Staël de, Germaine

“Literatura escrita por mujeres” por Mariángeles Salas:

La búsqueda de la verdad es la ocupación más noble del hombre, su difusión es un deber.

Germaine de Staël

Anne-Louise Germaine Necker, conocida también como Madame de Staël, nació el 22 de abril de 1766 en París. Sus padres eran Jacques Necker, ministro de finanzas de Luis XVI y Suzanne Curchord, una dama de origen suizo que organizaba el salón más concurrido durante la época de la Ilustración. Fue Madame Necker quien no sólo se encargó de la educación de su hija, sino que la llevaba a su propio salón literario donde sus invitados se deleitaban con aquella niña que desde bien pequeña demostró unas dotes intelectuales excepcionales. En 1784 la familia Necker, tras la caída del ministro, se trasladó a vivir a su propiedad suiza, el castillo de Coppet aunque un año después pudieron regresar a Francia.

A tono con la época, sus progenitores acordaron su casamiento con el Barón de Staël-Holstein, embajador del rey Gustavo III de Suecia, y diecisiete años mayor que ella. El matrimonio se concretó el 17 de enero de 1786 y ella se transformó en la Baronesa de Staël Holstein, también conocida como Germaine de Staël o Madame de Staël.

Convertida en baronesa, Madame de Staël adquirió notoriedad como escritora con el libro Lettres sur les ouvrages et le caractère de Jean-Jacques Rousseau (1788), una mezcla de defensa rousseauniana del amor como principio rector en la vida y de constitucionalismo montesquieuiano, aunque antes ya había escrito varias obras literarias, todavía inéditas o que pasaron desapercibidas. Entre otras, el drama en verso Sophie, ou les sentiments secrets, impreso en 1786; una tragedia que no se publicaría hasta 1790, Jane Gray, inspirada en la obra homónima del dramaturgo inglés Nicholas Rowe; y las novelas cortas Pauline —imitación de la Clarissa de Samuel Richardson—, Mirza y Adélaïde et Théodore, que aparecerían en 1795.

Al estallar la revolución, se involucró en las luchas de la vida política en apoyo de las tesis girondinas, y su salón se convirtió en uno de los grandes centros de influencia política y literaria de París. Con la llegada del Terror (1793), la posición diplomática de su marido no bastó para garantizar su seguridad y su proximidad con los partidarios de la monarquía constitucional la llevó a huir Gran Bretaña y a retirarse la propiedad familiar en Coppet, cerca de Ginebra (1794), donde volvería a reunir a muchos emigrados e intelectuales influyentes. Su vida estaría marcada a partir de entonces por el exilio, los viajes por Europa y los regresos a París. Publicó de forma anónima el panfleto Réflexions sur le procès de la reine par une femme (1793),  una defensa de María Antonieta como mujer y un alegato contra la situación de las mujeres.

En 1792 nacía Albert y cinco años después Albertine. Fue entonces, en 1797, cuando Germaine se separó formalmente de su marido, quien podría no haber sido el padre de alguno de sus hijos, pues ya en aquella época, Madame de Staël hacía una vida independiente y mantuvo algún que otro romance.

En Lausana conoció a Benjamin Constant, con quien mantendría una intensa relación durante los siguientes catorce años y quien la animó a leer las obras de los escritores contemporáneos alemanes y, en especial, de los hermanos Schlegel. De vuelta en París, tras la caída de Robespierre, su salón se convirtió de nuevo en un centro de la vida intelectual, y publicó un volumen con varias novelas cortas, Recueil de morceaux détachés (1795), precedidas de un ensayo crítico  donde legitimaba la novela como género y postulaba que la imaginación era la fuerza motriz de la ficción literaria, ensayo que suscitó el interés de Goethe, quien lo tradujo al alemán y lo publicó en la revista Die Horen en 1796. A este volumen le siguió otro ensayo más extenso, De l’influence des passions sur le bonheur des individus et des nations, un examen de los efectos de las pasiones positivas y las destructivas sobre la identidad y la autonomía individuales, fuertemente influenciado por su diálogo con Constant.

En 1798, conoció a Napoleón, en quien vio en un principio al salvador de Francia; sin embargo, tras el golpe de Estado del 18 de brumario y la caída del Directorio, se distanció de él y no dejó de atacarlo. Al parecer, él la tildó de «ideóloga» —en alusión despectiva al grupo de filósofos reunidos en torno a Destutt de Tracy, quien había acuñado el término— y ella replicó tachándolo de «ideófobo». Con el agotamiento del ciclo revolucionario, sus ideas liberales y su cosmopolitismo resultaron cada vez más incómodos. Al futuro emperador, que aspiraba a una literatura servicial con el poder, le desagradó profundamente el tratado De la littérature considérée dans ses rapports avec les institutions sociales (1800),  una obra capital en el nacimiento de la moderna historia literaria. Tal fue el enfrentamiento entre estas dos fuertes personalidades, que Napoleón decretó en varias ocasiones su expulsión de París y de Francia.

En 1802  escribe la novela epistolar Delphine (1802),  la vida de una joven hermosa e inteligente que es víctima de una sociedad represiva, fue en parte una transposición de ideas expuestas en De la littérature. El éxito de Delphine la convertiría definitivamente en una escritora célebre y concitaría las iras de Napoleón por su denuncia de la falta de libertad de las mujeres para decidir sobre su propio destino y su reivindicación del divorcio —institución introducida en 1792, que el entonces cónsul vitalicio consideraba suprimir—, así como sus críticas al despotismo y su elogio del libre examen protestante y la tolerancia religiosa. En 1804 tuvo que partir a un nuevo exilio, narrado en su obra póstuma Dix ans d’exil (1818).

En Italia halló la inspiración para la segunda de sus novelas, Corinne ou l’Italie (1807), nueva vida de una mujer víctima de las restricciones sociales y, al mismo tiempo, guía introductoria del país transalpino.

En 1810 terminó el ensayo crítico De l’Allemagne, fruto de sus vastas lecturas y de los intercambios personales y epistolares derivados de sus viajes. El libro ofrecía una suerte de compendio de la historia, la sociedad y la cultura alemanas en cuatro partes —la nación y sus costumbres, la literatura y las artes, la filosofía y la ética, y la religión y el entusiasmo— y puede considerarse tanto un manifiesto a favor de los incipientes ideales románticos como un desafío a la hegemonía napoleónica. No sólo anticipaba el surgimiento de un estado-nación alemán, sino que esbozaba un mapa político-cultural de Europa contrario a cuánto practicaba o promovía Napoleón: expansionismo territorial, tiranía, retorno a la moral católica, gusto neoclásico. La reacción de éste fue fulminante. Su ministro de Policía, Sávary, intentó confiscar el manuscrito, ordenó destruir los 5.000 ejemplares que ya se habían impreso en París y prohibió el libro (y cualquier futura publicación de la autora) por «antifrancés». Acosada por la policía napoleónica, Madame de Staël huyó de Coppet en 1811 tras casarse en secreto con un joven oficial suizo, Albert de Rocca, y cruzó el Imperio austriaco y Rusia para refugiarse primero en Estocolmo y luego en Londres.

El libro terminaría por publicarse igualmente en esta ciudad en francés y en traducción inglesa, y tuvo una recepción entusiasta que se prolongaría a lo largo del siglo XIX. Goethe dejaría escrito que «fue el potente instrumento que abrió la primera brecha en la muralla china de antiguos prejuicios que se había erigido entre nosotros y Francia». Sólo en el país galo, se reeditaría 25 veces entre 1813 y 1883.

De l’esprit de traductions fue uno de los últimos escritos que Madame de Staël publicó en vida. Tres años antes, en 1813, había regresado a París tras la caída de Napoleón y no había tardado en decepcionarse del régimen implantado por la Restauración, al tiempo que participaba en la causa por la abolición de la esclavitud y prologaba la traducción francesa de un ensayo de William Wilbeforce. Asimismo, escribió una historia de la Revolución donde reivindicaba a moderados y girondinos en los años anteriores al Terror, Considérations sur les principaux événements de la Révolution française, que ya no vería impresa.

En 1817, Anne-Louise Germaine Necker, considerada una de las grandes propagandistas de la naciente causa de los derechos de las mujeres y una influyente figura en la transición de la Ilustración al primer Romanticismo, sufrió un derrame cerebral en el transcurso de un baile que la dejó inválida. Murió mientras dormía, el 14 de julio de ese año.

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