Ofrenda a la tormenta – Dolores Redondo

Reseña realizada por la autora Begoña Curiel:

ofrenda-a-la-tormentaLeí “Milenium” y nunca pensé que una nueva trilogía me atraparía. Ha ocurrido. Dolores Redondo lo ha conseguido. Me siento triste porque las investigaciones de la inspectora Amaia Salazar han terminado, pero me rindo ante la tercera entrega del sorprendente caso que nos trae “Ofrenda a la tormenta”.

Bravo por esta escritora que desde “El guardián invisible”, pasando por “Legado en los huesos” hasta llegar hasta esta última me ha hecho disfrutar de la lectura como nunca hubiera imaginado.

En esta ocasión el ambiente intrigante y a ratos terrorífico lo ha conseguido con este capítulo de bebés fallecidos por “la muerte de cuna”. No quiero entrar -para evitar dar pistas a quien esté igual de subyugado que yo con Dolores Redondo- en la trama que despliega. Sólo enumerar la interminable lista de aciertos que consigue la escritora con un género que no siempre me ha apasionado: la novela negra.

Encaja las piezas de todo de manera magistral. Y no sólo era complicado unir las que se refieren a esta investigación, sino encadenarlas con los sucesos que se relatan en las anteriores dos novelas. Impresionante.

Ya me ha había enamorado del valle del Baztán pero ahora  -aunque ya conozco algún reducto del bosque navarro- ha conseguido que vea su color verde, que oiga el ruido del agua del río, que me moje con la lluvia opresiva que sabe dibujar como nadie, por no hablar del sonido de la tormenta que va incluido en su título. Definitivamente, el paisaje es ingrediente, pilar y personaje de “Ofrenda a la tormenta”. Ha conseguido que la naturaleza se confabule con las personas como si pudiera operar cual ente autónomo y complementario de gran parte de sus movimientos y sensaciones.

Para ello ha integrado, dentro de la masa que cocina Dolores Redondo, la fuerza de la mitología, de las leyendas que a veces no sabemos distinguir de la realidad, del misterio que va más allá de las cosas, personas, situaciones y hechos concretos. Me encantan sus fantasmas, esas fuerzas que no se ven y sobrepasan el estado nervioso de sus personajes y de paso, el del incauto lector.

Los personajes, además de la absoluta Amaia -que a ratos ha logrado agotarme con su hiperactividad-, son realmente magníficos. He sufrido enormemente con Jonan Etxaide, he temblado con Markina -reconozco que en algunos capítulos he deseado conocerle profundamente-, me he aterrorizado con la ausencia-presencia de Rosario (¡se me ha hecho eterna la incertidumbre!), he odiado con Flora, he empatizado con Engrasi (qué personaje tan entrañable, yo también quiero una tía así), he desesperado por James, casi he llorado de pena con Yolanda Berrueta… Y así sucesivamente. Todos han despertado en mí la emoción que seguramente Dolores Redondo ha ido sintiendo según los iba haciendo más grandes a cada golpe de novela. De verdad, qué capacidad para hacerlos visibles, caminando, resoplando, llorando, jadeando a mi lado mientras leía.

Y dentro de todos esos personajes, como siempre, desde “El guardián invisible”, Redondo se ha encargado de hacer aún más grandes a las mujeres. A las que saben lo que tienen que hacer, como símbolo del matriarcado que ha imperado en esos pequeños pueblos y parajes de la sociedad vasca y navarra.

Pese a la ansiedad que genera la lectura, Dolores Redondo no abusa de lo barroco, de lo retorcido. Su lenguaje es sencillo, el ritmo ágil, salvo algunos tramos en los que la recopilación de datos es necesaria para entender la trama y comprender la evolución de la investigación policial.

Encontrarle fallos -salvo que se reniegue de la novela negra sin matices- serían ganas de buscárselos, aunque por supuesto, las opiniones son todas válidas, si se consigue como esta escritora, hacer vibrar con historias escritas.

Después de “Ofrenda a la tormenta” tengo dos problemas: ¿cuándo conseguiré ver a Dolores Redondo para que me firme la trilogía? Y lo peor: cuando se ha leído algo tan bueno, qué difícil es acertar con el siguiente libro, preguntándose si habrá muchos más así de buenos y redondos como el apellido de Dolores. Lo tuyo, sí es una Ofrenda a los lectores. GRACIAS.

También podéis leer las reseñas realizadas por Begoña Curiel a las dos novelas que completan la trilogía.

El guardián invisible

Legado en los huesos