Reír al viento – Sandra Barneda

Reseña realizada por la autora Begoña Curiel:

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Un fenómeno superventas que presenta un comienzo con posibilidades  y que engorda demasiado en páginas para las sorpresas, escasas, que después depara.

Alex rompe con su marido y pone tierra de por medio. A Bali. Mes y medio. El grueso de la novela de Sandra Barneda se centra en los  personajes que va encontrando en el camino, que van a marcar una nueva etapa en su vida. Y en ese camino, se encuentra incluso con una desaparición que hará necesario que contacte con la policía.

Llama la atención el hecho de que la madurez emocional de la protagonista sea inferior a la de una adolescente aunque sea escritora de libros de autoayuda. Sandra Barneda describe a una mujer adulta que se  desmelena en todos los sentidos y está claro que es necesario aplicar grandes remedios a los grandes males. Pero ¿son tan grandes sus males como pretende darnos a entender la autora? Hay algo que rechina en el ingrediente principal de la novela, que es Alex. Es como si hubiera estado en una jaula que no concuerda demasiado con el estilo de vida que el lector puede intuir de una mujer de esas características.

Sí entiendo el proceso personal de Alex que Barneda nos quiere describir, porque todos tenemos heridas emocionales que a veces enterramos sin darnos cuenta. Me gusta el mensaje: necesitamos escapar en ocasiones para vernos desde fuera, lejos de nuestro contexto diario, con caras distintas que nos traigan aire nuevo, aunque implique problemas diferentes. De ahí, a que parezca una “desgraciada” hay un trecho enorme.

El recorrido de Alex se hace largo, con excesos en el engorde de escenas  en las que relata vivencias puntuales. Sobra libro, para una profundidad que muchas veces no es tal, rodeándola de un misticismo que cansa y del que abusa en su constante intento (y no creo que sea necesario porque queda claro desde el principio) de hacernos comprender la crisis existencial que vive y sufre Alex.

Probablemente Bali ayuda mucho en el paisaje que dibuja. Me encantaría conocer esa isla. Es uno de los lujos que procura la lectura. Viajar. Aunque a veces implique una envidia (lo reconozco) un tanto insana por no poder sentir en vivo y en directo lo que están contando.

Pero en su favor, la novela tiene un estilo fresco, sencillo, ameno que inconscientemente asocio a las lecturas de verano.

Eso sí, hay algo que no entiendo ahora que he terminado Reír al viento. Cuando lo compré lo hice con muchas ganas, atraída por las llamadas “mediáticas” sobre este libro que a veces la definían como novela negra. Si se refieren al capítulo del surfero desaparecido con el que se relaciona Alex y que descubrimos casi al principio de la historia, a esta novela le queda bastante para tener ese color.

Pero de eso se trata, de colores, de gustos y opiniones ¿no? La mía sin duda, está influida -como me ha ocurrido desgraciadamente en muchas ocasiones- por todo lo que esperaba de esta novela y no se ha cumplido.

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