a veces por una triste ignorancia o simple desinterés– entre humanos aunque pertenezcamos a la misma especie. Esta novela es tan profunda como ligera. Ofrece la seriedad y la anécdota más ridícula en la misma balanza que tan bien maneja la escritora .

Sus personajes son extravagantes; a veces hasta patéticos y también tiernos. Más de uno merecería una reseña particular. Tienen mucho jugo juntos, pero por separado presentan historias personales tan serias como ridículas.

Es cierto que el ritmo de la novela se ralentiza a veces por la profusión de detalles que en principio no resultan necesarios o extractos de historias demasiado farragosas. Pero no ha conseguido rebajar mi interés por este curioso lugar llamado «Nada» que dice, cuenta y describe tantas cosas. Conocidas y desconocidas.Un libro sin duda muy diferente.

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