Sanchis Ferrándiz, Ramón – “¿Qué es el tiempo? (I)”

reloj-de-relojes-en-buenos-aires¿Qué es el tiempo? (I)

Hasta no hace mucho, el «tiempo» era la percepción del fluir de los hechos, el  modo en que discurrían los sucesos, uno tras otro, dándonos la sensación de que esos sucesos aún siendo instantes aislados, formaban cuentas de un collar, eran como eslabones de una cadena imperceptible.

Esta primera percepción era la de un «tiempo objetivo», pues todas las personas podían constatar que los días y las estaciones pasaban, y eran experiencias que podían poner en común y comentarlas. Pero a la vez había una componente de un «tiempo subjetivo», pues cada cual captaba de un modo psicológico el paso del tiempo. Para los enfermos, postrados en cama durante meses, el paso del tiempo era lento y tedioso, para los niños que jugaban en los prados era un tiempo dinámico, que pronto se esfumaba para dar paso a otras tareas y deberes, dejando un ansia de fugacidad.

Aunque el tiempo, ciertamente pasa, tiene la duración que marca la intensidad de las vivencias que tenemos. Para unos, la vida es corta pero intensa y gloriosa, para otros es baladí, vacía y pesada como una carga, y aún siendo cierto, pocos se atreverían a afirmar que podían haber prescindido de la mitad de sus días. Porque en el fondo el tiempo tiene mucho de actitud mental, es el modo en que afrontamos los acontecimientos, en que hacemos rendir la energía que la vida nos ofreció.

Visto así, el tiempo está hecho de una sustancia especial. Es una mezcla de la ilusión y fuerza con que revivimos el pasado, que lejos de esfumarse en el olvido define y golpea el momento presente y nos  proyecta hacia el futuro con mayor o menor consistencia. El tiempo está hecho de vivencias: de coraje o de miedos, de pasividad o de acción, de nobleza y dignidad y a veces de cobardes renuncias, de sinceridad y apertura o de cerrazón y aislamiento. Los seres tejen con su vida su propia percepción del tiempo, del que será entonces «su tiempo».

Pero éste, aún siendo el aspecto principal para un ser humano no es el que le suele importar. Nos suele importar más el tiempo objetivo, concreto, el que podemos medir, del mismo modo que la lluvia se percibe más claramente que la humedad, pero no es más que su objetivación, su modo de concretarse. Al fin y al cabo hay lluvia porque hay  humedad, aunque sea la humedad más sutil e imperceptible que la lluvia.

reloj-dali03

Históricamente siempre se tuvo una concepción más objetiva del tiempo, más concreta, en donde, aunque no pudiera apresarse «el verdadero Tiempo», en cambio, se comenzó a medir con relojes «el paso del tiempo». Al igual que la huella fósil dejada en la roca por un pie no lo define completamente, pero nos da una cierta réplica de cómo era, la capacidad de medir el paso del tiempo fue sustituyendo a la comprensión del Tiempo como realidad.

El tiempo que medimos con los relojes es algo frío, sacado de contexto. Esta medida del «paso del tiempo» es fijo, estático, admite tan sólo pequeñas variaciones. El verdadero Tiempo, como energía vital que disfrutamos y ponemos en juego, está enhebrado con nuestra vida (la presente) y tal vez también con nuestra Vida (la evolución real de lo que somos a través de un gran número de vidas hasta llegar a lo que Es, aquello que podemos llegar a Ser).

El verdadero Tiempo, el cual aún no hemos aprendido de modo suficiente a percibir ni a comprender, es en cambio un tiempo plástico (se deforma y se estira a voluntad sin tener por qué recuperar su estado inicial), no tiene una forma ni duración concreta, sino que adopta las formas y duraciones que nosotros modelamos en él. En este sentido somos como alfareros que construyen día a día sus propios designios, y que a la larga, burla burlando, van tejiendo su propio destino. Labrarse el propio camino tampoco implica la no existencia de la divinidad, de la cual emanaron las perfectas leyes que rigen el universo, sino que se nos permite jugar con dichas leyes a ser protagonista de nuestra vida.

Tal vez el Tiempo como realidad incomprensible sea tan cambiante como un río. Hablamos del río, mas las aguas que vimos ayer ya pasaron, ya no conforman el río actual, y sin embargo para nosotros existe en nuestra conciencia, es un concepto real. A pesar de que todo fluye -como dirían los presocráticos y las concepciones egipcias- sentimos que el río tiene entidad, que aún no siendo nunca igual, aún siendo inasible, a la vez existe. Como el viejo dilema que expresara Parménides entre el Ser y el existir, las apariencias delatan la esencia de los seres, pero esa esencia es al mismo tiempo difícil de atrapar por nuestra mente… Porque en realidad, nuestra mente no deja de ser una herramienta poderosa y por momentos elevada, pero al fin y al cabo, material y concreta. Acaso cuando nuestra mente se torne más sutil podamos levantar el velo que encubre el misterio del Tiempo.

Facebooktwittergoogle_pluspinterestmailFacebooktwittergoogle_pluspinterestmail