Plana, Inés – Entrevista

Nacida en Barbastro, Huesca. Licenciada en Ciencias de la Información por la universidad de Barcelona, aunque su carrera periodística la ha desarrollado en Madrid. Dirige el periódico “Vivir Bien”.

Arrasa con los lectores con su primera novela “Morir no es lo que más duele”. Prepara la segunda, donde recupera alguno de sus protagonistas.

Entrevista realizada por Begoña Curiel para ELD.

¿Cómo lleva este tsunami literario y personal? ¿Cuál de los dos le ha sobrepasado más?

Estoy felizmente abrumada, porque todo lo que ha ocurrido con mi primera novela ha sido del todo inesperado. Ni imaginaba que una editorial tan importante como Espasa me la pudiera publicar, siendo yo debutante y totalmente desconocida en el mundo literario, ni tampoco imaginaba que la acogida de crítica y lectores fuera tan buena. Yo acabé el manuscrito convencida de que ese texto albergaba lo mejor que yo podía dar de mí misma, pero todo lo demás era una incógnita. Ahora mismo, insisto, estoy feliz más que sobrepasada.

Su novela se traga. Absorbe. Para quien no escribe es difícil comprender la contradicción entre rapidez y reflexión: la rapidez con la que atrapa esta lectura y la reflexión sesuda que ha necesitado para escribirla con cinco años de trabajo. Como quien dedica horas para preparar un exquisito plato y el comensal se lo zampa en dos minutos. ¿Compensa? ¿Y si no hubiera sido su novela el bombazo que ha sido?

Para quien ama el oficio de escribir, todo compensa. Invertí mucho esfuerzo en narrar una trama compleja de manera sencilla y fluida, precisamente para que los lectores pudieran disfrutar de la historia sin que el lenguaje les frenara el placer de la lectura o les generara confusión. Si una historia que tardé cinco años en escribirla se lee en pocos días, para mí es también un disfrute. Yo disfruté mucho escribiendo “Morir no es lo que más duele” y si no hubiera sido un “bombazo”, como usted lo califica y yo se lo agradezco, pues curaría la decepción continuando escribiendo y buscando de nuevo la suerte.

Dice en sus entrevistas que es curranta de pico y pala, de tozudez aragonesa. Y aún así goza escribiendo…

No hay ninguna contradicción en ello, o yo no la veo. Escribir, narrar, para mí es un acto gozoso, divertido incluso. Ese trabajo “de pico y pala” forma parte del proceso de escritura. Hay que luchar contra muchos elementos, como la técnica, la estructura, el lenguaje o la elección de unos recursos u otros. Claro que es un proceso complicado, constantemente vas superando dificultades y desechando páginas que no han funcionado, por mucho trabajo que te hayan costado, pero ni en los peores momentos ha habido sufrimiento, o no lo he percibido así en mi caso. Siempre he disfrutado. La escritura no se sufre, se goza.

Este comienzo de vértigo, ¿condiciona el trabajo posterior? Porque ya está inmersa en una nueva novela. ¿Hay aspectos en los que ahora se detiene más o que le preocupan más con respecto a la etapa creativa de “Morir no es lo que más duele?

Cuando escribo, prácticamente desaparece el mundo a mi alrededor y sólo soy una escritora que intenta que una historia salga adelante. Sería un gran error abordar mi segunda novela pensando en todo lo bueno que me ha dado la primera, porque la presión sería inmensa y la vanidad es un trasto inútil que lo único que hace es molestarte en tu camino y hacerte tropezar y caer. Obviamente, en mi segunda novela voy a aprovechar el intenso aprendizaje que supuso para mí “Morir no es lo que más duele” e intentar mejorar como escritora, algo que para mí es obligatorio, por respeto a mí misma y a los lectores.

El mal, esa temática que da para tanto… De hecho, “Maldad” iba a ser el título de esta novela. ¿Ha descubierto más cosas sobre la maldad mientras iba escribiendo o ya tenía digamos, material suficiente?

Escribí esta novela intentando explorar la maldad para entenderla, pero este tipo de personalidades son incomprensibles, porque carecen absolutamente de empatía hacia el ser humano. Nos reducen a la categoría de “cosas” y nos infligen un daño intencionado sin conciencia alguna del bien y del mal. En “Morir no es lo que más duele” he hecho mi propia recreación sobre la maldad, su retrato desde mi punto de vista.

«Escribir sin humildad no es posible», «No me reconozco en algunas cosas que he escrito», «El escritor es pequeño ante un folio en blanco». Son frases suyas. El éxito cambia a mucha gente. Sobrados ejemplos tenemos en literatura (como en muchos terrenos). Y no siempre para bien. ¿Cuántas veces se llama al orden a sí misma para que esta ola no la eleve demasiado? ¿O no le ha ocurrido? ¿O sabe que no le ocurrirá? Por desgracia muchos autores van perdiendo la frescura de los inicios, sobre todo la cercanía con los lectores. Algo que hoy por hoy es un lujazo gracias las redes sociales para los que somos lectores voraces e idolatramos escritores.

¿Yo he dicho que no me reconozco en lo que he escrito? Me reconozco totalmente, no podía ser de otro modo. Quizá me refería con esa afirmación a que, si he tenido hallazgos en la novela, ha sido un proceso de escritura tan intenso y complejo que muchas veces no recordaba con detalle cómo había conseguido tal o cual acierto, porque han sido cinco largos años de duro trabajo, desechando muchas páginas, dándole muchas vueltas a todo hasta conseguir que mi mundo quedara reflejado en las páginas. Todo lo que me ha ocurrido con esta novela ha sido maravilloso y el cariño y respeto de los lectores que he recibido es un regalo ilusionante para cualquier escritor, pero el éxito no debería ser una venda en los ojos que ciegue ante la realidad, y mi realidad es que tengo que seguir luchando sin despegar los pies de la tierra, luchando por defender “Morir no es lo que más duele”, luchando también escribiendo mi segunda novela, con verdad y honestidad, y agradeciendo todos los días de mi vida la confianza de los lectores; no hay nada que me guste más que el contacto con ellos. Es un regalo, insisto, tenerlos cerca de mí.

Ha dado en el blanco con su primera novela. Con una firma de categoría como Espasa. Pero antes de que todo empezara se inclinaba usted por enviar el manuscrito a editoriales más pequeñas. ¿Cómo animaría a continuar a los inseguros en el arte de escribir, a los que no creen en sí mismos?

La inseguridad es inherente a los escritores y, en general, a quienes abordan un proceso de creación. Pero esa inseguridad se rebaja considerablemente, y hablo sólo desde mi experiencia, con el trabajo constante, sin miedo a tirar páginas a la papelera, porque esos folios desechados forman parte también del proceso de aprendizaje. Para escribir bien no es suficiente el deseo de hacerlo. Hay que leer mucho, leer literatura de calidad, leer a los clásicos, que por algo son. De este modo, se irá formando un criterio estético en el futuro escritor, unos baremos de calidad que le ayudarán mucho cuando decida emprender su aventura literaria.

Usted ha caído en buenas manos. También ha trabajado duro pero no todos los aspirantes a publicar consiguen que alguien les mire. Aunque sean buenos. En su opinión, ¿qué les falta o hace falta hoy en día en las editoriales?

Pues imagino que harían falta más editores para leer y cribar los originales que les llegan, que son muchos porque muchas son las personas que quieren escribir y que acarician el sueño de publicar. Las grandes editoriales, obviamente, disponen de más personal de edición para gestionar los manuscritos que les envían y eso dinamiza el proceso. Las más pequeñas, sin embargo, imagino que tendrán más dificultades para acometer esa selección previa. Hay que estar preparado siempre por si llega una de esas joyas literarias que toda editorial anhela.

Es periodista y sabe lo que es currar horas y horas. Tras este tremendo estreno como novelista, ¿qué espera para su futuro a medio y largo plazo?

Suelo pensar en el futuro a corto plazo, no me gusta ir más allá porque la vida es muy azarosa. De momento, mi futuro inmediato ya lo estoy impulsando en el presente, escribiendo mi segunda novela con idéntica ilusión que en la primera.

Su padre le enseñó a fabular. Creyó en usted desde siempre, como su madre, pintora. ¿Ellos son responsables de lo que usted está viviendo? Sin su apoyo, ¿cree que hubiera llegado donde está?

Pienso que quizá no, que quizá sin ellos me hubiera quedado a la mitad. Es muy importante que los padres apoyen a sus hijos cuando deciden dedicarse a la creación, ya sea literaria, musical, actoral o cualquier otra. En mi caso, me apoyaron siempre, creyeron en mis aptitudes y, lo más importante, me animaron siempre a luchar por mis sueños y me inculcaron la cultura del esfuerzo y del mérito. He llegado hasta aquí gracias a ellos, de eso no me cabe la más mínima duda.

La visión de un hombre ahorcado mientras usted viajaba el tren fue hace años el detonante de esta trama. También es cierto que siempre le gustaron las historias escabrosas. Pero dice que no pensó en géneros, en etiquetas, mientras construía “Morir no es lo que más duele”.

Es cierto, no pensé en géneros, mi único empeño fue escribir una novela, narrar una historia con la máxima calidad posible. Comienza con un crimen y eso ya la etiqueta como negra, que lo es, pero a mí lo que más me importaba era contar una historia con personajes de carne y hueso, enfrentados a sus dilemas, a sus incógnitas y al coste enorme que les va a suponer a muchos de ellos vivir de espaldas a la verdad, voluntaria o involuntariamente. Si morir no es lo que más duele, duele aún más vivir o convivir con la mentira.

Los personajes y sobre todo su psicología son pilares importantes de su novela sumados lógicamente a la atractiva trama con sorpresas continuas. ¿El peso de los factores -personajes y trama– fueron meditados o crecieron sin planificación? Además llevaba dos años tramando en su cabeza la historia antes de ponerse a escribir.

Tanto la trama como los personajes son fruto de mucha reflexión entre sesión y sesión de escritura. No podía escribir todos los días, pues debía atender mi trabajo, y en esos tiempos muertos para la novela medité muchísimo sobre las psicologías que quería crear y las posibilidades que me ofrecía la trama. Durante la escritura del borrador avancé utilizando el instinto y la intuición, una cosa me llevaba a otra y la novela en sí me abría diversos caminos que yo seguí. Más tarde, en el proceso de corrección y edición, fui ajustando todas las piezas y solventando los fallos que obviamente provoca una escritura en libertad, sin una planificación metódica previa.

Los lectores cero, los de nuestro entorno personal, son básicos. Su marido es uno de ellos. También es escritor. Un punto a su favor sin duda para que entienda los particulares mundos mentales de los autores. Pero hacen falta lectores profesionales, críticos literarios, opiniones cualificadas para saber qué es bueno. ¿Hasta qué punto es imprescindible? ¿Qué valor tienen las dos partes?

Sin duda, para el proceso de escritura fue decisivo el hecho de que mi marido también escriba, porque entendió perfectamente esos complicados estados mentales, esa vulnerabilidad que siempre acecha ante el folio en blanco y ese aislamiento que te exige la escritura, porque, al menos para mí, durante el proceso no hay fines de semana o periodos de vacaciones que no deban dedicarse a otra cosa que a escribir. Si en tu entorno familiar no se entienden esas elecciones, todo resultará más difícil e incluso conflictivo. Son imprescindibles también los lectores profesionales –en mi caso, su informe positivo en Espasa, encargado felizmente por la que hoy es mi editora, Belén Bermejo, me abrió las puertas de la editorial–, así como la crítica especializada, porque sus criterios influirán, qué duda cabe, en los lectores y en su decisión de comprar el libro.

Tresser y Adelaida –nada más que añadir para evitar spoilers– son dos de sus personajes fundamentales. El primero tendrá continuación. ¿Y la segunda?

Por supuesto que la va a tener. Al personaje de Adelaida le queda aún mucho recorrido y yo quiero explorar su evolución en mi segunda novela, cuál será su relación con Tresser y si han cambiado o no las circunstancias con las que la conocimos en la primera novela.

Adelaida es ejemplo de todo lo que debería ser una mujer, ha dicho usted en alguna ocasión. Segura de sí misma, soberbia, amante de su profesión. Ahora que está tan de moda definir con palabras nuevas cosas de toda la vida pienso en el término «empoderamiento». ¿Ella es un poco su heroína?

En cierto modo, sí. Quizá sea la mujer que todas quisiéramos ser, con independencia económica y sin el anhelo de unir su destino al de un hombre, porque para ella no es importante una vida en pareja, sino la libertad individual plena. Ella quiere ser un verso suelto en la poesía –si la hubiera– de la vida; otra cosa es que realmente lo consiga, porque los sentimientos se resisten a las normas, vienen sin ser llamados, y ya digo que tendremos que ver la evolución de su personaje en mi segunda novela.

Me gusta preguntarlo siempre. ¿Cree que se lee tan poco en nuestro país como dicen las estadísticas?

Es curioso, pero mi experiencia en las Ferias del Libro y clubes de lectura en los que he participado durante la promoción de mi novela, a lo largo de casi medio año, me ha dado la impresión contraria: he conocido a muchos lectores y lectoras, muchísimos, inmersos con pasión en el hábito de la lectura, adictos a los libros, tanto jóvenes como adultos. Pero también es verdad que las estadísticas son las que son y en España no se lee tanto como en Francia o los países escandinavos, por ejemplo. Yo creo que nuestras estadísticas mejorarían si se impulsara un programa estatal de fomento de la lectura desde edades tempranas, para que el hábito de leer prendiera en niños y niñas de tal forma que se quedara en ellos para siempre. No es un sueño. Si hay países donde se ha conseguido, ¿por qué no en el nuestro?

Si le gustan los clásicos de las buenas historias policiales y ahora que usted ha tomado ese mismo camino, ¿descarta otras temáticas para el futuro?

Me atraen mucho, desde siempre, las grandes novelas de aventuras y no me cierro a nada. A ver a dónde me lleva mi propia aventura, la literaria; espero que siempre a buenos puertos desde donde decidir a qué nuevos mares pongo el siguiente rumbo.

¿Qué le podría pasar con su segunda novela que fuera mejor todavía tras la publicación de “Morir no es lo que más duele”?

Es difícil que yo pueda recibir más de lo que ya me ha dado “Morir no es lo que más duele”, que es muchísimo, pero me gustaría, claro, que la segunda recibiera el inmenso apoyo de los lectores que ha tenido la primera.

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