Antón, María del Mar – Un día cualquiera

Despertó en ese estado de ensoñación semiinconsciente que dejan los últimos sueños: había tomado un tren para ir a Valencia, pero éste, extrañamente, cambiaba su destino para llevarle a Albacete, sin que sus protestas consiguieran que el tren se encaminara al destino deseado. El desasosiego del deseo contrariado aún estaba presente y con un impulso de rabia se levantó de la cama; inmediatamente sintió, la rigidez habitual de sus articulaciones; la ducha caliente le despertó totalmente, tras lo cual inició los ritos diarios del desayuno. En esos momentos todo lo no previsto le disgustaba; cada paso debía seguir la rutina de todos los días. Pero esa mañana nada era igual. La cafetera no tenía café, el cartón de leche se terminó a mitad de llenar la taza, la mermelada siguió el mismo camino y una mueca de contrariedad se le clavó en el rostro.

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